El varapalo del TC, la crisis de Cuba, la quinta ola y el SMI abortan el despegue del nuevo Gobierno

El Constitucional anula ‘el confinamiento’ del Estado de alarma, mientras crece la tensión política por Cuba y por la quinta ola de la pandemia y los sindicatos exigen el aumento del SMI.

Poco ha durado el entusiasmo en el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, al que le ha estallado en las manos la sentencia del Tribunal Constitucional que ha anulado, por inconstitucional, el confinamiento decretado por el primer ‘estado de alarma’ afirmando que para ello era necesario declarar el ‘estado de excepción’. Lo que entre otras cosas obligará a devolver el dinero de las multas a los que fueron condenados.

Parece claro que el presidente Sánchez conocía la sentencia del TC, por una ajustada votación de 6 magistrados contra 5, y por ello cesó al ministro de Justicia Juan Carlos Campo. Y temerosos están en La Moncloa de que el Tribunal Supremo admita a trámite pronto los recursos contra los indultos que también gestionó el ex ministro Campo.

A esta importante decisión del TC, en respuesta al recurso presentado por Vox, tenemos que añadir el duro rebote de la ‘quinta ola’ de la pandemia y la crisis de la represión en Cuba, sobre la que UP, los socios de Sánchez, afirma que ‘Cuba no es una dictadura’ mientras el Presidente se limita a decir que ‘Cuba no es una democracia’, pero sin hablar de ‘dictadura’.

Y sobre lo que la vicepresidenta Nadia Calviño afirma, desde su proverbial candidez,  que ‘etiquetar no es productivo’ (sic). Y ello para no enturbiar las relaciones del PSOE con sus socios de UP y las autoridades de La Habana. Metiéndose Calviño donde no le corresponde cuando tiene en las calles a los sindicatos exigiendo un nuevo e inmediato aumento del SMI que apoya la vicepresidenta Yolanda Díaz.

De manera que mal empieza el nuevo Gabinete de Sánchez con el varapalo del TC, la crisis de la pandemia y los cubanos y el SMI. A lo que se añade en Cataluña el disparate de Salvador Illa desde el PSC apoyando los avales con los que la Generalitat pretende abordar las multas a los golpistas, impuestas por el Tribunal de Cuentas, lo que a todas luces es un ‘fraude de ley’, que ya está en los tribunales.

Y si tensa es la tensión política en España con la oposición (Vox se apuntó el éxito del recurso al TC del ‘estado de alarma’), mayor lo es aún con un Pablo Casado -que pide con razón que la OTAN garantice la españolidad de Ceuta y Melilla- acusando a Sánchez de apoyar la dictadura cubana y desbordar la legalidad constitucional.

Un cúmulo de acontecimientos que sin duda dañan la imagen del nuevo Gobierno y su proyección en la UE. Y a no perder de vista, en todo ello, el patético estreno de la ministra Portavoz, Isabel Rodríguez, con su intento fallido de burlar, a propósito de Cuba, a los periodistas en su primera rueda de prensa, diciendo sin venir a cuento que ‘España es una democracia’.

Hasta tal punto es el ruido creado en torno a Cuba que el Gobierno no ha podido disfrutar de la noticia de la aprobación en el Ecofin de la UE de los fondos europeos que pronto llegarán a España.

Sobre todo por el crecimiento exponencial de la incidencia de contagios del covid-19 que en España ha superado la barrera de los 469, con repercusión en las cifras de las personas internadas en los hospitales. Lo que por otra parte está dañando y mucho la campaña turística del verano y lo que tendrá un duro impacto negativo en la recuperación de la economía y el empleo.

Sánchez hizo un relevo en profundidad del núcleo duro de sus ministros y altos cargos del Gobierno -Calvo, Ábalos y Redondo- que cumplían sus órdenes y se fajaban con la Oposición, y ahora Sánchez se ha quedado solo a la intemperie y sin un equipo de experiencia e incapaz de hacer frente a las adversidades políticas por la debilidad y bisoñéz de los nuevos ministros y por su falta de experiencia en la gestión de la política nacional.

A lo que se añade la otra debilidad en el aparato monclovita con el ascenso de Félix Bolaños y Oscar López, ambos muy por debajo de la capacidad de Iván Redondo. Al que están corriendo a palos desde el PP y desde PSOE, con consentimiento de Sánchez a igual que están haciendo los nacionalistas contra Carmen Calvo y los barones del PSOE contra Ábalos.

En cuanto a la pandemia, resulta asombroso que Sánchez haya mantenido en su puesto a la ministra Carolina Darias que no sabe nada de Sanidad y ha sido capaz de lograr la coordinación de las CCAA, lo que hace incontrolable la situación, mientras los tribunales adoptan decisiones contradictorias en relación a las necesarias nuevas medidas, restricciones y ‘toque de queda’.

Aunque en este momento lo que impera y manda en el debate político es la decisión del Tribunal Constitucional con los confinamientos decretados con el ‘estado de alarma’ lo que constituye una clara ‘desviación de poder’ de Sánchez y un serio error de su Gobierno, que le ha costado la cabeza al ex ministro Campo.

En todo caso si Sánchez pretendía que con el nuevo Gobierno su situación política y personal iba a mejorar se ha equivocado y corre el riesgo de que en el corto plazo el panorama se vuelva a enconar. De ahí el viaje de fuga y de placer que Sánchez sé estar organizando -sin apenas contenido político- a Los Ángeles, San Francisco y Nueva York, dejando el barco español en las manos de la vicepresidenta Calviño y de su inefable portavoz.