Los servicios de inteligencia de Alemania ponen bajo el foco al movimiento negacionista

Las protestas contra las restricciones por la pandemia han quedado bajo el radar el espionaje alemán, ante la creciente presencia de ultraderechistas en esas movilizaciones y su agresividad contra medios de comunicación, políticos y fuerzas de seguridad.

"Entre quienes acuden a esas convocatorias hay radicales de la derecha extrema, que usan el podio del descontento por las restricciones para propagar lo que, de otro modo, apenas tendría resonancia", afirmó el ministro alemán de Interior, Horst Seehofer.

El espionaje de su Ministerio ha decidido vigilar a "elementos y grupos" violentos mezclados entre los llamados "Querdenker" -"Pensadores transversales"-, principales convocantes de esas marchas. "No hay nada criticable en las protestas legítimas contra las restricciones. Pero practicamos la tolerancia cero contra la violencia", añadió Seehofer.

Las marchas de los "Querdenker" vienen produciéndose desde el inicio de la pandemia en Alemania, también en las fases de desescalada. En ellas confluyen ciudadanos hartos de restricciones, comerciantes afectados por los cierres o seguidores de teorías de la conspiración, pero también ultraderechistas.

Varias de sus marchas, especialmente en Berlín o en Stuttgart (sur de Alemania), derivaron en disturbios con las fuerzas policiales, sea porque los asistentes no respetaban las normas de distanciamiento y uso de la mascarilla o tras detectarse entre ellos a extremistas.

En una de esas concentraciones se produjo un conato de asalto al edificio del Bundestag (Parlamento federal), protagonizado por los "Reichsbürger" -"Ciudadanos del Reich"-, movimiento radical que no reconoce la autoridad ni las fronteras de la República Federal de Alemania (RFA), recordó Seehofer.

Asimismo se han multiplicado las agresiones o acoso a representantes de los medios de comunicación, ataques a las fuerzas policiales y amenazas a políticos de la gran coalición de Gobierno, los Verdes o la Izquierda.

Desde el radicalismo antirrestricciones se considera a los medios de comunicación como parte de lo que denominan el "sistema dictatorial" que, a su parecer, se esconde tras las medidas contra el COVID. Entre abril y finales del año pasado se denunciaron en Alemania 69 ataques a profesionales de la comunicación en marchas o actos de los "Querdenker", según datos del Centro Europeo para la Libertad de Prensa y Opinión (ECPMF).

Hostilidad en la calle y en la red

A la agresividad en la calle se suma la alerta creada por una denominada "lista de la muerte", difundida por internet, en que se amenaza a los 342 diputados del Bundestag que respaldaron el "freno de emergencia" o medidas automáticas contra la covid-19.

El Departamento Federal de lo Criminal (BKA) investiga esa lista, según reveló este miércoles el diario berlinés Der Tagesspiegel, con fuentes parlamentarias de la gran coalición.

Los diputados incluidos son los que refrendaron con su voto nominal la modificación de la Ley de Protección contra las Infecciones, según la cual se activará ese freno de emergencia -incluido el toque de queda nocturno- ahí donde se superen los 100 casos de coronavirus en siete días por 100.000 habitantes.

El proyecto del Ejecutivo de la canciller Angela Merkel fue aprobado por el Bundestag con los votos de los coaligados conservadores y socialdemócratas. Con ello se activan de forma automática y unitaria en todo el país esas medidas, que hasta ahora implementaba cada "Land", según su criterio.

Indefensión del político local

Las amenazas contra los diputados se difundieron vía Telegram y, según el BKA, hasta ahora se consideran un "peligro abstracto". El grupo socialdemócrata ha pedido a sus miembros que observen y notifiquen cualquier circunstancia anómala identificable como un riesgo a su seguridad.

Más compleja es la situación de los políticos de rango local o municipal. La hostilidad hacia ellos ha ido en aumento durante la pandemia y se estima que un 72 % de alcaldes o concejales del país han sufrido insultos o agresiones en los últimos meses, según datos de la televisión pública ARD.

En la mayoría de los casos se trató de ataques físicos o verbales -desde agresiones o golpes a insultos y escupitajos-; el resto fueron amenazas en internet y redes sociales.

La vulnerabilidad del político local frente a los radicales que alarma a las autoridades alemanas se plasmó ya antes de la pandemia y escaló durante la crisis migratoria de 2015. Alcaldes y representantes de corporaciones municipales comprometidos con la acogida de refugiados sufrieron el acoso del radicalismo.

El más dramático exponente de esa situación fue el asesinato en 2019 de Walter Lübcke, un político de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y jefe de distrito en el estado de Hesse (oeste). Lübcke sufría amenazas desde 2015 por haber defendido la línea de acogida de refugiados de Merkel. Murió en la terraza de su casa, de un tiro en la cabeza que le disparó de noche un neonazi de 45 años.

RELACIONADO