Sánchez prioriza los Presupuestos de 2021 y quiere contar con UP, PNV, Cs y ERC para aislar a Casado

El presidente busca su estabilidad para relanzar la economía y acceder a los fondos de la recuperación económica de la UE

El acuerdo hallado entre Pedro Sánchez e Iñigo Urkullu que sube el objetivo de déficit del Gobierno vasco hasta el 2,6 % y una deuda pública del 1,5 para 2020 (lo que en valor presupuestario asciende a unos 2.000 millones de euros) constituye, además de un logro asombroso del Gobierno de Vitoria, una pieza maestra, un puntal de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2021, y buena parte del pasaporte para la estabilidad del Gobierno de coalición hasta el año 2023.

A cambio de tan generosa concesión del Gobierno de Pedro Sánchez al Gobierno vasco, el lehendakari Íñigo Urkullu -con el cheque en el bolsillo- se dignó a comparecer en la cumbre autonómica de San Millán de la Cogolla, y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, a apoyar a ciegas los Presupuestos de Sánchez de 2021 con Podemos, Cs, ERC o el mismísimo diablo.

La ronda de chiquitos de ‘La Romanée-Conti’ que el Gobierno de Sánchez ha pagado en Vitoria va a cuenta de las arcas del Estado y constituye un muy costoso precedente. El que Sánchez no podrá extender a todas y cada una de las Comunidades Autónomas. Y menos aún a Cataluña donde Pere Aragonés se conformaba con el 1 % de objetivo de déficit.

Pero este acuerdo en La Moncloa lo consideran decisivo y forma parte de las intensas negociaciones que Nadia Calviño, María Jesús Montero e Iván Redondo están mantenido con Pablo Iglesias e Inés Arrimadas para ver si, a lo largo del mes de agosto, logran un acuerdo presupuestario, empezando por el techo de gasto.

Un acuerdo presupuestario al que además les gustaría que se sumara ERC en pos de eso que Sánchez llama los pactos de ‘geometría absoluta’, donde caben todos, menos Vox y el PP.

Para ello se han de superar las diferencias políticas entre UP -que prefiere el pacto con ERC- y Cs y las más notables entre Cs y ERC. Las primeras de Iglesias y Arrimadas de marcado acento ideológico incluyen el que UP debe moderar sus pretensiones de gasto social, la subida de impuestos y rebajar sus aspiraciones para reforma de la legislación laboral.

Lo que Iglesias puede aceptar en aras de su ambición superior de seguir en el poder frente al riesgo de unas elecciones anticipadas que, en las actuales circunstancias españolas, son imprevisibles y las cargaría el diablo. Para ello y para las renuncias de UP, Iglesias cuenta con el argumento de la ‘situación de emergencia’ nacional que con habilidad ya maneja la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

Lo de sumar ERC a los Presupuestos con la presencia de Cs es más difícil paro no imposible porque Oriol Junqueras necesita el indulto de Sánchez para poder ser candidato en las elecciones catalanas del otoño, frente a su mayor enemigo y adversario político Carles Puigdemont.

Y al fondo de todo ello están los 140.000 millones de euros que la UE se ha comprometido a enviar a España para la recuperación económica del país para lo que hacen falta los Presupuestos de 2021, la estabilidad política del Gobierno y una serie de compromisos de gastos y reformas estructurales -‘la condicionalidad’- que las instituciones europeas imponen a España para la entrega paulatina de los fondos.

Y esta cuestión de los fondos europeos es el argumento decisivo para que todos los actores del ‘drama presupuestario’ español rebajen sus exigencias y las sometan al interés general del país para salir de la crisis económica, de la caída vertiginosa del empleo (el Gobierno anuncia que extenderá los ERTEs), así como de la continua destrucción del tejido empresarial y crisis de los autónomos.

De esta manera el presidente Sánchez une a su ambición de permanencia en el poder el objetivo del interés general del país. Mientras la oposición del PP -en franca competencia con Vox y su anunciada moción de censura- se queda en una aislada posición y en espera de que, el fracaso presupuestario de Sánchez y el empeoramiento de la economía y el empleo, le ofrezcan a Pablo Casado una oportunidad de alternancia durante el hipotético adelanto electoral que, ahora, nadie está en condiciones de pronosticar.

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