Después de embarrar el mensaje socialdemócrata del 40 Congreso

La irrupción de Otegi con ETA complica el pacto de Sánchez con Bildu, ERC y PNV para los PGE de 2022

La nueva tensión política sobre ETA no frena los acuerdos de PSOE y PP para la renovación de órganos constitucionales empezando por el Defensor de Pueblo

La política española es un tobogán infernal y despiadado donde los ídolos de barro caen con facilidad -el miércoles vimos el funeral de Iván Redondo- y donde las mentiras y las más burdas artimañas andan a zancadas por el teatro de la política donde el presidente Pedro Sánchez anda desconcertado.

Y ello por culpa de la impaciencia de Otegi por llegar a un acuerdo sobre los PGE de 2022, con su muy impostada declaración sobre el dolor de las víctimas de ETA, a cambio de la salida de la cárcel de los presos etarras.

Borrando de un plumazo el pretendido regreso de Pedro Sánchez a la moderación y la socialdemocracia para demostrar que él sigue estando en la izquierda radical del pacto Frankenstein.

Lo de Otegi ha sido un error político del líder de Bildu que además deja en una mala posición de ‘rendición sin paliativos’ a los presos etarras y en clara evidencia a Pedro Sánchez e Íñigo Urkullu por los planes que se anuncian de concesiones en cadena de ‘tercer grado’ a los etarras presos.

Lo que tras el actual escándalo público de Otegi, quien seguramente pactó con el PSOE su declaración sobre las víctimas antes de hacerla pública, complica la obsesiva negociación de Sánchez con Bildu, PNV -que se ve excluido de este proceso-, y ERC, que subirá el precio de su aprobación de los PGE de 2022.

Unos PGE de 2022 que son la obsesión de Sánchez para garantizar así la estabilidad a su Gobierno y su permanencia en el poder hasta las elecciones generales de final de 2023. Y con razón, porque si no hay PGE de 2022, en ese caso iríamos a unas elecciones anticipadas en un momento en el que todas las encuestas anuncian que las ganarían Pablo Casado y el PP.

Pese al espectáculo de Otegi, el PP no ha frenado su intención de buscar un acuerdo para la renovación de las instituciones, empezando por la elección de Ángel Gabilondo como nuevo Defensor del Pueblo. A la espera de la reacción de Santiago Abascal desde Vox y Arrimadas desde Cs, Génova defiende que no es incompatible acordar la renovación institucional con criticar la normalización de la izquierda abertzale por parte del Gobierno y exigir a Sánchez que rompa con EH Bildu.

Sin duda un cúmulo de errores en cadena -Otegi no debió de hablar hasta al menos 15 días después del 40 Congreso del PSOE- que demuestran que el nuevo ‘Estado Mayor’ de La Moncloa no funciona y su primer responsable, el ministro de Presidencia Bolaños, está confundido y desbordado.