Biden asume hoy la Presidencia de EEUU, un país dividido y en plena crisis económica y sanitaria

Donald Trump se refugiará en Florida a la espera del impeachment del juicio del Senado y mientras medita si continuará en la política

No habrá desfile del nuevo presidente de los EEUU Joe Biden por la avenida Pensilvania de Washington una vez que termine la ceremonia del juramento en la cara oeste del Capitolio. Ni habrá público que lo aclame sino un mar de calladas banderas de USA, y 20.000 de la Guardia Republicana para ofrecer la máxima seguridad en un evento austero, sin muchos invitados y en el que el himno nacional será cantado por Lady Gaga.

Será en cierta manera una ceremonia extraña y dolorida por el aún reciente asalto al Congreso de los seguidores zombis de Trump, que finalmente se va de La Casa Blanca y cuya marcha constituye, para USA y para el mundo, un motivo de alegría nacional e internacional por causa del daño y los enormes destrozos que deja tras sus cuatro años al frente de la primera potencia del mundo.

Biden, sin embargo arrancará con fuerza por su amplia victoria y por haber conseguido la mayoría absoluta y control de la Cámara de Representantes y del Senado. Lo que le permitirá aprobar de inmediato los nombramientos de su Gobierno -donde se integran personas de alto nivel y experiencia- y de los nuevos altos cargos de la Administración americana.

E inmediatamente aprobará decretos y enviará proyectos de leyes urgentes al Congreso para luchar contra la pandemia, la crisis económica y social, el cambio y arreglar muchos problemas pendientes de la inmigración.

Mientras Trump que sigue teniendo muchos seguidores  podría intentar seguir en política como líder del Partido Republicano (el ‘GOP’) si en los próximos meses el Senado no lo condena en el juicio aún pendiente del impeachment. En el que además puede resultar inhabilitado para siempre y expulsado de la vida política.

Una opción lo suficientemente interesante como para que 17 senadores del GOP voten contra Trump y faciliten los 67 votos de los dos tercios que son necesarios de la Cámara Alta (los Demócratas ya tienen 50 escaños) para la condena de Trump.

Si esto no ocurre Trump se convertirá en dueño y en pesadilla del GOP (Grand Old Party), y montará una ‘presidencia paralela’ y mediática a la sombra de Biden, jaleando los bajos instintos de la ‘America profunda y rural’ para intentar volver a ser candidato en 2024.

Pero los problemas del ciudadano Trump no se acaban en el impeachment, porque le esperan una decena de demandas en los tribunales, incluidas las relativas al asalto al Congreso por las que será acusado de los delitos de ‘incitación a la insurrección’ y violación de la Constitución y de su juramento presidencial. Además de presuntos delitos fiscales y otras denuncias que quedaron aparcadas durante su presidencia.

Se va el desastre Trump y llega la esperanza Biden, que sin duda será un buen presidente y que cuenta con una amplia experiencia política y la no menos importante ayuda de la vicepresidenta Kamala Harris que, será la presidenta del Senado, y que sin duda se hará notar.

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