Pablo Iglesias se corta la coleta para armar revuelo en su larga despedida de la política

Ha sido su último espectáculo de narcisismo exhibicionista, aunque todavía le queda el discurso del adiós en la IV Asamblea de UP

Hay que escribir del cambio de imagen que se acaba de hacer Pablo Iglesias cortándose la coleta, porque se la cortó precisamente para que hablemos de él. Y le vamos a hacer caso, en esta su tercera despedida (le queda la cuarta en el adiós de la IV Asamblea de UP), con la que Iglesias ha vuelto a inundar las redes y sociales y los medios de comunicación.

Al tiempo que el ex líder de Podemos envía el mensaje de que su retirada de la política es irreversible, para desconsuelo de sus admiradoras y herederas, hoy sorprendidas por su transformación capilar al grito de ‘¡está más guapo!’. Lo que  Pablo también piensa cuando declara a Telecinco que se ha cortado el pelo al estilo de ¡Brad Pitt!.

Asistimos pues a un entremés teatral, entre sainete y esperpento, que Pablo Iglesias inició al despedirse del Gobierno con desprecio al presidente en una breve llamada de teléfono cuando Sánchez visitaba con Macron la tumba de Azaña en Francia. Despedida ‘a la francesa’ en la que solo le faltó a Iglesias decirle a Sánchez antes de colgar -si no lo hizo- un ‘hasta luego Lucas’.

Así comenzó su calculada espantada de la política presentándose el artista como un modesto peregrino en camino, ‘para ser útil’ decía, en las modestas elecciones regionales de Madrid. A las que sin duda él dio rango nacional. Y donde al principio pretendió sin éxito liderar a Podemos y Más Madrid como si Íñigo Errejón al que Pablo traicionó y echó de Podemos fuera masoquista.

Pero cuando Pablo Iglesias vio en los carteles del festival taurino y electoral de Madrid que figuraba como banderillero se enfureció. Y aprovechó el quite del debate cojo -Ayuso no cayó en la trampa- de la SER para hacer ‘el salto de la rana’, al grito de ¡cuidado con los fascistas! Y así dinamitó el debate y la campaña electoral, entre lágrimas de la locutora Ángels Barceló, conocida desde entonces como doña ‘Dame la manita Pepe Luis’.

Tontamente, al bronco juego de la crispación se sumaron los desesperados, por el fiasco de Murcia, estrategas de La Moncloa con la ayuda del golfo de Tezanos. El que preso estará en alguna mazmorra de Sánchez, porque les coló una encuesta del CIS que le daba la victoria a la izquierda en el 4-M (sic y que Santa Lucía le conserve la vista).

Lo que dio alas a la bendita crispación electoral que reforzó la victoria del PP y apuntaló el resultado de Vox. Y lo que, dicho sea de paso, era exactamente lo pretendido por Iglesias -‘de perdido al rio’- para hundir al PSOE, Sánchez y al pobre Gabilondo que a poco se nos muere de un infarto tras su humillante noche electoral. Y mientras Errejón, que bien conoce al pájaro de la infancia, se ponía de perfil logrando un excelente resultado para Más Madrid.

El segundo acto del drama narcisista de Iglesias llegó, cómo no, en la noche electoral presentándose como fracasado, que sin duda lo era, para anunciar que, desde ese mismo momento, dejaba todos sus cargos en la política y en UP. Lo que hizo tras uncir con su dedazo y los óleos las frentes de sus tres ‘reinas’: Díaz en el Gobierno; Belarra en UP y Montero como la jefa del KGB de Podemos que, como se vio en Vallecas, también tiene matones.

Y, ahora, en el tercer acto y antes de que caiga el telón Pablo Iglesias como los toreros en retirada -al más grande, José Tomas, lo tiene muy cerca en Galapagar- Iglesias se ha cortado la coleta en una cuidada escenificación para inundar las Redes Sociales y los medios de comunicación, lo que sin duda consiguió.

Posando Iglesias como estuviera leyendo el libro de su amigo Pedro Vallín titulado ‘Me cago en Godard’, en cuyo introito se dice: ‘Por qué deberías adorar el cine americano (y desconfiar del cine de autor) si eres culto y progre’.

Y está claro que Pablo Iglesias se cree culto y muy progre y adora el cine americano. Especialmente la serie ‘Juego de Tronos’, que regaló al Rey Felipe VI en Estrasburgo, y sobre la que en despedida va a dejar escrito un malvado capítulo a la española con el nombramiento de sus herederas, las ‘tres reinas’, ubicadas en sus aposentos del Gobierno y de UP.

Convencido Iglesias que ninguna de las tres (antes se sacarán los ojos entre ellas) se sentará en su particular ‘trono de hierro’ que cuida el enano y que se quedará vacío por si alguna vez, cuando a Iglesias le crezca el pelo como a Sansón, decide volver.

Cae el telón sobre el escenario mientras Pedro Sánchez, todavía sonado y tambaleante por el derechazo que le propinó Ayuso en Madrid, abandona el palco de oficial del Teatro Español sin haber entendido el mensaje del drama porque el muerto de la trama no es Iglesias sino él.

Y así y mientras el público desaloja la sala desde las candilejas del escenario se escucha una copla romántica y torera que dice así:

‘S’ha cortao el pelo

La novia de Reverte,

La novia de Reverte

s’ha cortao el pelo,

y va a cubrir su cara,

y va a cubrir su cara

con negro velo,

con negro velo’.

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