Un año de la investidura de Pedro Sánchez: del alambre a vislumbrar un largo mandato

La luz verde a los presupuestos o la Lomloe han sido hitos que han abonado palabras del presidente afirmando que la legislatura será larga

"No se va a romper España. No se va a romper la Constitución. Aquí lo que se va a romper es el bloqueo al Gobierno progresista democráticamente elegido por los españoles". Con esas palabras comenzó Pedro Sánchez el 4 de enero de 2020 su intervención ante el pleno del Congreso en el tercer debate de investidura al que se sometía.

En los dos anteriores había fracasado en el intento, en uno de ellos aspirando al puesto desde la oposición y en el segundo ya como inquilino de la Moncloa gracias a la primera moción de censura que llegaba a su meta y le aupaba a la jefatura del Ejecutivo apartando de ella a Mariano Rajoy.

Sánchez se subió hace ahora un año a la tribuna de oradores del Palacio de la Carrera de San Jerónimo llevando bajo el brazo un acuerdo con Unidas Podemos que sumó otros apoyos claves como los del PNV y diversas formaciones minoritarias que le ratificaron como presidente.

Un apoyo creciente

Lo consiguió por mayoría simple tres días más tarde, el 7 de enero, con sólo dos votos de diferencia (167 síes frente 165 noes) que abrieron la puerta al primer Gobierno de coalición de la actual etapa democrática y que hacían presagiar su continuo caminar sobre el alambre durante el tiempo impredecible que durara la legislatura.

Los análisis políticos están hoy lejos de aquellos vaticinios y la apuesta generalizada es que el actual mandato tendrá un largo recorrido tras el salvoconducto para ello que ha supuesto la aprobación de un nuevo proyecto de presupuestos que enterró definitivamente las cuentas firmadas por Cristóbal Montoro.

No sólo por la aprobación en sí, sino porque el número de apoyos conseguidos supera la mayoría absoluta de la Cámara y suma 19 diputados más a los que permitieron la investidura de Sánchez.

Resultados similares han tenido iniciativas simbólicas para el Gobierno como la nueva ley de educación o la que respalda por vez primera la eutanasia en España y que llegó a contar con 198 votos afirmativos.

Análisis aparte merece el voto del PP junto al PSOE y sus socios para derrotar con 298 votos la moción de censura presentada por Vox y que tuvo también el rechazo de Ciudadanos, partido que flirteó con un apoyo presupuestario que no llegó a plasmarse.

Un aperitivo de la legislatura

La luz verde a los presupuestos o la Lomloe han sido hitos que han abonado palabras de Sánchez afirmando que la legislatura será larga, o las del portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, advirtiendo a la oposición de que lo aprobado en este primer año es sólo un aperitivo de lo que está por venir.

De la mano de esos apoyos crecientes, el presidente del Gobierno ha ido olvidando declaraciones como en las que llegó a afirmar que no podría dormir tranquilo con Unidas Podemos formando parte de su Gabinete.

No han facilitado mucho que en este año de rodaje de la coalición pudiera conciliar el sueño las sucesivas tensiones con su socio en asuntos como la monarquía, los desahucios o el salario mínimo.

Ante ellos, algunos ministros del ala socialista han tenido que hacer esfuerzos, a veces indisimulados, para contener su opinión sobre lo que entienden como un permanente afán de protagonismo y de atribuirse en exclusiva los logros por parte de los de Iglesias.

Las manifiestas diferencias entre la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, y la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, o el diálogo en el que pudo escucharse cómo tildaba de "cabezón" a Iglesias la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, han evidenciado que la cohabitación no está siendo un camino de rosas.

La pandemia, protagonista indeseable

Pero si algo ha podido dejar en vela a Sánchez ha sido la pandemia de coronavirus, que, cuando hace un año se sometía a su investidura, era una noticia con titulares procedentes exclusivamente de China y sin que nadie viera sus letales consecuencias.

La covid-19 lo ha condicionado todo. Trajo el estado de alarma más extenso y en el que aún sigue viviendo España, segó la vida de más de 50.000 personas, aumentó las cifras del paro y el riesgo de pobreza, se llevó por delante miles de empresas...

En medio de todo ello, el ambiente político ha ido escalando en crispación y ha certificado la imposibilidad de acuerdos entre el Gobierno y el PP como el que se necesita para la renovación del órgano de gobierno de los jueces.

El pacto sigue esperando y desde el Gobierno se apunta a después del 14 de febrero, fecha de las elecciones en Cataluña, para intentar desbloquear la situación.

Pero el debate sobre los indultos a los dirigentes independentistas en prisión o que las iniciativas gubernamentales sigan contando con el respaldo de partidos como ERC o EH Bildu a los que Iglesias sitúa en la dirección del Estado, pueden ser argumentos que Pablo Casado utilice para seguir marcando distancias.

A la espera del acuerdo y de las que serán inevitables nuevas diferencias con sus socios, Sánchez cumple su primer año con un informe que le ha llevado a asegurar que ya son realidad casi el 25 por ciento de los compromisos contraídos en su investidura.

Con los fondos europeos como acicate y con la vacuna alimentando la esperanza, ha bautizado a 2021 como el año de la recuperación. En Moncloa apuestan por ello y afirman sin dudarlo: no puede ser peor que el bisiesto.