Pedro Muñoz Seca, creador del “astracán”

Los años finales del siglo XIX y principios del XX contemplaron en nuestro país un éxito sin precedentes del teatro cómico. En este contexto, proliferaron los autores y uno de los más prolíficos y cualificados fue Pedro Muñoz Seca, quién incluso creó un subgénero dentro de ese teatro para hacer reir : el "Astracán". Era éste una parodia de los altisonantes dramas neorrománticos que abundaban en el teatro serio y, a veces, llegaba a extremos disparatados. No se puede decir que forme parte de lo más granado de la Historia de la Literatura, pero aún hoy nos hace reir.

Los años finales del siglo XIX y primeros del XX presentan, en el panorama teatral español, un especial éxito de la comedia ligera, entendida como tal aquélla obra cuyo objeto es entretener y hacer reir al espectador, sin mayores pretensiones estéticas; aunque estas creaciones, a veces, no sean despreciables en cuanto a calidad dramática. Es el caso de las estrenadas por Carlos Arniches o los hermanos Álvarez Quintero, por poner dos ejemplos significativos.

En este contexto, se produjo una  proliferación de autores muy importante, que entregaban obras, escritas en solitario o en colaboración, con una rapidez pasmosa. Uno de los más destacables fue Pedro Muñoz Seca ( Puerto de Santa María, Cádiz, 1.879 – Paracuellos del Jarama, Madrid, 1936 ), quién, además de ser uno de los más constantes proveedores de comedias a la escena, creó un género dramático nuevo, al que se denominó “astracán”.

Muñoz Seca, abogado y profesor, se consagró principalmente al teatro, para el que creó, unas veces en colaboración con otros autores, y otras en solitario, más de trescientas comedias. Una idea de su sentido del humor nos la puede dar el hecho de que cambió su fecha de nacimiento – 1.879 – por la de 1.881 ; la explicación nos la da él mismo : “Confieso, un poco encendidas las mejillas, que me quitaba años. Di en pensar que 1.881 era un capicúa lindísimo y digno de que hubiera nacido en él un tío de mi buena suerte, y, sin más trámites, decidí, propale e hice constar en todas mis biografías, que había venido al mundo el 20 de febrero de 1.881, a las diez y cuarto de la noche, hora corriente de comenzar los espectáculos”.



En otra ocasión, preguntado por sus escritores favoritos, respondió :

• “Don Miguel de Unam – uno.
• Don Benito Pérez Gal – dos.
• Miguel de Cer – van – tres.
Luca de Tena, don Tor – cuatro.
Benavente, don Ja – cinco”.

Igualmente, antes de ser fusilado, humorista hasta el fin, dijo a sus verdugos : “ Me lo habeis quitado todo, la familia, la libertad, me vais a quitar la vida, pero hay algo que no podréis arrebatarme jamás : el miedo”.

Con el “astracán”, a mi juicio, la crítica ha sido demasiado dura, pues no tiene mayor objetivo que el de entretener y hacer reir al público, sin pretensiones de obra de calidad. Peor eran todos aquéllos neorrománticos que, a más de escribir ripios, presumían de autores serios.

El género nace precisamente como parodia de los dramas en verso que imitaban a Zorrilla y otros autores románticos y toma muchos elementos del sainete -  falsilla sentimental, situaciones descabelladas, tipificación regionalista del habla para provocar la risa, etc -, el cual también estaba de moda en aquellos años. Por tanto, resulta ser – en tanto que el sainete ya era una parodia – caricatura de una caricatura, con la consiguiente radicalización de estos rasgos cómicos.

Todo ello, unido a la excepcional facilidad para versificar, sin detenerse en ripios, de Muñoz Seca, le proporcionó un éxito popular enorme.

