Torra expulsado de la Generalitat sin sucesor, ni fecha electoral, sin Mesa de Diálogo y rompiendo el PDeCAT

El Tribunal Supremo confirmará a partir de este jueves la sentencia de su inhabilitación que dictó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y que Torra amenaza con desobedecer

El presidente catalán Quim Torra se despidió este miércoles de la política catalana con un discurso victimista y desafiante; en él califica su inminente inhabilitación de ‘venganza del Estado represivo’, al tiempo que amenaza desobedecer al Tribunal Supremo encastillándose en la Generalitat, donde Torra pretende que nadie nombre un sucesor y nuevo presidente.

La Sala Segunda del Tribunal Supremo se reúne este jueves 17 para abordar el recurso presentado por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, contra la sentencia de inhabilitación, por un año y medio, que en su día dictó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por el delito de desobediencia. El que Torra reconoció y asumió durante la vista de la causa en el TSJC.

Desobediencia a retirar, durante un proceso electoral, pancartas y lazos amarillos de apoyo a los presos golpistas desplegados en el balcón de la Generalitat y sobre las que Torra recibió advertencias y orden de retirarlas por parte de la Junta Electoral y no lo acató.

Una inhabilitación que confirmará el Tribunal Supremo que se hará pública en los próximos días con efecto inmediato y que Torra calificó ayer en su últimas intervención en el Parlamento, como ‘acto de venganza del Estado represivo contra su libertad de expresión’.

Torra ha sido un gobernante nefasto que, como el resto de los golpistas del 27-O (presos y prófugos) ha acabado muy mal y ha sumido Cataluña en la ruina económica y en la pésima gestión de su crisis sanitaria.

Y ha aumentado la fractura entre los catalanes y fomentado la violencia, con su famoso ‘apretad’ dirigido a los CDR, participando en la ocupación de una autovía catalana y dejando actuar a los violentos que quemaron barricadas en el centro de Barcelona en el pasado otoño.

Para colmo de su desastrosa gestión -en la que se incluyen numerosos actos de desprecio y falta de cortesía al Jefe del Estado, el Rey Felipe VI- Torra se va de la presidencia de la Generalitat sin haber pactado el nombre de su sucesor con ERC, sin anunciar la fecha de las próximas elecciones catalanas, sin reunir la Mesa de Diálogo, después de perder el escaño en el Parlamento catalán (tras la sentencia del TSJC), y tras haber roto en tres pedazos, PDeCAT, JxCAT y PNC, su partido.

Con semejante balance se entenderá que nadie de dentro o fuera del campo nacionalista catalán vaya a llorar la marcha de Torra. Menos aún en el resto de España, a la que por escrito y verbalmente Torra insultó. Al contrario, van a ser muchos en Cataluña -y especialmente sus empresarios- los que vean en la marcha de Torra una bendición.

Sin embargo su salida de la Generalitat, que Torra amenaza con incumplir quedándose en el Palau con una nueva desobediencia y desacato al Tribunal Supremo, deja muchas cuestiones sin resolver. Como quién le sucederá en el cargo lo que resulta imposible de imaginar tras la ruptura del PDeCAT forzada por Puigdemont y el propio Torra. Los que de paso han fracturado los Grupos de diputados de este partido en el Parlament y el Congreso de los Diputados.

Como queda en suspenso la fecha de las elecciones catalanas que serán convocadas por Roger Torrent, el presidente del Parlament -si es que a su vez no es inhabilitado, por desbordar la legalidad-, si corre el plazo para la elección en la Cámara catalana de un nuevo presidente de la Generalitat y no aparece un candidato.

Aunque mientras tanto el vicepresidente Pere Aragonés de ERC asumirá el cargo sin consentir la menor injerencia externa de Torra, como pretende, porque si lo hace Aragonés incurriría en la desobediencia ante el Tribunal Supremo

Y desde luego quedará suspendida ‘sine die’ la Mesa de Diálogo de los gobiernos catalán y español, que solo se reunió una vez en Pedralbes con presencia de Sánchez y Torra. Lo que constituyó un agravio del Presidente Sánchez a la soberanía nacional, en el que se creó la ignominiosa, para España, figura de ‘un relator’ para ‘vigilar’ el cumplimiento de los acuerdos entre España y Cataluña como si fueran dos Estados en litigio.

En suma, se acaba la pesadilla de Torra gracias a su ridículo desafío de poner en el balcón de la Generalitat una pancarta que había prohibido la Junta Electoral.

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