En el aniversario de la muerte de Samuel Beckett

Máximo exponente del Teatro del absurdo y Premio Nobel de Literatura en 1969, el escritor británico murió el 22 de diciembre de 1989.

murphy
La historiografía literaria bautizó como "Teatro del absurdo" a una corriente dramática que hunde sus raíces en las piezas escritas a fines del siglo XIX por el francés Alfred Jarry pero cuyos máximos exponentes escribieron a mediados del XX. Hondamente existencialista, presenta un mundo carente de sentido y lógica -en definitiva, absurdo- al que ridiculiza a través del humor y en el cual los personajes pierden toda individualidad para convertirse en meros títeres manipulados por el autor a su antojo.

Dos grandes figuras resaltan en este tipo de teatro que, por otra parte, cuenta con el ilustre precedente del español Miguel Mihura. Una es el galo de origen rumano Eugene Ionesco y la otra, quizá más destacada aún, el británico Samuel Beckett, de cuya muerte se cumplieron hace pocos días 25 años.

Premio Nobel de Literatura en 1969, hay un hito fundamental en la formación literaria de Samuel Beckett (Dublín, 1906-1989): su relación con el también irlandés James Joyce, de quien fue amigo y asistente personal. Ambos compartían el interés y el gusto por la experimentación con la Literatura. De hecho, la influencia del autor de 'Ulises' es muy apreciable en las primeras obras de Beckett. Así se aprecia, por ejemplo, en el volumen de relatos 'Más aguijones que patadas' y en la novela 'Murphy', en la cual indaga sobre la locura y tiene un papel interesante el ajedrez, una de las pasiones del escritor.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Beckett empezó a escribir en francés dando inicio a su más fructífero periodo creativo. Entonces aparecen sus obras mayores. La principal es 'Esperando a Godot', una de las máximas muestras del Teatro del absurdo en la que dos vagabundos, Vladimir y Estragón, aguardan inútilmente por el personaje que da título a la pieza y del cual el espectador nunca llega a saber nada. Su argumento es repetitivo, sin ningún suceso relevante y simboliza la insignificancia de la vida humana.

También en esta época publicó 'Final de partida', que resulta no menos absurda. Presenta a dos personajes -Hamm, que no puede ponerse de pié y Clov, que no puede sentarse- interdependientes pero con una difícil relación. Así mismo estrenó 'La última cinta' y 'Los días felices'. Ésta última resulta especialmente singular: su protagonista es Winnie, una mujer enterrada casi hasta el cuello en una elevación del terreno que habla constantemente mientras su esposo se limita a gruñir de vez en cuando. Al tiempo, siguió Beckett cultivando la narrativa. Entre las novelas de este periodo cabe citar 'Molloy', 'Malone muere' y 'El innombrable', todas ellas igualmente de carácter experimental.

Finalmente, los trabajos de su última etapa creativa evidencian una clara tendencia al minimalismo, del cual es una magnífica muestra el drama 'Aliento', que dura únicamente 35 segundos, y también la inclasificable 'Sin', una especie de texto fragmentado de muy difícil interpretación. En suma, Samuel Beckett ha pasado a la Historia de la Literatura del siglo XX como uno de los autores más audaces y experimentales pero, sobre todo, como uno de los grandes renovadores de la dramaturgia contemporánea.

Vía: Web dedicada al escritor.