Sánchez no quiere a Puigdemont en España porque rompería su alianza con ERC y su Gobierno con UP

Los errores de la Justicia española y del Gobierno y la ausencia de un compromiso legal en la UE permitieron escapar a Puigdemont de Italia

No le falta razón al golfo y golpista dé Puigdemont cuando dice que ‘España ha vuelto a hacer el ridículo’, aunque este delincuente todavía debe volver a Cerdeña -si es que se presenta- donde falta por conocer la última decisión del juez italiano sobre la extradición de Puigdemont a España.

Naturalmente siempre y cuando el presidente Pedro Sánchez, que prometió traer a España a Puigdemont, actúe con determinación. Lo que no parece que vaya a ocurrir porque a Sánchez no le interesa que Puigdemont sea extraditado a España, su inmediata entrada en prisión, juicio y su condena por muchos años de cárcel (pue que 13 como Junqueras) porque rompería el pacto de apoyos mutuos que Pedro Sánchez tiene con Pere Aragonés.

Y probablemente esa situación también dañaría su Gobierno de coalición con Podemos, porque la rama catalana de UP está del lado de Aragonés y

Puigdemont, como lo dejó claro el portavoz de UP en el Congreso Jaume Asens.

Y por ello Sánchez no moverá un dedo de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado catalán en favor de la extradición de Puigdemont. La que tampoco desean Oriol Junqueras ni Pere Aragonés en un momento en el que ERC y el PSC-PSOE disfrutan de una aparente ‘luna de miel’ y además se benefician del aislamiento de Puigdemont en Waterloo.

Sobre el que, por otra parte, existe una gran confusión de su situación legal por la actuación de la Abogacía del Estado, que controla el Gobierno, sobre si su euroorden de arresto y de extradición a España sigue vigente en la UE, como lo asegura el juez Pablo Llarena del Tribunal Supremo.

Como al parecer también permanecen algunas dudas sobre el derecho de Puigdemont de movilidad en la UE, como europarlamentario, y a pesar de que se le ha retirado la inmunidad de europarlamentaria, en espera de su posible expulsión de la Cámara de Bruselas.

El resultado de todo ello es que Puigdemont se ha vuelto a fugar de Italia como en 2018 se fugó de Alemania, cuando un juez alemán decidió que solo se le podría extraditar a España por el delito de malversación. Lo que debió de aceptar el juez Llarena porque ese delito le podía haberle acarreado a Puigdemont hasta 12 años de cárcel, la inhabilitación y el fin de su actividad política en Waterloo. Pero Llarena que tuvo a Puigdemont al alcance de su mano se equivocó.

Y ahora está claro que Pedro Sánchez no quiere ver, ni en pintura en España y menos aún en la cárcel, a Puigdemon. Y además Sánchez sabe que todo el episodio de Puigdemont en Italia le ha devuelto protagonismo al prófugo y apoyos en Cataluña, como sabe Sánchez que ello amenaza su relación con Aragonés.

Un Puigdemont que desea destrozar la ‘mesa de diálogo’ de Sánchez y Aragonés lo que tendría como consecuencias el hecho importante del bloqueo de los PGE de 2022 y amenazaría la estabilidad en el Gobierno de Sánchez, que en este momento y más que nunca, está en las manos de Aragonés y ERC.

Y, en consecuencia, también en las de sus socios de gobierno de UP. De manera que ya puede preparar Sánchez una nueva batería de concesiones políticas y económicas a los separatistas catalanes que han relanzado su ofensiva contra el uso del idioma español en las universidades catalanas.

A igual que ocurre en otras regiones como País Vasco y Baleares, donde la batalla lingüística contra el español ha comenzado a rebrotar y está llegando incluso al Congreso y el Senado, donde los nacionalistas quieren imponer el uso cotidiano de las llamadas lenguas cooficiales.

Un entreguismo ‘obligado’ de Sánchez con el nacionalismo separatista, del que nada dice el PSOE ni lo dirá en su 40 Congreso del 15 de octubre en el que Sánchez no tendrá la menor contestación.

Como tampoco parece tener enfrente una Oposición unida, eficaz y con un liderazgo fuerte, vistos los últimos y recientes problemas en el seno del PP, entre Isabel Ayuso y Pablo Casado, y la auto destrucción de Cs sin que en este partido entiendan que no tienen más salida que su integración en el PP.

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