Partiendo de un equívoco, se desarrolla una trama que se va enredando mediante trucos y coincidencias, sin importar la verosimilitud, hasta que, al final, todo queda resuelto. La comicidad, además de con los elementos ya citados, se logra mediante rimas fáciles y a veces alusivas a situaciones actuales, aunque la acción se desarrolle en época medieval ; juegos de palabras con los nombres de los personajes ; retruécanos abundantísimos ; situaciones hilarantes ; etc. Lo importante es hacer reir. Para muestra, que mejor que reproducir un pasaje de la “Jornada 4ª” de la obra más conocida de nuestro autor, “La venganza de Don Mendo”, que se desarrolla en época medieval : tras mil enredos, varios personajes se encuentran en una cueva, pero, en principio, sólo coinciden Mendo y Berenguela, reina de Leon, entre los que se entabla este diálogo :

• Berenguela.- (Cayendo a sus piés y tomándole de una mano) : ¡Doncel, que eres ya mi vida / mira a tus plantas rendida / a la Reina de León!
• Mendo.- (¿Malhaya sea la hora….!) : Alzad del suelo, señora.
• Berenguela.- Ante tan grande hermosura / ésta ha de ser la postura /que yo adopte desde ahora.
• Mendo.- (Estaba por darla un lapo….) : Todas por mí como un trapo, / y con igual pretensión…./ ¡ay, infeliz del varón / que nace cual yo tan guapo! / alzad, porque el suelo os mancha. (La levanta).( Debemos mencionar que el actor solía ser muy feo).
• Pero.- (Entrando con don Nuño sigilosamente) : ¡Dejadme!
• Nuño.- ¡No!
• Pero.- ¡Es mi revancha!
• Nuño.- ¡A mí toca!
• Pero.- ¡Toca a mí!
• Nuño.- ¡Quieto, que es la Reina!
• Pero.- ¡Sí! / la Reina, ¡Cielos, Qué plancha!

La escena continúa desarrollándose entre Mendo y Berenguela, hasta que una marquesa, camarera de la Reina, entra en escena……..

• Marquesa.- (Muy asustada) : ¡Señora, acabo de oir / por aquesta galería / la voz del Rey, que decía / algo de vos! ¡Hay que huir enseguida, Majestad!
• Berenguela.- ¡El Rey! ¡Qué contrariedad!
• Marquesa.- Venid, por Dios.
• Berenguela.- (A don Mendo) Ya sabeis en dónde estoy.
• Mendo.- Iré a buscaros.
• Marquesa.- ¡Pasad! ( Se va por la izquierda doña Berenguela. La marquesa, mirando rendidamente a don Mendo, dice más catalanamente que nunca) ¡ Qué precios, Mare de Deu! / no vi doncel más hermós / ni en Sitges ni en Palamós / ni en San Feliú…… ni en Manlleu. (Vase, ante la indiferencia de Mendo).

Como podemos apreciar, se utiliza el recurso antes citado de tipificar el habla de los personajes según su región, ya sea ésta Galicia, Andalucía, Asturias o, como en este caso, Cataluña, para provocar la comicidad. También podemos ver que el ritmo de los diálogos es vertiginoso y siempre buscando la risa del público. Si a todo ello le añadimos algunos recursos de tramoya descabellados, como en “El verdugo de Sevilla”, donde 30 perros ladran entre bambalinas a la vez, tendremos el resultado : obras disparatadas que parodian hasta el extremo el drama neorromántico, y cuya sana intención es hacer pasar un buen rato sin ofender a nadie.

Muñoz Seca no estaba exento de talento dramático. Así lo señala Torrente Ballester : “Es una pena, porque un destello de genialidad, sólo un destello, le hubiera convertido en el intérprete moderno de una de las vetas más antiguas y constantes del alma española : aquella de la risa cruel….. Ese talento teatral nos parece, sin embargo, muy esporádico y limitado sólo a escenas sueltas, pero no predicable de una sola pieza entera, ni siquiera de las más renombradas de nuestro autor…..”. Lo que ocurre es que, en muchas ocasiones, el dramaturgo tiene que optar entre dos vías : la de la calidad y la del éxito, y pocos se resisten a la segunda. Muñoz Seca no iba a ser una excepción.

Citemos, finalmente, algunos otros “astracanes” del autor : “Los extremeños se tocan”, “Anacleto se divorcia”, “La voz de su amo”, “La oca”, etc.