Cataluña afronta unas elecciones inciertas y con pésimos candidatos a la Generalitat

Ninguno de los partidos está en condiciones de ofrecer un Gobierno capaz de sacar a Cataluña de su enorme crisis política, económica e institucional

Da igual que las elecciones se celebren el 14 de febrero como quiere Pedro Sánchez para no tener que aprobar los indultos antes de la votación lo que dañaría el voto españolista del PSC. O que se celebren los comicios el 30 de mayo como lo pretende el presidente catalán en funciones Pere Aragonés, de ERC, a ver si de esa manera hay indultos y lanzan al golpista Junqueras en la campaña, mientras su compañero golpista y sin embargo su enemigo Puigdemont se contentará con enviar vídeo conferencias desde Waterloo.

Lo cierto es que el resultado de estas elecciones catalanas ofrecerá un mapa muy fracturado y parecido al actual, salvo algunas variaciones que no van a facilitar un vuelco político fundamental en la vida catalana. En la que no aparecen líderes de prestigio, talento y autoridad como para sacar el país del profundo y desastroso socavón en el que se encuentra.

El propio Salvador Illa, cabeza de lista del PSC, ha demostrado al frente del ministerio de Sanidad ser un auténtico desastre en la gestión pública como se aprecia en las cifras de muertes y contagios de la tercera ola en marcha de la pandemia, donde se incluyen récords superiores a los de primavera y el otoño pasado.

¿Cómo va a gestionar y arreglar Cataluña quien ha hundido la Sanidad en toda España (y ahora con retraso en la llegada y aplicación de la vacunas? A Illa solo le ha faltado colocar al inefable Fernando Simón como su número dos en la lista por Barcelona.

Frente a Illa y en nombre de ERC se presenta el presidente en funciones y por ‘accidente’ judicial -inhabilitación- de su antecesor Quim Torra. El que sin duda ha sido el presidente más tonto de la historia de la Generalitat, cargo que perdió por empeñarse en colocar una pancarta de apoyo a los presos golpistas en el balcón de la Generalitat durante una campaña electoral a pesar de las reiteradas advertencias de la Junta Electoral.

Aragonés es un mediocre funcionario soberanista y pro golpista que está a las órdenes del preso Oriol Junqueras y decidido a favorecer otro gobierno independentista en alianza con Junts el partido del prófugo Puigdemont, con el que dicen pretender una nueva declaración unilateral de independencia, para que les apliquen de nuevo el artículo 155 de la Constitución y nunca más salgan de la cárcel.

Por parte de Junts y Puigdemont la candidata a la Generalitat es Laura Borras, una presunta delincuenta que está siendo investigada en el Tribunal Supremo por malversación de fondos de una empresa pública catalana, para favorecer a un amigo suyo troceando contratos según el método del llamado ‘pitufeo’.

Los de Junts, más que ‘juntos’ están peleados entre sí. Son los herederos del PDeCAT, que también se presentan a las elecciones y del que también se escindió el nuevo partido ‘catalanista’ PNC, el Partido Nacionalista Catalán que lidera Marta Pascal. O sea la antigua Convergencia ha parido a tres partidos y el líder más notorios de todos ellos es Puigdemont y está huido de la Justicia e imputado por sedición y malversación.

Y a este golpista y delincuente lo ha nombrado Pablo Iglesias, desde dentro del Gobierno de España, exiliado como si España no fuera una democracia. Y además lo ha comparado con los exiliados de la II Republica española con un comentario infame y repugnante que mancha el exilio de los republicanos españoles y que debió ser respondido por el presidente Sánchez con el cese fulminante de Iglesias y su expulsión del Gobierno.

Estos tres primeros y grandes partidos, PSC, ERC y Junts se repartirán unos 80 o 90 diputados de los 135 del Parlament catalán. Los otros 45 o 55 de los  restantes escaños se repartirán de manera parecida entre Cs, que no es ni sombra de lo que fue por errores de Rivera y Arrimadas, y resto de partidos, donde están el PP, Podemos, CUP y Vox, siendo este último la novedad que entrará en la Cámara catalana.

Con estos candidatos de tercera fila, y sin prestigio ni talento y camino de otro parlamento fracturado, la incógnita que se presentará el 14-F es la de: si ERC buscará presidir la Generalitat con Junts y la CUP (y puede también que Podem) tal y como lo dice Aragonés; o si habrá un pacto entre PSC y ERC como lo piden desde el PSOE. Un pacto españolista parece imposible porque Podemos se opondrá, y la apuesta de Arrimadas de un pacto PSC-Cs no alcanza para la mayoría de los 68 escaños y ni siquiera a los 50.

De manera que las elecciones catalanas no arreglarán nada nuevo y todo se quedará más o menos como está. Salvo que Illa se convierta en presidente y ERC apoye su gobierno a cambio de los indultos a los golpistas para que su líder Junqueras recupere la libertad y regrese a la política catalana a enredar y a provocar.

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