Un reservado en la Torre Eiffel

| El gabinete privado de Gustave Eiffel en la icónica torre homónima, en París. / Serge Melki

El café À la bonne bière ha reabierto sus puertas. Eagles of Death Metal regresaron a París para subirse –de nuevo– a un escenario, invitados por los irlandeses U2. Y así, la capital francesa, golpeada por el terrorismo yihadista hace poco más de un mes, retomó su ritmo habitual que incluye, entre otras cosas, ser una de las tres ciudades más visitadas del mundo. Los cafés románticos, el Louvre, pasear junto al Sena, el barrio Latino y, cómo no, su torre Eiffel. Icono parisiense de diseño industrial construido para la Exposición Universal de 1889, es una de las maravillas del mundo moderno –quedó fuera, por poco, de las siete elegidas– y habitual en los ranking de monumentos más visitados. A estas alturas, pocos desconocen que tiene 1.665 escalones, aunque solo 704 sean transitables para los turistas.

Quien los suba, además del ejercicio, ganará la segunda planta de la torre que Gustave Eifiell construyó a partir del diseño de Maurice Koechlin y Émile Nouguier. A 115 metros del suelo, podrá contemplar cómo París se expande a su alrededor; comer en el restaurante Julio Verne, comprar algún souvernir o coger el ascensor acristalado que sube hasta la cima (17 euros adultos, 14,50 jóvenes y 10 los niños).

Ahí arriba, a 275 metros del suelo, aguarda una de las sorpresas de la torre: el pequeño gabinete que Eiffel se reservó en lo alto de su obra; probablemente, el apartamento más codiciado de París. Situado bajo la antena, pequeño, confortable y coqueto –suaves tapizados, cálido interior de mobiliario de madera, incluso un gran piano–, la habitación secreta del célebre ingeniero nunca fue compartida o alquilada. Ofertas tuvo, dicen las crónicas, pues fue una de las estancias más deseadas entre la élite parisiense de finales del siglo XIX.

Un rincón en lo alto de la torre que mucha gente desconoce aún, quizá porque permaneció oculto a los visitantes durante años. Actualmente, quienes suben hasta la cima de la Torre Eiffel pueden asomarse al cristal y contemplar la alcoba del ingeniero francés, que conserva todavía el pequeño laboratorio aledaño y muchos de los muebles y objetos originales.

Un espacio que Eiffel prefirió reservar para, entre otras cosas, recibir a sus colegas y amigos, como Thomas Alva Edison. Precisamente, los maniquíes de cera que observan los turistas en el interior del apartamento recrean la visita del famoso inventor estadounidense. El fonógrafo original que esté regaló a su anfitrión así lo atestigua.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *