El pacto oculto de la mesa de diálogo catalana

ERC garantiza a Sánchez la estabilidad en la Moncloa y el PSC la permanencia de Aragonés en la Generalitat

Por ello JxCat y Puigdemont no se atrevieron a romper el Govern tras ser expulsados de la ‘mesa de dialogo’

Andan políticos y periodistas buscándole los cinco pies al gato encerrado de la pasada y aparentemente fallida ‘mesa de diálogo’ del pasado miércoles en Barcelona. Pero la solución al enigma del aparente y pacifico resultado, de seguir hablando ‘sin prisas, pausas y plazos’, es otra mucho más sencilla y atiende al mutuo interés de Pedro Sánchez y Pere Aragonés de continuar al frente de sus respectivos gobiernos de España y Cataluña.

El gran acuerdo no escrito ni debatido en la mesa es bien sencillo, se pactó entre bambalinas y de manera previa a la reunión de Barcelona: ERC se ha comprometido a garantizar la permanencia de Sánchez en La Moncloa; y el PSC le garantiza a Aragonés su estabilidad al frente de la Generalitat.

Por eso Carles Puigdemont y JxC no se atrevieron a romper el Govern catalán cuando Aragonés los expulsó de la ‘mesa de diálogo’ al impedir que dos dirigentes de JxC, indultados por Sánchez y no miembros del gobierno catalán, se sentaran en la ‘mesa de diálogo’ donde pensaban actuar como dinamiteros de la reunión.

Las cosas pues son más sencillas de lo que parecen y, en este caso, unos y otros sacan partido porque ni Sánchez ni Aragonés quieren someterse ahora a un adelanto electoral. Porque en el PSOE temen una victoria del PP y ERC teme una recuperación de JxC, o verse superados más ampliamente por el PSC, que ya ganó en los comicios del pasado mes de febrero por un escaño de diferencia.

Y es por todo ello por lo que ERC apoyará en este otoño los PGE de 2022 que le garantizan a Pedro Sánchez su permanencia en el poder hasta las elecciones de 2023. Mientras el PSC parece dispuesto a apoyar también en Cataluña los PGE del Govern de Pere Aragonés, a lo que se sumaría ECP, en el caso de que JxC y la CUP pusieran a ERC precios políticos imposibles de aceptar.

Además al fondo de la crisis catalana aparece el enfrentamiento personal y político entre Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en el que el líder de ERC y político indultado, Junqueras, lleva todas las de ganar en ese envite con su creciente protagonismo en la vida política catalana. Mientras Puigdemont, el prófugo aislado en Waterloo, va perdiendo impulso y corre el riesgo de una revuelta interna en JxC, en pos de una reconstrucción más moderada y más realista del antiguo PDeCAT, y de los restos de CiU.

Sobre todo ahora que en Cataluña todos dan por cierta la muerte del procés independentista y la renuncia a una nueva DUI, ‘declaración unilateral de la independencia’, a sabiendas de las inmediatas consecuencias políticas (la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución), de las judiciales y las penales que ello tendría para los autores y responsables de la nueva DUI.

Y esta situación actual de ‘pacto tácito’ de estabilidad e intereses cruzados de Sánchez y Aragonés es lo que ahora en La Moncloa y La Generalitat se le llama la nueva ‘normalidad’ catalana. Y lo que una y otra parte visten con los argumentos de la prioridad de la recuperación sanitaria y económica tras la crisis del pasado año y medio, y mientras se busca sin prisas, pausas y sin plazos una solución técnica y ecológicamente aceptable para la reforma del aeropuerto Prat.