Mejor debate sin apenas interrupciones con un Trump contenido y un Biden firme en sus intervenciones

El último y decisivo cara a cara entre Donald Trump y Joe Biden antes de las presidenciales del 3 de noviembre fue un verdadero debate, sin apenas interrupciones gracias a la decisión de silenciar micrófonos de los organizadores, muy alejado del caos y el espectáculo del anterior encuentro. Un debate muy igualado en el que el presidente de EEUU se mostró muy contenido frente a un Biden firme en cada una de sus intervenciones. Los dos candidatos se acusaron mutuamente de recibir dinero de Gobiernos extranjeros, algo que ambos negaron. Además, el demócrata volvió a acusar al republicano de carecer de un plan para gestionar la crisis del coronavirus y calificó la labor del actual presidente de Estados Unidos como "trágica". Por su parte, Trump anunció que la incidencia de la pandemia ha decaído en algunos estados del país y sugirió un poco de paciencia más porque la llegada de la vacuna es "cuestión de semanas".

Trump aprovechó el último cara a cara frente a Biden para acusar a su rival de haber recibido dinero de Rusia, de haber puesto a su hijo Hunter en una compañía gasística ucraniana y de haber facilitado negocios para sus hermanos en sitios como Irak. "Joe consiguió 3,5 millones de dólares de Rusia y vinieron de (Vladímir) Putin porque fue muy amigable con el exalcalde de Moscú y fue la esposa del alcalde de Moscú, y usted obtuvo 3,5 millones de dólares", dijo el presidente y candidato republicano a la reelección.

Biden, que negó haber recibido "ni un centavo" de Gobiernos extranjeros, respondió que los negocios de su hijo en Ucrania fueron "éticos". "El tipo que se metió en problemas en Ucrania fue éste (Trump), que intentó sobornar al Gobierno ucraniano para que dijera algo negativo sobre mí, lo que no hicieron", dijo Biden respecto al episodio que ocasionó el juicio político contra el presidente.

"No he recibido ni un centavo de ningún Gobierno extranjero en mi vida", agregó el que fuera vicepresidente de Barack Obama entre 2009 y 2017, y recordó que Trump paga más impuestos en el extranjero que en Estados Unidos y que tiene una cuenta bancaria secreta en China.

Trump, sin embargo, alegó que la cuenta estuvo activa entre 2013 y 2015 cuando estaba dedicado a negocios inmobiliarios y también defendió haber "prepagado millones de dólares" en impuestos antes de llegar a la Presidencia, aunque no presentó nada para probarlo. "Yo ya he prepagado millones de dólares en impuestos, nadie me lo había dicho", dijo Trump, al asegurar que fue decisión de sus contables y que apenas fue informado de ello la semana pasada.

Una vacuna en "cuestión de semanas"

Los dos candidatos dibujaron un panorama completamente diferente del reto que enfrenta EEUU por la pandemia al comienzo del segundo y último debate previo a las elecciones. El presidente de EEUU insistió este jueves en que habrá una vacuna contra el COVID-19 "en cuestión de semanas", mientras que Biden, advirtió de que al país le espera "un invierno oscuro" por la pandemia y denunció que su rival "no tiene un plan claro".

"Creo que (habrá una vacuna) dentro de semanas, y será distribuida muy rápido (...) Está lista", aseguró Trump. Interpelado por la moderadora del debate, Kristen Welker, el presidente reconoció que no tiene "garantías" de que la vacuna vaya a distribuirse en ese plazo, pero enseguida insistió en que cree que llegará "antes de acabar el año", a pesar de que muchos científicos apuntan más bien a 2021. Preguntado sobre cuál será la farmacéutica que lo conseguirá, Trump respondió: "Johnson&Johnson lo está haciendo muy bien, Moderna lo está haciendo muy bien, Pfizer lo está haciendo muy bien", y citó también los ensayos clínicos que se están desarrollando en Europa.

Por su parte, Biden acusó a Trump de no asumir su "responsabilidad" por el impacto de la pandemia en Estados Unidos, el país del mundo con más casos de coronavirus y con más de 220.000 fallecidos, y sentenció: "Cualquiera que sea responsable por tantas muertes no debería permanecer como presidente". "Estamos a punto de entrar en un invierno oscuro, y él no tiene un plan claro" para combatir el COVID-19, subrayó el candidato demócrata. "(Trump) dice que la gente está aprendiendo a vivir con esto, ¡increíble! Estamos muriendo con esto", agregó. El presidente replicó que él no cree que Estados Unidos vaya a tener un invierno oscuro "para nada", e insistió: "No podemos cerrar nuestra nación".

