André Chénier o también la poesía sufrió la guillotina

Durante la Revolución Francesa, nadie estaba seguro en el país. Cualquier delación podía suponer la guillotina, en la que terminaría hasta el mismísimo Robespierre. En ella acabó también el poeta André Chénier por sus ataques al 'incorruptible', un hecho convertido en ópera por Umberto Giordano y novelado por Dickens en 'Historia de dos ciudades'.

En tiempos de la Revolución y, especialmente, durante el llamado periodo del 'Terror' (entre el otoño de 1793 y la primavera de 1794), nadie estaba seguro en Francia. La inquina política o, simplemente, personal podía conducir a  cualquiera a las mazmorras y, desde allí, directamente a la guillotina.

El llamado Comité de Salvación Pública, regido en la sombra por Robespierre, Saint-Just y Danton se encargaba de la tarea. Y, con tal ahínco la desempeñaron que ni siquiera la literatura se libró del cadalso.

Foto de una guillotina

La temida guillotina

Una de sus más relevantes víctimas en el ámbito de las letras fue el poeta André Chénier, cuya peripecia ha sido recreada por Charles Dickens en 'Historia de dos ciudades' y en la ópera de Umberto Giordano titulada, precisamente, 'Andrea Chénier'.

Nacido en Gálata (actualmente, Estambul), donde su padre era diplomático de Francia, el treinta de octubre de 1762, Chénier es considerado un precursor del Romanticismo por su lírica sensual y cargada de sentimiento.

Tras regresar a Francia, su familia se codeó con las grandes figuras de la intelectualidad de la época. Por sus salones pasaron el químico Lavoisier o el pintor Jean-Louis David y el joven Chénier recibió una esmerada educación.

Todo ello despertó su vocación literaria y, aunque sus padres se esforzaron porque ocupase su tiempo con alguna labor productiva, todo fue inútil. No obstante, en 1787, aceptó el ofrecimiento del embajador galo en Londres para acompañarlo en calidad de secretario.

Esa estancia en Gran Bretaña sería su sentencia de muerte. Allí le cogió el gusto a la política y, al regresar a Francia, publicó varios libelos y fundó el 'Diario de París', desde el que defendió a Luis XVI y atacó duramente a Robespierre y sus acólitos.

Aunque cuando se desencadenó el 'Terror' huyó de la capital por un tiempo, regresó para visitar a su familia y fue detenido.

Curiosamente, en la cárcel de Saint-Lazare continuó dedicándose a lo que más le gustaba: la literatura. Discutía de poesía con su compañero Roucher e incluso se enamoró de una prisionera a la que dedicaría uno de sus más conocidos poemas, 'La joven cautiva'.

Y es que, en tan incómoda situación, escribió el grueso de su obra, que era sacada entre la ropa sucia por uno de sus vigilantes y así pudo llegar a su familia. Ésta hizo todo cuanto pudo para salvarlo pero había atacado en exceso a Robespierre. Fue ejecutado por orden expresa de éste el veinticinco de julio de 1794.

En una suerte de justicia poética, tres días más tarde, Robespierre era depuesto, encarcelado y guillotinado igualmente.

Fuente: Carreras.

Foto: Adam Jones, Ph. D.