Sánchez califica la ‘invasión’ marroquí de Ceuta de desafío a España y Europa y promete firmeza

El presidente dice haber hablado con la oposición y con la UE, pero no si habló con Marruecos ni lo denuncia como autor de la invasión

Al Gobierno de Pedro Sánchez (y a España) se le ha abierto un nuevo frente de crisis política en Marruecos al consentir e instigar el Gobierno de Rabat una ‘invasión’ migratoria, por mar -la ‘marcha azul’- contra la ciudad de Ceuta donde, desde el pasado lunes, entraron más de 8.000 inmigrantes ilegales que, de momento, los marroquíes no han repatriado a pesar de los acuerdos existentes entre Madrid y Rabat.

En una declaración institucional, bastante débil y moderada porque no culpa a Marruecos de su premeditada ‘invasión’ migratoria de Ceuta, de la que ya existen pruebas, el presidente Sánchez ha subrayado que esta crisis es un desafío a España y a Europa. Y dijo habrá hablado con las autoridades de la UE y con la Oposición española, pero no informó si habló con Marruecos, para finalmente informar que se trasladará inmediatamente a Ceuta, tras insistir en que no consentiría un desafío a la integridad territorial española.

Estamos hablando de una invasión migratoria y política del Gobierno de Rabat como lo confirman imágenes de policías marroquíes que abren a los inmigrantes las puertas que conducen a la frontera española, muchos de los cuales han sido trasladados en autobuses del Gobierno de Rabat hasta esa zona lo que constituye una clara agresión de Marruecos a España y la UE.

Y que ha provocado el despliegue urgente del Ejército español en Ceuta con unidades de la Legión y de Regulares, mientras el Presidente Sánchez, ha suspendido un viaje a Francia y emitido un mensaje de firmeza frente a Marruecos en el que dice: ‘mi prioridad en este momento es devolver la normalidad a Ceuta. Sus ciudadanos y ciudadanas deben saber que cuentan con el apoyo absoluto del Gobierno de España y la máxima firmeza para velar por su seguridad y defender su integridad como parte del país ante cualquier desafío’.

Lo que ha aumentado una seria crisis política y diplomática entre Marruecos y España de la que el Gobierno marroquí culpa al Ejecutivo de Sánchez por haber acogido en secreto y con pasaporte falso en un hospital de Logroño a Brahim Ghali, el jefe del Ejército del Frente Polisario gravemente enfermo por el virus del Covid.

El que llegó a España tras un pacto secreto entre Madrid y Argel, que el gobierno de Sánchez quiso justificar en ‘motivos humanitarios’ -Ghali pudo haber sido atendido en Argel- y lo que ha sido interpretado por Marruecos como el apoyo del Gobierno de Sánchez al Frente Polisario.

Y todo ello cuando están abiertas las tensiones políticas y militares en torno al Sáhara Occidental desde que el pasado 20 de diciembre el Presidente Donald Trump reconociera la soberanía marroquí de todo el Sáhara.

Y además cuando el Rey Mohamed VI de Marruecos se siente despreciado por el Presidente Sánchez que rompió la tradición de los jefes de Gobierno de España de realizar su primera visita oficial exterior a Marruecos, lo que Sánchez cambió, marginando a Marruecos, al priorizar su primer encuentro en Francia con el presidente Macron.

Lo que fue el inicio de tensiones diplomáticas entre Madrid y Rabat que han hecho fracasar, por dos veces, dos intentos de viajes oficiales de Sánchez a Marruecos, a mediados del pasado mes de diciembre de 2020 y en febrero de 2021.

Si la avalancha migratoria de Ceuta no cesa, crece la presión en Melilla y  Rabat no acepta las repatriaciones inmediatas de la inmigración ceutí, en ese caso tendremos en España un serio y nuevo problema político. En el que además aflora la incompetencia y sin experiencia diplomática de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya -inexplicable capricho de Sánchez-, que deberá pedir la ayuda de la UE y del Gobierno de Francia que tiene muy ‘larga mano’ sobre Marruecos.

Sin olvidar que en esta crisis el Rey Felipe VI podría interceder directamente ante su homólogo Mohamed VI para reconducir la situación. La que se suma a otros frentes abiertos del gobierno de Sánchez en declive. Una debilidad detectada por el Gobierno de Rabat, experto en aumentar su presión contra España cuando ve en dificultad al Gobierno de Madrid, como lo hicieron con la ‘marcha verde’ sobre el Sáhara, cuando Franco estaba a punto de morir.

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