Sánchez abraza a Abascal, refuerza su liderazgo y aumenta la inquietud nacional ante el 14-F catalán

La Oposición al Gobierno de coalición se debilita a´ igual que el sector constitucional del PSOE, dominado por el híper liderazgo de Sánchez

Mientras en la Unión Europea intentan aclarar y rectificar el timo de las vacunas que le han dado las farmacéuticas de AstraZeneca y Pfizer, y en España la pandemia avanza ‘de pico en pico’ como si de una escalada de los ‘ochomiles' del Himalaya se tratara, en política nacional hemos asistido a la noticia llamativa de Vox salvando al Gobierno de Sánchez en la votación del Congreso sobre el Decreto para la gestión de los fondos de la UE.

Y todo esto cuando acaba de arrancar la campaña electoral catalana en la que participan los presos golpistas del procés, tras haberse ‘fugado’ de la cárcel de Lledoners con la ayuda decisiva del Departamento de Justicia de la Generalitat y en contra de las decisiones del Tribunal Supremo, lo que se presenta como un caso flagrante de ‘prevaricación’.

Ante el que callan el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez, el PSC y su flamante candidato, Salvador Illa, ‘fugado’ también de su responsabilidades sanitarias nacionales en la cresta de la ‘tercera ola’ de la pandemia y en pos de un pretendido ‘efecto’ electoral que se está desinflando según las últimas encuestas catalanas.

Las que le ofrecen la victoria a ERC de Oriol Junqueras, seguido de JxC del ‘prófugo’ Carles Puigdemont y con el PSC en tercer lugar. Lo que anuncia un nuevo gobierno soberanista catalán (ERC, JxC y CUP) y otro quebradero de cabeza o un nuevo desafío independentista catalán, sobre todo si esta vez los separatistas superan la barrera del 50 % de los votos.

El episodio del ‘abrazo’ de Sánchez con Abascal para salvar el decreto de los fondos UE ha dejado a Vox a los pies de los caballos de La Moncloa en donde, como si de una serie de retratos de Andy Warhol se tratará, Sánchez colecciona sus abrazos y conquistas políticas para mantenerse en el poder. Y sin perder una sola votación importante desde que llegó a La Moncloa con la moción de censura a Rajoy el 1 de junio de 2018.

Su primer ensayo en la serie de los abrazos ocurrió en marzo de 2016 con Albert Rivera -bajo el cuadro ‘el abrazo’ de la Transición de Genovés- que resultó fallido cuando Rajoy y Pablo Iglesias echaron por tierra el primer intento de investidura de Sánchez.

El que finalmente cuajó en enero de 2020 tras un desencuentro inicial entre Sánchez e Iglesias en junio de 2019, al día siguiente de las elecciones del 10-N de 2019 el famoso abrazo de Sánchez e Iglesias y con la ayuda de Junqueras y Otegi, a cambio de indultos y de ventajas para los presos golpistas catalanes y terroristas de ETA, además del pago en especies al PNV de Ortuzar.

Luego llegaron: el abrazo de Sánchez con Inés Arrimadas en las prórrogas de los ‘estado de alarma’ de la primavera de 2020; el reencuentro de Sánchez con Junqueras y Otegi en los PGE de 22 de diciembre y por fin el sorprendente abrazo de Sánchez y Abascal con la falsa excusa de Vox de su abstención decisiva por ‘responsabilidad’.

Lo que supone que a partir de ahora el PSOE y Podemos calificarán a Vox de partido ‘fascista responsable’ en agradecimiento por su colaboración. Y lo que demuestra la empanada mental de Santiago Abascal, y la inagotable capacidad de Sánchez de lograr pactos de ‘geometría variable’ con todos los Grupos políticos del Congreso, con la excepción del Grupo del PP.

El partido que lidera Pablo Casado, quien se resiste a ofrecer a Sánchez -aunque éste lo rechace- el ‘Abrazo de Vergara’ en pos de la ‘gran coalición’ PSOE-PP, en el que sería el pacto ideal para la reconstrucción institucional, democrática, económica y social de España.

Sobre todo visto el oscuro horizonte que tenemos por delante en la crisis económica y sanitaria del país y el nuevo desafío catalán que saldrá de los comicios del 14-F.

Pero Casado, con un equipo directivo de bajo nivel, se resiste a intentar la gran coalición. Y sobre todo porque para ello sería necesario que Sánchez despeje, después después del 14-F, la incógnita de sí va a por todas en el cambio de Régimen al que le incita Pablo Iglesias, camino de la III República Española.

O si, al contrario y mientras el Rey Felipe VI permanece preso y como rehén de Sánchez en el Palacio de La Zarzuela y su padre desterrado en Emiratos,  Sánchez en ataque de lucidez inesperada, decide -tras controlar el Poder Judicial- romper su Gobierno de coalición con Iglesias y regresar a la senda constitucional de la Transición.

Un camino espinoso para un Gobierno en minoría que sin embargo cuenta con unos PGE de 2021 que le permitirán a Sánchez llegar a las elecciones generales del otoño de 2022. Y puede que para entonces con una cuenta de resultados positiva en lo que a la recuperación económica y social (con los fondos UE) se refiere, y también con la victoria (gracias a las vacunas) final sobre la pandemia del Covid-19.

Lo que Sánchez puede hacer en solitario y si lo necesita con apoyo externo del PP o en compañía de Podemos y del grupo de partidos Frankenstein que lo llevaron a La Moncloa en junio de 2018 y que ahora esperan recibir en Cataluña el referéndum de autodeterminación.

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