Patricia Ramírez: "Cuando todo tiembla en nuestra vida, contamos con una fuerza interior para vencer a la adversidad"

¿Qué podemos hacer cuando un divorcio, una infidelidad, un fallecimiento, un despido o una pandemia sacude por completo nuestras vidas? ¿Cómo podemos reponernos del golpe y luchar contra la adversidad? La psicóloga y escritora Patricia Ramírez trata de contestar a estas preguntas en su último libro, 'Somos fuerza', donde nos ofrece una serie de recursos emocionales para enfrentarnos a cualquier crisis, y salir reforzados de ella. La influyente psicóloga, conocida también en las redes como @patri_psicologa, nos desvela en una entrevista en 'Republica.com' algunas de las claves de esta imprescindible lectura que nos ayuda a no tirar la toalla cuando la vida en un determinado momento se complica y también a luchar para ser más felices y mejores personas.

En tu último libro proporcionas un amplio conjunto de recursos emocionales para poder superar cualquier crisis, ya sea individual o colectiva, que pueda cruzarse en nuestras vidas. ¿Por qué elegiste como título Somos fuerza?

Realmente el título surgió de la lectura posterior del libro una vez escrito. Porque en un principio el título iba a ser algo así como El botiquín emocional en tiempos de crisis, pero tras leerlo mi editor me dijo “Patri hay una frase muy potente en el primer capítulo donde terminas diciendo ‘Somos fuerza’”. Y ese fue el título que al final elegimos porque yo creo que es el que nos representa: las personas somos fuerza, somos más fuertes de lo que nos imaginamos y es esa fuerza interior la que nos ayuda a enfrentarnos a las adversidades.

Somos fuerza empieza con la siguiente frase “Y de repente todo tiembla…” Aunque puede aplicarse para cualquier crisis personal como una separación, el fallecimiento de un ser querido o un despido laboral, inevitablemente también nos hace pensar en lo que ocurrió en marzo de 2020 cuando el mundo se paró por la pandemia. ¿Qué es lo que podemos hacer cuando todo tiembla?

Cuando todo tiembla es el inicio de toda crisis, es decir, cuando coges conciencia de esa crisis. Cuando todo tiembla para mí lo primero que hay que hacer es observar qué es lo que está pasando porque hay personas que lo primero que hacen es ponerse muy nerviosas y tomar decisiones, y tomar decisiones en el momento más crítico a nivel personal puede llevarnos a ser imprudentes y a precipitarnos.

Así que lo mejor que podemos hacer cuando todo tiembla es que nos demos un tiempo para observar y comprender lo que está sucediendo, para tomar perspectiva, que eso a veces es muy complicado dentro de una crisis. Hay que hacer un momento de despersonalización, salirse del lugar y plantearse si yo fuera un espectador de mi crisis qué estaría viendo, hay que intentar verlo desde ahí para empezar a buscar soluciones o para empezar a aceptar porque hay veces que no hay soluciones y no nos queda otra que aceptar.

En tu libro ofreces una gran cantidad de casos reales de personas que han tenido que enfrentarse a la adversidad y a diferentes tipos de situaciones, incluido ejemplos personales y de tu propia familia. ¿En tu caso cómo te afectó la pandemia y el confinamiento?

El confinamiento se cargó casi todo mi trabajo, así de claro. Al principio porque todo era presencial y luego lo que hizo fue transformarlo. A mí la pandemia me llevó a trabajar de una manera que seguramente nunca hubiera reinventado de no haber pasado esta crisis. Ahora me siento muy agradecida de lo que ha sacado de mí, no a la crisis sanitaria claro porque hemos sufrido todos mucho, pero sí al hecho de haberme visto obligada a cambiar mi metodología de trabajo y otras cosas que nunca hubiera hecho por mí misma.

¿Qué puede hacer la gente ante las adversidades?

Las personas ante la adversidad tienen diferentes posibilidades. Primero, como decíamos, observar qué hay que esté bajo nuestro control, porque lo que esté bajo tu control tienes que controlarlo: tienes que ir a un abogado, a un banco, tienes que dejar un alquiler, comprar una casa, mudarte…. Es decir, lo controlable, bajo control porque ese control te va a dar mucha confianza y seguridad. Y luego hay una parte en esa crisis que seguramente tenemos que aceptar. A la gente lo de aceptar no le suele gustar porque lo entiende como perder, pero no es así. Aceptar significa que dejo de quejarme, de criticar y de machacarme para poder centrarme en lo que realmente importa o puedo hacer. Es decir, hay un proceso de intervención en lo que tú controlas y un proceso de aceptación en lo que no. Y sobre todo pedir ayuda que es muy importante. Mucha gente quiere ayudarnos, pero no le damos la oportunidad.

