Cs desaparece de la Asamblea de Madrid tras perder sus 26 diputados y acelera la decadencia iniciada en las generales

Ciudadanos no ha conseguido representación en la Asamblea de Madrid en las elecciones de este martes, al quedarse en un 3,46% de los votos --con el 79,07% de las papeletas contadas--, y ha visto frustrado su objetivo de recuperar el poder en la Comunidad de Madrid, donde gobernaba con el PP hasta el pasado marzo.

La moción de censura que Cs presentó junto al PSOE en Murcia para que el PP saliera del Gobierno regional, y que finalmente fracasó, ha tenido como resultado la desaparición del partido en Madrid dos meses después.

El resultado de este 4 de mayo es el peor registrado por Ciudadanos en unos comicios autonómicos en Madrid desde 2011, cuando obtuvo un 0,16 % al concurrir por primera vez a las urnas en esta comunidad siendo todavía un partido fundamentalmente catalán.

El cabeza de lista, Edmundo Bal, se ha quedado muy lejos del 12,15 % de 2015, cuando Cs irrumpió en la Asamblea con 17 diputados, y del éxito de 2019, cuando se convirtió en la tercera fuerza de la Cámara, con 630.000 votos, un 19,46 % y 26 diputados que permitieron a Ignacio Aguado formar un gobierno de coalición con el PP.

Fue también en la primavera de 2019 cuando los resultados de la formación naranja en elecciones generales en la Comunidad de Madrid alcanzaron su punto álgido. En abril se hizo con 57 escaños en el Congreso, logrando incluso superar al PP en Madrid al recibir más de 790.000 votos, el 20,95 %, y previamente había anotado en esta comunidad un 18,82 % en 2015 -como tercera fuerza, por delante del PSOE- y un 17,79 % en 2016.

Otro fracaso electoral para Arrimadas

El desastre para Ciudadanos llegó con las generales de noviembre de 2019, cuando se quedó con solo diez diputados en la Cámara Baja. En aquel momento descendió al 9,07% (323.000 votos) en Madrid y esta cifra mejoraba el dato nacional, que era del 6,8 %, pero el resultado de las elecciones de este martes ni siquiera se acerca a este porcentaje.

La formación naranja llegó a la campaña electoral de Madrid en un momento complicado por los efectos de las mociones de censura contra el PP en Murcia, que llevaron a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, a romper con su socio en Madrid y a adelantar los comicios, y que generaron malestar en muchos cargos de Cs, parte de los cuales abandonaron el partido.

Tampoco ha ayudado el clima de polarización, que ha dado mayor visibilidad a otras fuerzas políticas, ni el hecho de que muchas encuestas anticiparan que Ciudadanos se quedaría fuera de la Asamblea, ya que parte de sus potenciales votantes pudieron inclinarse hacia otros partidos con más opciones de traducir sus votos en escaños, como el PP.

Este 4-M supone un nuevo fracaso electoral para Inés Arrimadas, que tomó las riendas del partido en marzo de 2020 con el difícil objetivo de hacerlo remontar tras el batacazo del 10 de noviembre de 2019 y la dimisión de Albert Rivera.

En este tiempo, ha tratado de situar a Ciudadanos en el centro político, capaz de llegar a acuerdos tanto con el PP como con el PSOE. Superada la etapa en la que Rivera renegaba del "sanchismo" en 2020 su sucesora pactó medidas económicas y sociales con el Gobierno de Pedro Sánchez durante la crisis del coronavirus y apoyó el mantenimiento del estado de alarma. Esta estrategia incomodó a algunos cargos del partido, que venía de una época en la que Rivera había intentado reemplazar al PP como referente del centro derecha y había elegido a este partido como socio preferente para los pactos postelectorales tras las autonómicas y municipales de 2019.

Pero los críticos con el giro de Arrimadas no hicieron mucho ruido entonces. Tampoco generó problemas internos el mal resultado de las elecciones de julio en Galicia, donde Cs obtuvo un 0,75% de los votos y volvió a quedarse sin representación, quizá porque lo compensó entrando por primera vez en el Parlamento vasco, en coalición con el PP.

Lo que empezó a abrir las costuras de Ciudadanos fue el hundimiento en Cataluña, su lugar de nacimiento y donde llegó a ser la fuerza más votada en 2017. Quedarse con solo seis diputados en el Parlament en las elecciones del pasado febrero, frente a los 36 que tenían antes, y ser superado incluso por Vox, hizo que aumentara el descontento con la gestión de Arrimadas y su equipo. Sin embargo, y a pesar de que varios diputados y senadores exigieron dimisiones, la líder de Cs logró capear el temporal y seguir adelante sin modificar el rumbo, asegurando que toda la Ejecutiva estaba "comprometida con seguir luchando por el partido".

