La escasez de camioneros provoca el cierre de gasolineras en el Reino Unido

El Reino Unido trató este viernes de sofocar el pánico por el desabastecimiento en las gasolineras, ante el cierre de algunas estaciones y la aparición de colas de espera en otras, para lo que no descarta recurrir al Ejército o relajar los visados para transportistas comunitarios. La alarma se desató el jueves, cuando la petrolera BP anunció la clausura temporal de "algunos" establecimientos en el país ante las dificultades para completar las entregas de gasolina y diésel por la falta de conductores.

A diferencia de la penuria de gas que sufre el país -derivada de los altos precios de la materia prima y que ha llegado a paralizar algunas plantas-, el problema con la gasolina se debe exclusivamente a la escasez de camioneros.

Las crisis de suministro de combustible tienden a operar con un mecanismo perverso: cuanto más se habla del desabastecimiento, más se apresuran los conductores a llenar sus depósitos y más rápido se vacían los surtidores.

Por esta razón, tanto el Gobierno como los dueños de las gasolineras se prodigaron este viernes en llamamientos a la ciudadanía para que no reposten de emergencia a menos que lo necesiten.

Pese a todo, el ministro de Transportes, Grant Shapps, reconoció en declaraciones a medios británicos que "no descarta nada" para asegurar el suministro, incluido el recurso a movilizar a militares. "Evidentemente, si eso (recurrir al Ejército) va a ayudar, los llamaremos. Aunque habría cuestiones técnicas, como ver si pueden conducir camiones comerciales, podrían desempeñar otros roles, como examinar y formar a los transportistas", dijo Shapps a la cadena BBC.

También admitió que se estudia conceder visados temporales a comunitarios, aunque insistió en que "no socavará" las condiciones del sector "con conductores europeos más baratos", ya que, a su juicio, eso "no resolvería el problema, y sólo crearía uno nuevo".

El papel del Brexit

El Gobierno intenta restar importancia al impacto del Brexit en la escasez de conductores. En el seno del gabinete conservador no son pocos quienes se oponen a estos visados temporales para que camioneros comunitarios puedan entrar de nuevo en el país, algo que ya se ha hecho excepcionalmente en sectores como el agrícola.

La Asociación de Transportistas por Carretera (RHA) no oculta la influencia de la salida del Reino Unido de la UE, pero lo inscribe en un problema más amplio que cataloga de "tormenta perfecta". LA RHA calcula que hay 100.000 camioneros menos de los que se necesitan en este momento y que, debido a su elevada edad media, más transportistas dejan cada semana la profesión que los que ingresan en ella.

Según Rod McKenzie, portavoz de la asociación, la entrada definitiva en vigor del Brexit al comienzo de este año llevó a la pérdida de unos 20.000 conductores comunitarios, y eso se unió a la pandemia, que obligó a cancelar unos 40.000 exámenes previstos para conceder nuevas licencias.

Un reciente estudio de Indeed, el mayor buscador de empleo en el Reino Unido, reveló que entre febrero y julio de este año los salarios en las ofertas de trabajo publicadas habían crecido en este sector un 5,7 %, pero en el mismo período el número de clics en cada oferta había caído un 21 %.

El economista jefe para Europa de Indeed, Pawel Adrjan, explicó a Efe que han constatado que en diversas industrias las empresas están presionando a las autoridades británicas para que faciliten la contratación de comunitarios, aunque la escasez de mano de obra en el transporte es un fenómeno que va más allá de las fronteras británicas. "Hay tendencias relacionadas con la pandemia que han cambiado todo el sistema logístico y de transporte. La gente trabaja más desde casa y compra por internet. Quizá abrir el mercado británico para los camioneros europeos no sea la solución", dijo Adrjan.

A su juicio, los posibles remedios pasan, por un lado, por la formación de transportistas, algo que el Gobierno quiere hacer agilizando los exámenes para chófer de camión, y por otro lado por que las empresas mejoren la condiciones laborales y los sueldos, pues "es un trabajo muy duro".

Sin embargo, alertó de que esas mejoras salariales podrían acarrear a su vez otros riesgos, como una subida generalizada de los costes que acabe repercutiendo en el alza de los precios y, por ende, en el bolsillo de los consumidores.