Irlanda, primer país de la UE en reconfinarse, prevé una Navidad "normal" tras reducir los casos

Los irlandeses esperan que el confinamiento de seis semanas decretado el pasado 21 de octubre dará paso a unas Navidades relativamente "normales", y aunque parece que se está "aplanando la curva" de contagios de coronavirus, los expertos advierten de que es necesario diseñar estrategias a largo plazo para eliminarlos completamente.

El objetivo de este segundo cerrojazo era frenar un repunte de casos y dar un respiro a la economía nacional de cara al periodo festivo, según aseguró entonces el Ejecutivo, que, no obstante, dos semanas antes había rechazado, por primera vez durante la pandemia, el consejo de sus asesores médicos para elevar al máximo el nivel de alerta.

"Son decisiones muy difíciles y el Gobierno estaba sopesando las recomendaciones de los expertos. Entonces estábamos acercándonos al límite y las cifras indicaban que había ya sin duda transmisión comunitaria. Fue la decisión correcta", explica a Efe Patricia Kearney, epidemióloga en la Universidad de Cork.

Al comienzo de este último confinamiento, más suave que el de marzo, la incidencia de la covid-19 acumulada durante 14 días se situaba en Irlanda en torno a los 300 casos por cada 100.000 habitantes y se diagnosticaban unos mil nuevos contagios cada día.

Casi un mes después, la incidencia es de 115, un número que en Europa solo mejoran Islandia (72,3) y Finlandia (54,5), mientras que este miércoles se detectaron 379 nuevos casos en las 24 horas anteriores.

La disciplina de los irlandeses

"La población, en general, ha cumplido bastante con las restricciones. Los que tenían que desplazarse más allá de los limites fijados lo hacían por propósitos esenciales. La evidencia nos dice que estas condiciones estrictas funcionan porque, por supuesto, esta es una enfermedad infecciosa que se propaga cuando hay contactos", señala Kearney.

En su opinión, es necesario "centrar la atención" sobre el análisis de "qué tipos de contactos presentan mayores o menores riesgos", pues "sabemos, por ejemplo, que las reuniones al aire libre son más seguras".

"Si pudiéramos determinar qué actividades se pueden seguir desarrollando en espacios al aire libre o con multitudes, la población podría mantener, al menos, algo de calidad de vida", observa la experta.

También considera que "la capacidad para hacer tests es muy importante" y celebra que ésta ha "aumentado enormemente" desde los primeros días de la pandemia, ya que ahora se efectúan en un país de 4,9 millones de habitantes casi 80.000 pruebas semanales, las cuales arrojaron este miércoles una tasa de positivos del 4 %.

"Seria bueno fijarse el objetivo de lograr que, en medio de la pandemia, podamos gestionar de manera agresiva los casos pendientes y que cualquiera que presente síntomas tenga un rápido acceso a tests", propone Kearney.

Aunque las cifras son positivas, la epidemióloga considera "muy improbable" que al final de este confinamiento, a poco más de tres semanas de Nochebuena, el número de casos diarios esté por debajo de los 100, la meta marcada por el Gobierno de Dublín --de coalición entre centristas, democristianos y verdes-- para iniciar la desescalada.

"El peligro --alerta-- es que si comenzamos a eliminar las restricciones, volveremos a los niveles de octubre en enero y así solo estamos retrasando las cosas. Creo que el Gobierno debe pensar un poco hacia dónde queremos ir".

Kearney forma parte de un grupo científico independiente de asesoramiento que pide que todas la partes inicien un diálogo para diseñar estrategias a largo plazo, más allá de periodos marcados en el calendario.

En las calles de la capital existe más optimismo, a pesar de que la ciudad, siempre bulliciosa, presenta un aspecto desangelado desde hace casi un mes, pues únicamente están abiertos los comercios esenciales y los pubs, restaurantes y cafeterías solo ofrecen servicios para llevar.

Si la hostelería y todo el comercio reinician su actividad con cierta normalidad y restricciones mínimas "va a ser una locura", dice a Efe Alison, dependienta en Henry Street.

"Cuando nos soltaron tras el primer confinamiento --recuerda-- mi tienda estaba llena el primer día y creo que va a pasar lo mismo esta vez, vamos a tener un par de semanas locas. Va a ser divertido".

Por suerte, Alison detecta que la ciudadanía, después de bajar la guardia durante el verano, ha retomado "las prácticas esenciales" y "nosotros mismos volvemos a pedir que usen el gel al entrar, que lleven mascarillas".

"Solo estamos cumpliendo ahora con nuestro deber, con el lavado de manos, con las mascarillas, manteniendo la distancia. ¡Usando el sentido común!", subraya Elisabeth, dublinesa octogenaria.

"No creo -agrega- que vayan a ser unas Navidades normales, serán más tranquilas, pero eso no será malo necesariamente. Lo que sí espero es que haya más sitios abiertos para que la gente pueda trabajar".

Otro transeúnte, Andy, se guía por lo que ha dicho el Gobierno: "Van a ser unas buenas Navidades, podremos tomarnos una cerveza y socializar, siempre y cuando sigamos respetando las medidas contra la covid".