La situación cambió radicalmente a raíz de lo ocurrido en Murcia, donde la formación naranja se alió con el PSOE para echar al PP del Gobierno de la Región y del Ejecutivo municipal de Murcia. En el primer caso, el presidente autonómico, el 'popular' Fernando López-Miras, logró que varios diputados de Cs y otros previamente expulsados de Vox votaran en contra de la moción de censura, impidiendo que prosperase.

Como consecuencia de ello, Ciudadanos perdió el poder Murcia, teniendo que ver, además, cómo tres de sus diputados se convertían en tránsfugas. Y los abandonos no se limitaron a Murcia, sino que, tras la decisión de Díaz Ayuso de convocar elecciones en Madrid, comenzó un goteo de cargos de Cs que decidieron apartarse del partido, en algunos casos sin renunciar a sus actas de diputados o senadores.

Crisis interna

Tras una nueva reunión de la Ejecutiva permanente, de la que salió el entonces portavoz en las Cortes Valencianas, Toni Cantó, para comunicar que dimitía de todos sus cargos, Arrimadas tuvo que afrontar el creciente malestar interno. Anunció la ampliación del Comité Permanente y aceptó la dimisión como vicesecretarios de Carlos Cuadrado y José María Espejo-Saavedra, aunque continuaron en la dirección.

Los reproches que han lanzado a Arrimadas quienes se han marchado se centraban en sus pactos con Sánchez, pero la presidenta nunca se ha mostrado arrepentida de ello y ha defendido que siempre ha actuado pensando en lo que consideraba mejor para los españoles en cada momento.

Durante este tiempo, ha soportado los ataques de exdirigentes del partido como Juan Carlos Girauta o Marcos de Quinto, mientras Albert Rivera -al que algunos medios de comunicación relacionan con la operación del PP para captar a cargos de Ciudadanos- permanecía en silencio, y ha reivindicado la autonomía de Cs frente a la pretensión de los 'populares' de absorberlo.

Ahora, el mal resultado electoral en la Comunidad de Madrid pone de nuevo a prueba la resistencia de la formación naranja, que se arriesga a sufrir nuevas fugas y a una crisis del liderazgo de Arrimadas.

Bal reconoce el mal resultado

El candidato de Cs a la Comunidad de Madrid ha asegurado que pese al "mal resultado", este miércoles seguirán trabajando por este proyecto y ser "el antídoto de los extremos y la polarización", y ha augurado que Cs "volverá" en 2023. "No hemos sabido transmitir a la gente la utilidad del centro político", ha asumido Bal en una comparecencia a los medios tras la nueva derrota electoral del partido naranja.

"Y la gente no se ha dado cuenta de que el futuro de España y de Madrid está en la moderación, está en el centro", ha defendido antes de dar las gracias a sus compañeros y decirles que son unos "valientes" porque el partido lo tenía "muy difícil" y lo han dado "todo", aún cuando asegura que les han "robado" los debates. "Han querido que seamos enemigos y no hemos caído en la trampa. Hemos seguido manteniendo las propuestas del centro moderado, hemos seguido haciendo valer lo que es el proyecto de este partido y por lo tanto, amigos, tenemos un mérito enorme", ha dicho Bal ante aplausos y cánticos de '¡Vamos, Ciudadanos!'.

Pese a los resultados, Bal ha recordado que 2023 volverá a haber elecciones en Madrid y "allí encontrarán a Ciudadanos, más vivo que nunca otra vez". "Con propuestas otra vez, con convivencia otra vez, con concordia otra vez, con un mensaje de unión, y no caeremos en el enfrentamiento ni en la polarización ni en los insultos donde nos quiere llevar otros. Estaremos donde siempre, donde la gente nos quiere. Así que nos emplazamos para dentro de un año y medio estar otra vez en el Gobierno de Madrid. El Gobierno de Madrid es peor, va a ser peor, sin nosotros. Y en Madrid nos vais a encontrar", ha agregado.

Por último, ha felicitado a Díaz Ayuso por su resultado "espectacular". "La he llamado hace un rato, no se podía poner, es comprensible, tendrá muchas llamadas. Desde aquí, desde estas cámaras, felicidades al Partido Popular y felicidades a Isabel Díaz Ayuso", ha trasladado Bal.

Aunque durante la intervención no ha estado a su lado la líder del partido, Inés Arrimadas, al finalizar el candidato y la presidenta de Cs se han dado después un abrazo entre aplausos y cámaras de televisión.