Rabat empujó a más de 8.000 marroquíes hacia Ceuta

Marruecos confirma que la ‘invasión’ de Ceuta es la venganza por la acogida al líder del Polisario

La embajadora de Marruecos dice en referencia a la acogida ‘humanitaria’ del jefe del Polisario en España: ‘hay hechos que tienen consecuencias’.

Al Gobierno de Pedro Sánchez (y a España) se le ha abierto un nuevo frente de crisis política y diplomática en Marruecos al instigar el Gobierno de Rabat una ‘invasión’ migratoria, por mar -la nueva ‘marcha azul’- contra la ciudad de Ceuta donde, desde el pasado lunes, entraron más de 6.000 inmigrantes ilegales que, de momento, los marroquíes no han repatriado totalmente (se habla de solo 2.700) a pesar de acuerdos existentes entre Madrid y Rabat.

La invasión marroquí, premeditada y orquestada por el Gobierno de Rabat, y que el presidente Sánchez no se atreve a denunciar como tal, ha sido una venganza de Marruecos contra España por haber acogido en nuestro país y en un hospital de Logroño al Jefe Militar del Polisario Brahim Ghali, enfermo de Covid, que llegó a nuestro país con identidad y pasaporte falso.

Así lo confirmó la embajadora de Marruecos en Madrid, Kamira Benyaich, al afirmar, en referencia a la presencia del líder del Polisario en España, que ‘hay hechos que tienen consecuencias y éstas se tienen que asumir’. La embajadora fue citada por la ministra de Exteriores Gonzalez Laya que le informó del malestar del Gobierno español por lo ocurrido en Ceuta, y poco después se marchó Rabat donde el gobierno marroquí la llamó a ‘consulta’.

Mientras tanto el Presidente Sánchez se ha trasladado a Ceuta, tras haber dicho que la invasión migratoria marroquí atenta contra las fronteras de España y de la UE. Y ha añadido que ‘defenderá la integridad territorial de España con todos los medios’. Visita de Sánchez a Ceuta que en Rabat se considera una ‘provocación’, lo que anuncia que la crisis va para largo.

La declaración institucional de Sánchez es débil y moderada porque en ella no se culpa a Marruecos de su premeditada ‘invasión’ migratoria de Ceuta, de la que ya existen pruebas. Y a la vez el Consejo de Ministros aprobó, en plena crisis, una ayuda a Marruecos de 30 millones de euros para atender problemas migratorios. Una decisión que no estaba prevista y que ocultaron en su rueda de prensa después del Consejo de Ministros, tanto el ministro de Interior Marlaska, como la portavoz Montero.

El presidente Sánchez había declarado a final de la mañana que la crisis es un desafío a España y Europa. Y añadió que había hablado con autoridades de la UE y con la Oposición española, de la que ha recibido pleno apoyo en especial de Pablo Casado.

Pero Sánchez no informó si habló con el primer ministro de Marruecos, para finalmente insistir en que ‘defendería la integridad territorial de España con todos los medios’ -un velada advertencia o amenaza- tras lo que viajó en helicóptero a Ceuta a donde llegó esta tarde.

Estamos hablando de una invasión migratoria y política del Gobierno de Rabat como lo confirman imágenes de policías marroquíes que abren a los inmigrantes las puertas que conducen a la frontera española, muchos de los cuales han sido trasladados en autobuses del Gobierno de Rabat hasta esa zona lo que constituye una clara agresión de Marruecos a España y la UE.

Y que ha provocado el despliegue urgente del Ejército español en Ceuta con unidades de la Legión y de Regulares, mientras el Presidente Sánchez, ha suspendido un viaje a Francia y finalmente se ha trasladado a Ceuta.

Lo que ha aumentado una seria crisis política y diplomática entre Marruecos y España de la que el Gobierno marroquí culpa al Ejecutivo de Sánchez por haber acogido en secreto y con pasaporte falso en un hospital de Logroño a Brahim Ghali, el jefe del Ejército del Frente Polisario gravemente enfermo por el virus del Covid.

El que llegó a España tras un pacto secreto entre Madrid y Argel, que el gobierno de Sánchez quiso justificar en ‘motivos humanitarios’ -Ghali pudo haber sido atendido en Argel- y lo que ha sido interpretado por Marruecos como el apoyo del Gobierno de Sánchez al Frente Polisario.

Y todo ello cuando están abiertas las tensiones políticas y militares en torno al Sáhara Occidental desde que el pasado 20 de diciembre el Presidente Donald Trump reconociera la soberanía marroquí de todo el Sáhara.

Y además cuando el Rey Mohamed VI de Marruecos se siente despreciado por el Presidente Sánchez que rompió la tradición de los jefes de Gobierno de España de realizar su primera visita oficial exterior a Marruecos, lo que Sánchez cambió, marginando a Marruecos, al priorizar su primer encuentro en Francia con el presidente Macron.

Lo que fue el inicio de tensiones diplomáticas entre Madrid y Rabat que han hecho fracasar, por dos veces, dos intentos de viajes oficiales de Sánchez a Marruecos, a mediados del pasado mes de diciembre de 2020 y en febrero de 2021.

Si la avalancha migratoria de Ceuta no cesa, crece la presión en Melilla y  Rabat no acepta las repatriaciones inmediatas de la inmigración ceutí, en ese caso tendremos en España un serio y nuevo problema político. En el que además aflora la incompetencia y sin experiencia diplomática de la ministra de Exteriores, Arancha Gonzalez Laya -inexplicable capricho de Sánchez-, que deberá pedir la ayuda de la UE y del Gobierno de Francia que tiene muy ‘larga mano’ sobre Marruecos.

Sin olvidar que en esta crisis el Rey Felipe VI podría interceder directamente ante su homólogo Mohamed VI para reconducir la situación. La que se suma a otros frentes abiertos del gobierno de Sánchez en declive. Una debilidad detectada por el Gobierno de Rabat, experto en aumentar su presión contra España cuando ve en dificultad al Gobierno de Madrid, como lo hicieron con la ‘marcha verde’ sobre el Sáhara, cuando Franco estaba a punto de morir.

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