¿Consideras que pese a la tragedia y la pérdida de empleos, vidas y proyectos personales podemos sacar aspectos positivos de esta pandemia a nivel individual o colectivo?

Yo creo que podemos sacar muchas cosas positivas de cualquier situación crítica. En este caso para saber qué podemos sacar de positivo de la pandemia, tenemos que preguntarnos qué cosas de las que hemos vivido queremos seguir manteniendo. Seguramente mucha gente querrá mantener el pasar más tiempo con sus hijos, poder compatibilizar el trabajo presencial con el teletrabajo, bajar su ritmo de vida o dedicarse más tiempo a hábitos de vida saludable como aquellos que han empezado a hacer ejercicio o a comer de otra manera. O sea que seguramente sí hay cosas que querremos mantener, pues esas cosas que queremos mantener son las cosas que hemos aprendido y que nos han servido de forma positiva. De hecho, hay muchas personas que en esta crisis han dicho “siento mucho todos los fallecimientos, todo el dolor y todo el sobretrabajo, pero agradezco el cambio de vida que ha supuesto para mí".

En Somos fuerza ofreces un “plan” creado junto a Perico Herráiz para adoptar un modelo de valores que nos haga mejores y más felices como individuos y como sociedad, en definitiva, para perpetuar más allá del confinamiento el espíritu de los aplausos en los balcones o la solidaridad de aquellos meses. ¿En qué consiste, puedes darnos algunas claves?

La clave de este capítulo es que mucha gente piensa que por haber vivido una experiencia tanto traumática como positiva, esa experiencia por sí sola te va a dejar tal huella que ya te va a transformar. La idea de Perico y mía es que la gente se dé cuenta de que una experiencia no te transforma salvo que tú elabores un plan de acción. Entonces en ese capítulo hablamos de aquellos valores que la gente identificaba que le habían servido en esta crisis de valores que nos hemos dado cuenta que estábamos viviendo. Entonces por cada uno de estos valores hemos establecido un plan de acción para que la gente los pueda seguir repitiendo, manteniendo y los acaben incorporando a su vida.

Por ejemplo, un valor que yo creo que fue importantísimo durante el confinamiento era ese sentimiento de pertenencia, porque estamos en una sociedad muy individualista y esto enroca con esa corriente del 'yo, mí, me, conmigo' que parece que si tú no vas primero es que no eres capaz de querer a los demás. Pues a través de ese sentimiento de pertenencia, la gente se da cuenta de que forma parte de una tribu, es decir todos somos parte de algo, y eso le hace sentí bien. Y sobre este sentimiento hay un ejercicio que podemos practicar que consiste en preguntarnos sencillamente cómo podemos mejorar la vida de otras personas en nuestro día a día desde la familia a otras personas que nos rodean.

Hay otro valor muy importante para mí que es la gratitud. En el momento en que las personas somos más conscientes de todo aquello que podemos agradecer a nuestro alrededor, focalizamos más la atención en aquello que sí funciona que en las cosas que nos restan o de las que nos quejamos. El ejercicio que ahí proponemos por ejemplo es que antes de meternos en la cama cada noche, adoptemos la costumbre de agradecer tres cosas que nos hayan pasado ese día o en nuestra vida.

En el último año hay una gran cantidad de la población que está sufriendo lo que se ha denominado fatiga pandémica. ¿Qué implica y qué se puede hacer ante ella?

Con esta fatiga pandémica lo que tenemos que hacer varía en función de los síntomas que tenga cada uno. ¿Cómo podemos identificar esta fatiga pandémica? Pues por una pérdida de concentración, de atención o de ilusión en lo que antes nos motivaba, estar más irascible, tener problemas de sueño… Pues aquí podemos empezar con el autocuidado que es muy importante. El autocuidado en el sentido de por ejemplo dedicar más horas al sueño, tener un ratito para meditar porque eso nos va a regular las emociones, tener un ratito para hacer ejercicio físico o tener tiempo para practicar una afición. Después, si esta fatiga viene porque hemos estado expuestos a mucho trabajo, pues aprender a regular, por ejemplo si seguimos teletrabajando ponernos unos horarios en casa, tener un espacio específico para teletrabajar, no llevarnos el ordenador a la cama, desconectar un poco de la tecnología, desconectar de la hiperinformación que estamos hiperinformados… Pues todo eso nos ayuda con esta fatiga.