Las medidas de confinamiento volvieron a ocupar parte del debate y Trump remarcó nuevamente que "no se puede cerrar el país" "No podemos encerrarnos en un sótano, como Biden", dijo un Donald Trump que lamentó la Ciudad fantasma" en la que se ha convertido Nueva York. "Estamos hablando de restaurantes que están muriendo, negocios sin dinero". En cambio, Biden abogó por continuar con bares y restaurantes cerrados "hasta que la situación mejore" y defendió la necesidad de invertir en las escuelas del país para que los estudiantes puedan retomar sus clases en las mejores condiciones posibles.

La injerencia internacional en las elecciones

En el bloque de política internacional, el candidato demócrata se mostró rotundo ante las últimas noticias que se han publicado en relación a un supuesto intento de países como Irán y Rusia de inmiscuirse en el periodo electoral. "Cualquier país que interfiera en las elecciones va a pagar el precio, están intentando jugar con la soberanía norteamericana", dijo Biden, quien volvió a acusar a Trump de seguir los dictados del presidente ruso, Vladimir Putin.

Trump respondió a estas acusaciones de indolencia ante el Gobierno del Kremlin, señalando que la OTAN ha aplaudido su política internacional en relación al apoyo armamentístico que ha dispensado a Ucrania, a diferencia, dijo, de cuando Biden era vicepresidente, cuando se produjo la anexión de Crimea por parte de Rusia.

El otro país que tomó protagonismo en el cara a cara ha sido Corea del Norte. Si bien Biden acusó al republicano de permitir el rearme de las autoridades de Pyongyang, Trump defendió que las gestiones de su administración han evitado una guerra que habría costado "miles y miles de millones de muertes". "Hubo un período muy peligroso durante mis primeros tres meses antes de que resolviéramos un poco las cosas. Nos dejaron un desastre", señaló Trump.

Cuestionado por su 'amistad' con el líder norcoreano, Kim Jong Un, a quien Biden calificó de "matón", Trump  aseguró que "tener una buena relación con los líderes de otros países es algo bueno". "Tengo una muy buena relación con él, es un tipo diferente, pero probablemente él piense lo mismo de mí. Tenemos un tipo diferente de relación, pero es muy buena relación", afirmó.

La "criminal"  separación de familias migrantes

Por otro lado, Biden, tachó de "criminal" la política de separación de familias migrantes, mientras que el presidente Donald Trump defendió que su Gobierno "trata muy bien" a los 545 niños cuyos padres todavía no ha localizado después de implementar esa medida. "Es algo criminal (...) Hace que seamos el hazmerreír del mundo y viola todo los conceptos de lo que somos como nación", dijo Biden.

El exvicepresidente comentaba así la noticia de que, más de dos años después de que Trump impusiera su política de separación de familias indocumentadas en la frontera, los abogados que llevan el caso todavía no han logrado localizar a los padres y madres de al menos 545 menores de edad arrebatados de sus progenitores.

Trump aseguró que su Gobierno está "intentando muy en serio" localizar a los padres de esos menores, a pesar de que no es cierto que su Ejecutivo los esté buscando, sino que los que lo hacen son abogados y grupos de derechos humanos seleccionados por un tribunal. "Los estamos tratando tan bien, están en instalaciones que son tan limpias", afirmó Trump sobre los niños separados de sus padres. El presidente también denunció que "a los niños los han traído 'coyotes' (traficantes) y mucha mala gente", algo que Biden rebatió de inmediato al insistir en que vinieron "con sus padres".

El candidato demócrata también se distanció de la política migratoria del presidente con el que él gobernó como vicepresidente, Barack Obama (2009-2017), cuando la moderadora le recordó que durante ese mandato no se aprobó una reforma de inmigración y se llegó a un récord de deportaciones. "Llevó demasiado hacer las cosas bien (bajo el Gobierno de Obama). Yo seré presidente, no vicepresidente", afirmó Biden.

El exvicepresidente reiteró su promesa de que, en sus primeros 100 días de Gobierno, enviará al Congreso una propuesta migratoria que contendrá "una vía a la ciudadanía para los más de 11 millones" de indocumentados que hay en Estados Unidos. Su plan también incluirá a los indocumentados que llegaron al país cuando eran niños, conocidos como "soñadores", agregó.

Biden también criticó las restricciones al derecho de solicitar asilo que ha impuesto Trump, llevadas al extremo durante la pandemia, al denunciar que los indocumentados "están viviendo en la miseria en el otro lado del río" que separa Estados Unidos de México.

La tensión racial en EEUU

Biden y Trump aprovecharon el bloque del debate dedicado al racismo para acusarse mutuamente de haber perjudicado más a la comunidad afroamericana. Trump recordó que su rival fue el impulsor en el Senado de una ley del crimen en 1994 que provocó que miles de afroamericanos terminasen entre rejas y que él aprobó una reforma en el sentido contrario poco después de llegar al poder. Además, dijo que ha sido el presidente que más ha hecho por la comunidad negra en la historia de Estados Unidos con la posible excepción de Abraham Lincoln, quien abolió la esclavitud en 1863.

