De las “jóvenas” a la “LGTBI+fobia”

Irene Montero y Jone Belarra

EFELa portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, y su compañera de partido, Ione Belarra

La actualización del castellano en clave progresista comenzó en España, como debe ser. Se supone que a nosotros, los españoles, nos corresponde la honrosa tarea de la que se beneficiarán, quieran o no, los quinientos millones que hablan nuestra lengua fuera de España.

La cosa empezó, salvo error u omisión, con las “jóvenas” de Carmen Romero, profesora de lengua y literatura española, y esposa del entonces presidente del Gobierno Felipe González. Bibiana Aído, Ministra de Igualdad, dio el siguiente paso: “miembros y miembras”. Alguien ha interpretado desde la Real Academia Española que los brazos deben ser los miembros, mientras que las piernas serían miembras. Susana Díaz, en sus tiempos de presidenta de la Junta de Andalucía se atrevió con frases más largas, como “los mejores y mejoras candidatos y candidatas”. Curioso fue el comienzo de un discurso del presidente vasco Íñigo Urkullu con un “nosotros y nosotras”. Enrique Abad, siendo senador, acuñó la palabra “soldada”, no como paga del soldado, sino como soldado en femenino. En el horizonte se divisan las cabas, las sargentas y las tenientas coronelas. ¿Y qué haríamos con los brigadas varones?

Eduardo Madina quizá sólo se armara un lío al hablar de “secretarias de área y secretarios de ários”, o tal vez le traicionó el subconsciente. Pedro Sánchez propuso mejorar el futuro “preveyéndolo”, mientras que otro distinguido político utilizó en TV, el 23 de febrero de 2021, la palabra “proponido“. Podríamos seguir con otros ejemplos, pero lo dejaremos porque tal vez sólo sean esos borrones que se le escapan al mejor escribano.

Volviendo al florilegio que realmente nos interesa, Irene Montero, titular (o titulara) del Ministerio de Igualdad, o de desigualdad a favor de la mujer por su discriminación histórica y los pecados machistas (o machistos) desde Adán y Eva hasta hoy mismo, aún tiene tiempo para modernizar el español o castellano, pese a que ni siquiera parece haber encontrado muchos seguidores entre los compañeros de gobierno. La perspicacia de la ministra se resume muy bien en esa novedosa trilogía de “los niños, las niñas y los niñes”. Un trinomio de difícil acoplamiento en nuestro idioma y en la vida. Si los niños y niñas son los hombres y mujeres de poca edad, ¿quiénes serán los niñes?

En otra ocasión se oyó esta bonita arenga: “Levantad la voz a quienes os ha costado tanto ser escuchadas, escuchados, escuchades”. Toda una perla en la revolución lingüística.

De Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, es lo de “autoridades y autoridadas”, así en 2021 durante un congreso de Comisiones Obreras. Más recientemente, el 1 de agosto de este año 2022, lamentó ante el presidente de Iberdrola la suerte de “los más débiles y las más débilas”.

Lo peor es, sin embargo, que algo de aquel galimatías ha entrado ya en el BOE. No hay ministros, sino personas titulares del ministerio; ni secretarios, sino personas titulares de la secretaría (o del organismo que sea). También tenemos la definición abierta del colectivo LGTBI+, con un signo + para que puedan incorporarse otros grupos sin necesidad de muchos trámites. Y hay una nueva palabra, “LGTBI+fobia”, que espera su entrada triunfal en el Diccionario de la Real Academia Española. Parece que la próxima mayúscula será la Q (LGTBIQ) aunque todavía no se sepa exactamente lo que significa, excepto que procede del inglés. Demos tiempo al tiempo.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.