Un estudio del Instituto de Salud Carlos III evidencia el impacto de la primera ola en ancianos y profesionales sanitarios

Uno de cada cinco casos de COVID-19 identificados era sanitario, con un 77 por ciento de mujeres entre este colectivo

|

Un estudio coordinado por investigadores del CIBERESP en el Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), publicado en 'Eurosurveillance', ha evidenciado el enorme impacto de la pandemia en adultos mayores de 70 años en España y en profesionales sanitarios: uno de cada cinco casos de COVID-19 identificados era sanitario, con un 77 por ciento de mujeres entre este colectivo. De la misma forma, los hombres y los pacientes con enfermedad cardiovascular o renal crónica tuvieron mayor riesgo de complicaciones graves y muerte por COVID-19.

El trabajo, que cuenta con la participación de otros investigadores del CIBERESP en Barcelona, Murcia y Navarra, identifica los principales factores de riesgo para la enfermedad COVID-19 grave y también analiza el efecto del confinamiento nacional en la mitigación de la epidemia.

El estudio ha analizado datos de los 218.652 casos confirmados de COVID-19 por PCR notificados por las comunidades autónomas entre el 31 de enero y el 27 de abril a la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), a través de la plataforma SiViES (Sistema para la Vigilancia de España).

La investigación revela que, seis días después de implantarse el confinamiento nacional (15 de marzo), los casos de COVID-19 comenzaron a disminuir progresivamente en España hasta el 27 de abril, cuando tuvieron lugar las primeras medidas de relajación.

La distribución de la incidencia acumulada a 14 días durante los dos meses que transcurrieron desde que se confirmó la transmisión comunitaria fue muy heterogénea entre las comunidades autónomas. Según esta investigación, esas diferencias pudieren deberse a múltiples factores, como la diferente situación epidemiológica de cada territorio en el momento del confinamiento nacional y los diferentes movimientos entre regiones antes del mismo, como se ha reflejado en el Proyecto Factores de Difusión del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

Un 45,4 por ciento de los casos notificados de COVID-19 requirieron hospitalización; un 4,5 por ciento fueron admitidos en UCI. Entre los casos notificados y confirmados de esta primera ola epidémica, un 11,9 por ciento fallecieron. El 95 por ciento de los fallecidos con COVID-19 tenían al menos una enfermedad subyacente, y la letalidad aumentó drásticamente con la edad. La letalidad fue menor del 0,5 por ciento en los menores de 40 años; del 23 por ciento en el grupo de 70-79 años, y del 62 por ciento en los mayores de 80 años.

Existen diferencias por sexo en los síntomas producidos por COVID-19, con una prevalencia mayor de síntomas respiratorios en hombres y de síntomas gastrointestinales como diarrea o vómitos en mujeres. Entre los casos no hospitalizados, la mayoría fueron mujeres (65,5%), mientras que los resultados más graves fueron más frecuentes en hombres (con porcentajes de hospitalizados, ingresos en UCI y defunciones del 56%, el 69% y el 56%, respectivamente).

Además, el estudio confirma que los hombres tienen un riesgo significativamente mayor de complicaciones graves y muerte por COVID-19 que las mujeres, y que la edad avanzada es el factor de riesgo fundamental para la evolución fatal tras la infección por COVID-19, datos también confirmados en el estudio nacional de sero-epidemiología ENECOVID, cuyos últimos resultados preliminares se han presentado esta semana. Los pacientes mayores de 80 años mostraron una probabilidad de morir 28 veces mayor que los menores de 40 años, lo que pone de manifiesto la idoneidad de implantar estrategias de prevención de COVID-19 en las residencias sociosanitarias.

Por otro lado, los pacientes con neumonía tuvieron mayores probabilidades de ser hospitalizados, mientras que el hecho de tener una enfermedad cardiovascular crónica supuso un factor de riesgo consistente para la hospitalización, el ingreso en UCI o la muerte por COVID-19. Los pacientes con una enfermedad renal crónica mostraron el mayor riesgo de sufrir una evolución fatal.

Además del alto impacto en las personas mayores, la primera onda pandémica provocó un elevado porcentaje de infección en profesionales sanitarios: uno de cada cinco casos notificados de COVID-19 correspondían a este grupo profesional. "Esta alta proporción de sanitarios refleja una estrategia de diagnóstico que se priorizó en trabajadores esenciales a partir del pico de la pandemia, pero también pudo relacionarse con una disponibilidad limitada de equipos de protección personal, especialmente durante las primeras semanas de la epidemia", explica el estudio.