El G7 inicia en Cornualles una cumbre centrada en la pandemia y el cambio climático

Las risas, abrazos y guiños que los líderes de los países más ricos del mundo se prodigaron este viernes en una playa de Cornualles (suroeste de Inglaterra) con motivo de la cumbre del G7 no evitaron que la pesadilla del Brexit y sus secuelas se colasen una vez más en la fiesta. Los líderes mundiales se reunían este viernes por primera vez de manera presencial desde que estalló la pandemia. En su agenda, cargada de vacunas y retos existenciales como el cambio climático, las secuelas de la decisión británica de salir de la Unión Europea (UE) todavía conservan un carácter prominente.

Se la ha bautizado como la "guerra de las salchichas", pero su trasfondo es mucho más siniestro: la negativa británica a aplicar controles aduaneros a ciertos productos -especialmente cárnicos- que llegan a Irlanda del Norte amenaza la estabilidad de la convulsa provincia.

La UE, que goza de mayoría numérica en el Grupo de los Siete países más desarrollados, no parece dispuesta a desaprovechar la ocasión de recordar al Gobierno del primer ministro británico, Boris Johnson, que el período de gracia para comenzar a hacer y facilitar esos controles expira el 30 de junio.

La estela del Brexit difumina por el momento los consensos generalizados que el G7 prevé alcanzar, y más ahora que el expresidente estadounidense Donald Trump ha quedado fuera de escena.

Este sábado será el día de la verdad con las reuniones bilaterales que sentarán cara a cara a Johnson con el presidente francés, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Pero ya este viernes, las advertencias se fueron sucediendo. "Mantenemos todas las opciones abiertas", espetó el portavoz del primer ministro británico para negar que éste descarte la adopción de medidas unilaterales sobre los productos cárnicos procesados.

El portavoz rebajó las perspectivas de que se llegue a un acuerdo este fin de semana, pero reconoció que los líderes tratarán "los desafíos que esto está suponiendo para la gente de Irlanda del Norte, los riesgos que representa para el Acuerdo de Viernes Santo y la necesidad de hallar soluciones urgentes".

La Unión Europea ha anunciado ya que recurrirá a los tribunales una nueva prórroga unilateral de los controles por parte del Reino Unido -algo que ya ha hecho con otros productos- pero amenaza también con imponer sanciones, que desatarían una guerra comercial.

No a una renegociación

Bruselas se niega a renegociar el Protocolo de Irlanda del Norte, parte integral del Acuerdo de Salida, que contempla que los controles a las mercancías se realicen al llegar a esa provincia desde Gran Bretaña, una solución diseñada para evitar una aduana entre las dos Irlandas, lo que contravendría los acuerdos de paz de 1998.

También el presidente francés, Emmanuel Macron, se manifestó con contundencia en una rueda de prensa previa a viajar a la cumbre a modificar ni un solo artículo del protocolo.

Para Londres, la UE es excesivamente "purista" al interpretar las condiciones del acuerdo, y pide una mayor "flexibilidad" para evitar que los norirlandeses se vean afectados por las trabas en el comercio.

Los países comunitarios aguardaban con impaciencia la llegada del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, a Cornualles, quien ya ha manifestado en anteriores ocasiones la importancia que su país concede a la preservación de los acuerdos de paz en Irlanda del Norte, de los que es parte signataria.

Sin embargo, Biden eludió pronunciarse sobre el asunto tras reunirse el jueves con Johnson en privado y la Casa Blanca desmintió que sus diplomáticos hubiesen advertido al Gobierno británico sobre el riesgo de "inflamar" la situación, como había publicado el diario The Times.

Pandemia y cambio climático

Más allá del Brexit, los líderes deberán dar respuestas hasta el domingo a algunos de los problemas más acuciantes del planeta, desde la vacunación contra el COVID hasta el cambio climático.

"Necesitamos aprender de la pandemia, asegurarnos de que no repetimos algunos de los errores que sin duda hemos cometido en los últimos 18 meses", señaló Johnson al recibir a los dirigentes de Francia, Italia, Alemania, Japón, Canadá y Estados Unidos. Y agregó que los países tampoco pueden permitirse cometer los mismos fallos que en la gran recesión de 2008, "cuando la recuperación no fue uniforme por todas las partes de la sociedad".

El anfitrión se mostró convencido de que tras "la pandemia más penosa que nuestros países han conocido en nuestras vidas" era necesario que este tipo de reuniones presenciales se reanuden.

Para Johnson, existe el potencial para "rebotar muy fuerte" tras el COVID y hay "muchas razones para el optimismo", pero para ello no se deberá volver a caer en los errores de 2008. "Lo que corre peligro de convertirse en una cicatriz duradera es que las desigualdades se enquisten", dijo, por lo que la recuperación debe pasar por que las sociedades crezcan de forma equilibrada.

Se espera que el G7 se comprometa en esta cita a donar 1.000 millones de vacunas a países en desarrollo para avanzar en la inmunización global.

Estados Unidos ha avanzado que donará 500 millones de vacunas, mientras que el Reino Unido se ha comprometido a entregar otros 100 millones.

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