La abstención, ‘favorita’ en las elecciones catalanas, camino del empate entre PSC, ERC y JxC y del subidón de Vox

Se acabó por fin la insufrible campaña electoral de Cataluña, tras la que el fantasma de ‘la abstención’ de hasta un 30 % se presenta como la opción favorita de los catalanes en la jornada del 14-F. Y sin que los verdaderos problemas catalanes y sus posibles soluciones aparecieran en debates y propuestas de los principales partidos en liza, que han reducido todo entre ellos y en distintas franjas a la lucha por el poder. 

Los separatistas por un lado y los españolistas por otro, sin que nadie con liderazgo indiscutible y un proyecto razonable de país pudiera ofrecer una propuesta de consenso y de unidad para ocuparse de lo urgente e intentar superar la fractura catalana.

Esta descarnada batalla por el control del poder comenzó con la aparición del ex ministro de Sanidad, Salvador Illa, como el candidato del presidente Pedro Sánchez y del PSC, tras la salida de Miquel Iceta, con una ‘patada hacia arriba’, es decir hacia el Gobierno de España donde fue nombrado ministro de Política Territorial.

Y esta operación se llamó electoralmente el ‘efecto Illa’ que falta por saber, en la noche del 14-F, si ha funcionado en caso de que gane las elecciones o si fracasó. Aunque Illa podrá decir que mejoró sensiblemente el resultado que obtuvo Iceta (17 escaños) en 2017.

La respuesta del soberanismo al ‘efecto Illa’ de Sánchez ha sido la creación de un ‘cinturón sanitario’ contra Illa y el PSC, pactado y firmado por la ERC, JxC, CUP y PDeCAT. Un acuerdo con el que los firmantes se comprometen a no pactar un Gobierno con el PSC.

Si eso es así el anhelo de Sánchez de que Illa presida un gobierno del ala izquierda catalana, con PSC, ERC y Podemos, habrá fracasado pero al menos Sánchez habrá recuperado el control del PSC.

Los separatistas tampoco tienen a la vista un gobierno fácil entre JxC y ERC porque Puigdemont y Junqueras se llevan a matar. Y tienen proyectos que son muy distintos a la hora de abordar su soñada independencia. JxC por las bravas con otra declaración unilateral de independencia y ERC en pos de un pacto con el Gobierno de Sánchez sobre amnistía y autodeterminación, dos objetivos imposibles e inconstitucionales.

En la parte baja de la tabla política se espera la caída de Cs, pero falta saber hasta donde y se mantienen las incógnitas sobre los resultados de Podemos y CUP, lo dos partidos extremistas y populistas de la izquierda.

Mientras en el flanco conservador español Vox espera dar la campanada infligiéndole una sonada derrota al PP, y poniendo a Casado en problemas ante España y su partido. Problemas, que se suman a los que Casado ya tiene con la corrupción y Bárcenas y a los que el mismo ha creado dentro del PP con errores de bulto, que pueden acabar afectando a su liderazgo.

Invitados inesperados

A lo largo de la campaña electoral del 14-F han ocurridos cosas que sí han llamado la atención. Y la primera de ellas fue el intento del gobierno catalán de aplazar, por la pandemia, las elecciones al 30 de mayo, lo que rechazó un tribunal. La segunda cuestión ha sido ver si habría o no suficiente personal para constituir las mesas electorales ante el rechazo inicial del 25 % de los convocados, lo que parece que se ha solucionado.

Luego llegó la puesta en libertad de los golpistas del procés por decreto de la Generalitat, luego recurrido por la fiscalía y de momento sin efecto. Y más adelante ‘la confesión de Bárcenas contra el PP’, el escándalo de Iglesias negando la democracia española y los ataques a España del ministro ruso Lavrov.

Y ya con todo esto en marcha unas encuestas con dos sorpresas que ya se verán el domingo si se confirman o no: el ascenso del PSC hasta liderar el resultado de 14-F; y la posibilidad de que Vox se convierta, partiendo de cero, en la cuarta fuerza política catalana por delante de Cs, CUP, Podemos y sobre todo por delante del PP que quedaría en último lugar.

Todo esto y algunos broncos debates televisados es lo que ha ocurrido en la campaña electoral catalana del 14-F, donde puede que el verdadero partido ganador puede ser ‘la abstención’, que podría llegar al 30 % por miedo a la pandemia y por cansancio de la política y rechazo a los políticos catalanes.

Lo que no parece descabellado que ocurra y lo que devaluará el resultado final camino de un gobierno aparentemente separatista. Salvo que el preso Junqueras, que odia a Puigdemont, diga en el seno de ERC otra cosa lo que no se debería descartar.

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