El intolerable fascismo de Israel

Las actuaciones con las que el Estado de Israel castiga periódicamente a las conciencias occidentales sugieren la evidencia del ejercicio continuado de una soberbia violencia que siempre, y en todos los casos, queda impune, merced al incuestionable amparo de Estados Unidos y al cinismo subordinado de Europa.

Las condenas por muy enérgicas que se quieran manifestar no dejan de ser inocentes -o quizá no tan inocentes-, expresiones de dúctil sumisión al poder de la ferocidad fascista que tan orgullosamente exhibe el autodenominado pueblo perseguido pero que se ha convertido en perseguidor y en brutal represor al que el asesinato de gentes inocentes, sean niños, mujeres o ancianos le parece un loable ejercicio de libertad y de justificada protección de sus intereses, territorios y capitales.

Lo acaecido en el ataque a los barcos de la ayuda humanitaria trasciende cualquier concepto de protección o de  obligado rechazo a un ataque de las oscuras fuerzas del mal que personifican los terroristas de Hamás o de Al Qaeda. La brutalidad del acto en aguas internacionales -tan premeditado como cobarde- denota la aludida impudicia y la recalcitrante soberbia de los israelíes y su desprecio, no solo hacia las vidas humanas, sino hacia las leyes internacionales de la navegación por las que se rigen los estados más o menos civilizados.

Quienes se han atrevido a efectuar análisis políticos de urgencia poco después de la execrable demostración del impúdico poder de Israel, auguran la soledad política para el estado sionista dada la desproporcionada magnitud del incalificable hecho. Sin embargo, quienes sin tanta capacidad de análisis se atreven a predecir el más inmediato futuro al respecto, optamos por manifestar sin ambages que, una vez más, nada absolutamente ocurrirá. Las condenas verbales no devolverán la vida a los asesinados ni frenarán este otro tipo de terrorismo del que con tanta frecuencia hace ostentación Israel. El terrorismo de Estado.