Biden, por su parte, repasó el historial de comentarios racistas de Trump y recordó que en 1989 abogó por la pena de muerte para un grupo de adolescentes afroamericanos conocidos como los "Central Park Five" que fueron acusados de un crimen que no cometieron.

Trump, sin embargo, dio un giro discursivo en pleno bloque sobre racismo para insistir de nuevo en sus acusaciones contra Biden de haber aprovechado su posición política para recibir dinero de gobiernos extranjeros directa o indirectamente. "Si todo esto es cierto, es un político corrupto", dijo Trump al insinuar que Biden recibió pagos de países como China, Rusia, Ucrania o Irak. "Esto es un montón de basura", respondió el demócrata, quien ya había negado minutos antes todas esas acusaciones, a lo que Trump replicó con que Biden se estaba haciendo pasar por un "inocente bebé".

El 'ridículo' plan socialista sanitario

Por otro lado, Biden, consideró "ridículo que "una opción pública" en la atención sanitaria sea considerado como "plan socialista", como asegura Trump. "Es ridículo, sabe, que el hecho de que haya una opción pública para que la gente pueda elegir, lo haga parecer como un plan socialista", dijo Biden.

Subrayó que "la terrible gestión" de la pandemia por parte de la Administración de Trump ha supuesto ya un coste para los estadounidenses y un "derroche económico". "Diez millones de personas han perdido sus seguros privados y (Trump) quiere arrebatar el 'Obamacare' a las 22 millones de personas que han estado bajo el 'Obamacare' y en torno a 110 millones de personas con enfermedades previas", mencionó Biden.

Por su parte, Trump afirmó que le gustaría acabar con el Obamacare y si es reelegido lo sustituirá por "una nueva y bonita atención sanitaria". Biden "quiere socializar la medicina, no es que él lo quiera, es su vicepresidenta (Kamala Harris), es decir, ella es más liberal que (el senador izquierdista) Bernie Sanders y lo quiere más que el propio Bernie Sanders, ustedes van a socializar la medicina", afirmó Trump.

La reforma sanitaria de Obama, aprobada en 2010, fue rechazada desde el principio por la mayoría de los miembros del Partido Republicano, que han intentado derogarla por la vía judicial ante el Tribunal Supremo y también en el Congreso, donde hasta ahora todos los intentos han fracasado. Desde que llegó a la Casa Blanca en 2017, Trump ha hecho todo lo posible para anular la reforma de Obama y, aunque no lo ha conseguido, sí que ha logrado debilitarla.

Su última oportunidad podría llegar el 10 de noviembre, después de las elecciones y cuando el Tribunal Supremo tiene previsto evaluar una denuncia que han interpuesto contra Obamacare una coalición de fiscales generales estatales del Partido Republicano con el apoyo del Gobierno de Trump. Ese caso ha cobrado una mayor importancia debido a que Trump ya anunció la designación de la jueza conservadora Amy Coney Barrett para cubrir la vacante que dejó en el Tribunal Supremo la magistrada progresista Ruth Bader Ginsburg, fallecida el 18 de septiembre, que con toda probabilidad será confirmada para el puesto el próximo lunes en el Senado

Un debate diferente

El debate de este jueves tuvo lugar en un auditorio de la Universidad de Belmont en Nashville, constó de seis segmentos de quince minutos cada uno para una duración total de una hora y media y estuvo moderado por Kristen Welker, periodista del canal de televisión NBC News.

La principal diferencia con el primer debate fue la decisión que tomó la Comisión de Debates Presidenciales -los organizadores del encuentro- de silenciar los micrófonos de los candidatos en determinadas partes para evitar el caos provocado sobre todo por Trump en Cleveland. De este modo, al inicio de cada uno de los seis segmentos, los organizadores dieron dos minutos a cada candidato para que exponga sin interrupciones sus argumentos, con su rival con el micrófono apagado. Los minutos restantes fueron con ambos micrófonos abiertos.

La campaña demócrata y la Casa Blanca informaron de que los dos candidatos se sometieron este jueves a una prueba de coronavirus con resultado negativo en cumplimiento de los protocolos que el mandatario violó en el primer cara a cara al no hacerse un test 48 horas antes de anunciar su positivo por COVID-19. De hecho, el de este jueves tenía que ser el tercer cara a cara entre los dos aspirantes a la Casa Blanca, pero el segundo, que debería haberse celebrado el pasado 15 de octubre en Miami, fue cancelado después de que Trump se infectase de COVID-19 y se negase a celebrarlo en formato virtual.

Este debate fue la última oportunidad para Trump para darle un golpe de efecto a la campaña dado que todas las encuestas le van claramente en contra y que más de 47 millones de estadounidenses han depositado ya su voto. Desde que se recuperó del COVID-19, Trump mantiene una apretada agenda que no ha modificado de cara al debate con mítines diarios, mientras que Biden llevaba cuatro días sin actos públicos para prepararse para este cara a cara.

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