Miles de mercenarios extranjeros continúan en Libia pese a cumplirse el plazo acordado

En enero de 2020, un primer grupo con cerca 2.500 mercenarios sirios, reclutados entre los grupos armados de oposición a la dictadura de Bachar al Asad, llegaron a Libia en aviones de transporte fletados por el Ejército turco, junto a decenas de miles de armas, municiones e impedimenta de combate.

Su objetivo, unirse a la milicias asociadas al Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA) para hacer frente a las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este, que asediaban la capital desde el 4 de abril de 2019, día en el que el secretario general, Antonio Gutierres, preveía viajar para impulsar el proceso de paz.

Hafter, que en los meses previos había impuesto su fuerza en el sur, se aprestaba así a completar su conquista del país gracias al apoyo de unos 3.000 mercenarios del grupo ruso "Wagner Group", propiedad de Yevgeny Prighozin, un oligarca muy próximo al presidente Vladimir Putin.

Y a soldados de fortuna chadianos y milicias árabes "janjaweed", acusadas de crímenes de guerra en Darfur, a las órdenes del general Mohamed Hamdan Dagalo, vicepresidente de la junta militar que en 2019 derrocó al presidente Omar Hasan al Bachir, que junto al armamento enviado desde Emiratos Árabes Unidos y Egipto le concedían superioridad bélica.

La llegada de los mercenarios sirios cambió el signo del asedio y obligó a las tropas de Hafter a replegarse al golfo de Sirte, 400 kilómetros al este de la capital, donde aún permanecen pese a que hoy se cumple el plazo para su salida acordado en noviembre por el Comité Militar 5+5 -único organismo en el que dialogan los gobiernos libios enfrentados-, en el marco del nuevo diálogo de paz impulsado por la ONU.

"Hay todavía cientos de soldados de Wagner en Al Jufrah (cuartel avanzado de las tropas de Hafter en el centro del país) y en la base de Brak al-Shati" en el sur, asegura a Efe un responsable militar del GNA, que prefiere no ser identificado por seguridad.

Según el mismo, en Al Jufrah, oasis situado a las puertas del golfo de Sirte, médula de la industria petrolera libia, también se acantonan condotieros sudaneses y chadianos, y sirios pro Bachar al Asad, que ayudan a los rusos a cavar una gran trinchera que parte Libia en dos mitades.

Responsables de los servicios de Inteligencia europeo destacados en Libia confirman a Efe, por su parte, que miles de mercenarios sirios permanecen junto a oficiales turcos en la base aérea de Al Watiya, próxima a la frontera con Túnez, y en la base naval de la ciudad estado de Misrata, aliada del GNA, sin signos de que tampoco vayan a cumplir el acuerdo.

"Fue una decisión soberana libia adoptada por generales que informan a sus cadenas de mando y a sus respectivos comandantes en jefe, firmantes del acuerdo de alto el fuego", advirtió esta semana la jefa interina de la misión especial de la ONU a Libia, Stephanie Willians, para quien los mesnaderos extranjeros son una de las principales fuentes de inestabilidad.

“Si los gobiernos o países que de alguna manera facilitaron el ingreso de estos mercenarios se niegan ahora a retirarlos, esencialmente están negando la soberanía libia", agregó en alusión a Turquía y Rusia, que negocian en paralelo al margen de la ONU.

Influencia turca y rusa

De acuerdo con el Observatorio sirio de los Derechos Humanos, alrededor de 500 mercenarios sirios de los más de 20.000 enviados por Ankara han regresado a su país en los últimos días, pero no por decisión militar, sino a causa de no haber recibido completos los salarios que se les prometieron.

Según una investigación publicada en mayo pasado por la Agencia Efe, a los combatientes sirios -en su mayoría alistados en grupos de tendencia salafista- se les prometía una soldada de unos 1.500 euros al mes, la misma cantidad que cobran por combatir un año en su país.

Una retribución apreciable en Siria pero pequeña si se compara con el sueldo de los soldados de fortuna rusos, que según la misma investigación cobran en torno a 4.000 euros mensuales, con una prima de unos 15.000 por heridas graves y de 40.000 en caso de deceso.

"Los mercenarios tienen un valor económico y militar. Además de ser más baratos, permite intervenir y mantener la influencia sin el alto coste político y de asunción de responsabilidades si comenten desmanes que acompañan a las fuerzas regulares. Ni Turquía ni Rusia tienen interés en retiralos", subraya a Efe un militar europeo destinado en Libia.

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