Y en el caso de aquellas personas a las que ahora les cuesta volver a la normalidad por miedo a contagiarse o a las multitudes por ejemplo, ¿qué pueden hacer?

Pues dependiendo de si realmente es un problema que está limitando su vida deberían ponerse en manos de un profesional porque no todo es autodidacta y los miedos hay que enfrentarlos. Primero habría que valorar si ese miedo pone en riesgo nuestra vida, que seguramente no, y si ese miedo es más imaginario que real tendríamos que ir exponiéndonos poco a poco. Y para exponernos no hace falta razonar en plan "si todo el mundo está saliendo” o “si no pasa nada” porque cuando uno razona consigo mismo lo que está haciendo es retroalimentando su miedo. Al miedo hay que enfrentarse sin más: salgo a la calle y me expongo al contagio teniendo siempre en cuenta las medidas de seguridad y ya está. Si nos ponemos a razonar demasiado con los miedos, estamos perdidos.

En numerosas ocasiones en tu libro haces una crítica, entre otras cosas, a lo que denominas los gurús de la motivación (coaches) que han aflorado en los últimos años y también a la cultura de la competición y el esfuerzo.  ¿Cómo consideras de dañino el mensaje que transmiten?

Pues a mí me parece algo totalmente de descerebrados, así de claro. Porque cuando estos gurús están instigando y tratando de empujar a la población, haciéndola responsable de que todo se cambia a través de la actitud, al mismo tiempo transmiten el mensaje de que si tú no puedes cambiar tu vida es porque no tienes la actitud suficiente. Lo primero me parece de una ignorancia supina porque la gente que dice estas cosas desconoce toda la parte neurológica o neurocientífica del cerebro, no está teniendo en cuenta, por supuesto, el nivel de neurotransmisores que una persona puede tener o lo vulnerable que sea a alguna enfermedad mental, ni tampoco están teniendo en cuenta ni empatizando con su entorno sociocultural o socioeconómico.

Es imposible que tenga la misma actitud una persona que cuenta con una vivienda acomodada, una wifi que va como un tiro y que dispone de un ordenador para cada miembro de la familia que otra familia con necesidades económicas que tiene que compartir un único ordenador en un piso de 60 metros cuadrados. Pues cuando estos gurús dicen que todo es actitud, estas personas se sienten culpables y frustradas porque les hacen pensar que la culpa es suya porque no tienen la actitud suficiente para triunfar en la vida y lo que no tienen son las mismas oportunidades. Y me parece una putada que esto se diga así y estoy totalmente en contra de este tipo de frases hechas y de gente que predica sin tener en la mayoría de los casos ninguna formación en psicología.

Hace unas semanas en el Congreso un diputado del PP se burló de Íñigo Errejón por reclamar al Gobierno un plan de salud mental. ¿Crees que nos falta todavía como país mucho camino por recorrer en este terreno? ¿Consideras que la salud mental sigue siendo a día de hoy un tabú?

No creo que siga siendo un tabú porque ya ir al psicólogo lo hemos normalizado como sociedad y mucha gente va y no pasa nada. Lo que sucede es que dentro de las necesidades que tiene un país igual no se le está destinando los recursos económicos suficientes porque aún no se ha tomado la salud mental como una prioridad. Se prioriza mucho más la salud física que la mental cuando la salud mental nos lleva a muchos suicidios, a muchísimos problemas, a muchas bajas laborales, a mucho consumo de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos… Por todo ello, la salud mental tiene que comenzar a ser una prioridad en este país.

Sobre Patricia Ramirez:

Patricia Ramírez, conocida como @patri_psicologa, es psicóloga, escritora, conferenciante, y divulgadora en diferentes medios de comunicación. A través de su clínica y sus talleres da cobertura nacional e internacional con un objetivo claro: mejorar la vida de las personas.

Patricia es licenciada en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la salud y Doctorado en el departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada. Aborda áreas que van desde trastornos del estado de ánimo, estrés, ansiedad, fobias y trastornos de pareja a nivel personal hasta otras más complejas sobre liderazgo, control cognitivo y motivación.

Es una de las psicólogas más influyentes de España y ha sido galardonada con el Premio del Colegio Oficial de Psicólogos a la mejor psicóloga divulgadora en redes sociales.

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