Arrimadas se enfrenta a la pretensión de Sánchez de unir en los PGE a Cs con UP, PNV, ERC y Bildu

Las tensiones en el interior del Gobierno de Pedro Sánchez, a propósito de la monarquía, no cesan. A ellas se sumó ayer una declaración del ministro de Comercio y líder de IU Alberto Grazón contradiciendo de manera frontal las palabras de Sánchez sobre don Juan Carlos en las que dijo que ‘no se juzga a las instituciones sino a las personas’. Mientras Garzón insiste en que el problema es La Corona y no solo las personas. 

Es, en medio de estas desavenencias cada vez más evidentes, cuando la líder de Cs Inés Arrimadas y sus dos primeros dirigentes Edmundo Bal y Luis Garicano pretenden abordar el doble desafío de poder colaborar con sus 10 diputados en la gobernabilidad de España.

Con lo que Cs espera recuperar buena parte de sus votantes perdidos al hacer alarde de centrismo y evitando de paso unas elecciones anticipadas que podrían ser letales para este partido.

Pero ese posible pacto de Arrimadas con Sánchez, que actualmente se está negociando con sigilo, choca con la animadversión de Iglesias y UP y con la pretensión de Sánchez, al menos de palabra, de unir en los Presupuestos de 2021 una gran mayoría de diputados del PSOE, UP, ERC, Cs, Bildu y otras minorías hasta superar los 190 escaños a favor de las cuentas del Estado.

Las que deben de permitir la recuperación económica y social de país y a la vez la utilización, a lo largo de los próximos seis años, de los fondos que la UE ha habilitado para España de 140.000 millones de euros.

La mayoría de los 178 escaños con la que Sánchez logró aprobar su cuarto y quinto ‘estado de alarma’ y con Cs entre ellos es sin duda un precedente positivo, que contó con el aplauso de Podemos ante la negativa de ERC de ayudar en la crisis sanitaria.

Pero desde entonces hasta ahora hay cosas importantes que cambiaron como son el importante acuerdo del Consejo Europeo de ayuda a España, por un lado, y por otro la crisis de don Juan Carlos que ha provocado los ataques directos de Podemos a la monarquía.

Entre otras cosas para desviar la atención de los problemas judiciales -que también los tienen- de Iglesias y UP y para responder así al reciente fracaso electoral de Podemos en Galicia y el País Vasco.

Sin embargo al día de hoy, y ante la inmovilidad de Pablo Casado (incluso contra la oferta de Cayetana Álvarez de Toledo de proponer un Gobierno de ‘concentración nacional), no hay que descartar que Iglesias acepte el pacto con Cs porque parece que su permanencia en el Gobierno es para él y UP  más importante que sus compromisos ideológicos y programáticos.

Además Iglesias sabe -aunque amenace con una fuga de diputados de En Común Podem en el Congreso- que la situación de su pacto alternativo con ERC para los PGE se ha complicado mucho.

Sobre todo ante la incógnita de la fecha de las elecciones autonómicas de Cataluña del otoño (a las que Cs pretendía acudir con el PP) y también ante la dificultad que ahora tiene Sánchez para conceder indultos a los golpistas catalanes. Indultos que permitirían a Junqueras presentarse como candidato de ERC a la Generalitat, tal y como parece que acordaron ambos a cambio del apoyo de ERC a la investidura de Sánchez.

El indulto a Junqueras y demás golpistas puede ser una línea roja más que insalvable para Arrimadas. Además semejante decisión de Sánchez llega en un momento complicado, cuando el Gobierno acaba de presionar al Rey Felipe VI para que su padre don Juan Carlos se fuera de España.

Lo que supondría tratar al Rey emérito -que no está imputado ni condenado- como un presunto delincuente mientras Sánchez indulta a los golpistas que sí están condenados por sedición y malversación, dando con ello un apoyo importante y oxígeno al independentismo catalán.

Como se ve está todo a la vez confuso y bloqueado, tanto en el interior del Gobierno desde donde Iglesias y Garzón desafían a Sánchez y su aparente apoyo a la monarquía, como en el ámbito de la Oposición y ahora y de una especial manera en lo que a Cs se refiere.

Por lo que habrá que esperar a ver qué ocurre en las próximas semanas, aunque está claro que está extraña danza de idas y venidas de los políticos se está alargando demasiado tiempo y los españoles, que necesitan más certezas y estabilidad, está claro que no pueden esperar mucho más.

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