Iglesias insulta a los exiliados de la II Republica y facilita a Sánchez la ruptura con UP tras el 14-F

El Presidente deberá decidir, tras las elecciones catalanas, si continúa la coalición con Iglesias y Podemos en el Gobierno o si vuela solo con las vacunas y los fondos de la UE

Mientras la tercera ola de la pandemia sigue causando estragos en España, ante la negativa del Gobierno a los confinamientos y al toque de queda a las 20 horas para no suspender las elecciones catalanas del 14-F, en el seno del Gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias se agranda la grieta camino de una posible ruptura.

Una campaña en la que ya se ha metido de lleno el presidente Sánchez a pesar de la pandemia y cuando el JEMAD Miguel Ángel Villaroya acaba de dimitir por haberse vacunado antes de lo que lo permitían los protocolos militares y tras la investigación abierta por la ministra de Defensa Margarita Robles. Lo que constituye otro descalabro de este gobierno incapaz frente a la pandemia, dividido y posiblemente abocado a su fractura por causa de las las continuas desavenencias internas.

Lo que está facilitando el líder de Podemos, Pablo Iglesias, con sus desafíos continuos al Presidente y tras comparar a los exiliados de la II Republica con el golpista y delincuente Puigdemont, que está imputado por los delitos de sedición y malversación de fondos públicos.

Es decir, y en contra de lo que ha dicho Iglesias, Puigdemont también está imputado por ladrón a igual que sus predecesores de CiU, los Puyol, Más y los responsables de la corrupción del 3 % del nacionalismo conservador catalán de los últimos años, ahora troceado en tres partidos (PNC, PDeCAT, y Junts) de cara a los comicios catalanes del 14-F, si no se suspenden por causa de la pandemia.

Unas elecciones catalanas que Sánchez quiere celebrar a toda costa en el mes de febrero para no tener que conceder, antes de esa cita electoral, los indultos que prometió a los golpistas catalanes impidiendo que Junqueras pueda ser candidato de ERC a la Generalitat y tampoco pueda participar en la campaña electoral en compañía del resto de los golpistas indultados.

Porque los indultos y la entrada de Junqueras en la campaña, jugando a ser ‘el mandela’ catalán, dañaría el llamado ‘efecto Illa’, que predicen algunas encuestas en las que se sitúan al actual y desastroso ministro de Sanidad, Salvador Illa, como posible ganador de estas elecciones liderando el cartel del PSC.

Pero los indultos y la posible victoria de Illa no son los únicos objetivos de Pedro Sánchez en las elecciones del PSC, porque también está en juego su Gobierno de coalición con Pablo Iglesias cada vez más deteriorado. Sobre todo si después de esos comicios Iglesias se presta a favorecer la formación de un gobierno independentista con ERC y Junts (Junqueras y Puigdemont) torpedeando una alternativa progresista de Illa con PSC, ERC y Podem.

El disparate de Iglesias de comparar a los exiliados de la II Republica con el golpista y el delincuente Puigdemont le está costando muy caro la líder de Podemos que ha recibido duras críticas -el escritor Muñoz Molina lo calificó de ‘vileza’-, del conjunto de los partidos nacionales y de organizaciones de los exiliados de la II República.

Un disparate mayúsculo de Iglesias con el que el líder de Podemos quiso congraciarse con Puigdemont para presentarse en Madrid en él Congreso de los Diputados como el ‘capitán araña’ de la extremas izquierda y de los separatistas catalanes y vascos aunando un simbólico Grupo del 18 % de la Cámara donde se sumaría escaños de: UP (35), ERC (13), JxCat (8), Bildu (5), CUP (2) y BNG (1), hasta un total de 64 diputados.

A la vez, Iglesias ha dado otro argumento de peso a Sánchez para justificar su ruptura del Gobierno de coalición desde donde ahora Iglesias no podrá acusar al PSOE de ‘monárquico’ presentándose él como republicano.

Una eventual ruptura del Gobierno de coalición que para Sánchez es ahora más factible una vez que ya tiene aprobados los PGE de 2021 y que podría gobernar en solitario hasta 2022, mientras intenta conseguir dos éxitos muy importantes para su Gobierno -que debe remodelar a partir del 14-F- contra la pandemia, con la ayuda de las vacunas (que van muy lentas), y contra la crisis económica y del empleo con la ayuda de los fondos de la UE.

Los fondos que Sánchez podría poner en peligro si la Comisión Europea rechaza sus pretendidas reformas del Poder Judicial y de las pensiones y la reforma laboral. Cuestiones todas ellas ahora sometidas al examen de Bruselas.

Al fondo de todo ello aparecen en las elecciones catalanas los partidos de centro y la derecha españolista en posiciones muy débiles. Salvo Vox a quien la encuesta del CIS pronostica su entrada en el Parlament con 10 escaños, mientras Cs podría perder dos tercios de los 36 que tiene ahora para quedar en 12 y el PP, a pesar de los tránsfugas de Cs que ha fichado, quedaría en 9 como el último partido catalán por detrás incluso de CUP.

Lo que de producirse sería un importante fracaso para Pablo Casado y una victoria en la derecha para Santiago Abascal que vengaría así la que fue una bronca ruptura del PP con Vox, en su fallida moción de censura en contra de Sánchez. Aunque todavía está por ver qué ocurre el 14-F y que pasa con la abstención que puede ser mucho mayor de la esperada por la pandemia y el hartazgo ciudadano de la ruinosa política catalana.

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