Sánchez y Costa viajan este lunes a La Haya para tratar de persuadir a un Rutte abandonado por Berlín

Los líderes de España y Portugal acudirán este lunes a La Haya, como ya hicieron los de Francia e Italia, para intentar que el primer ministro holandés, Mark Rutte, ceda en sus estrictas exigencias para aprobar el fondo de reconstrucción post pandemia de la UE, que la austera Holanda, sin el apoyo ya de Berlín, ve demasiado generoso. El miércoles Sánchez se trasladará a Estocolmo para intentar acercar posiciones sobre el fondo europeo post-COVID antes del Consejo Europeo de los días 17 y 18.

Mientras el sur de Europa viaja hasta Países Bajos, la única persona que Rutte ha visitado es la canciller alemana, Angela Merkel, con quien se entrevistó en Berlín el pasado jueves para tratar de reconectar con un viejo aliado que los holandeses creen que los ha traicionado para acercarse más a la Francia del presidente Emmanuel Macron.

Por eso, la gran pregunta que se están haciendo todos los analistas en Países Bajos esta semana es si a Rutte aún le queda algo de esperanza e influencia en la Unión Europea, después de que se haya quedado en su discurso de austeridad sin Alemania, su tradicional aliado en Bruselas.

"La alianza germano-holandesa ha sido fuerte durante años. Tenían la misma visión en estos asuntos y, de repente, Berlín decidió que iba a hacer concesiones a la integración europea en lo que concierne al apoyo financiero, pero nadie avisó de esto a los holandeses. Les pilló por sorpresa", asegura a Efe Amy Verdun, profesora de Política y Economía europea en la Universidad de Leiden.

Al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y al primer ministro portugués, Antonio Costa, les espera un discurso claro en La Haya: los holandeses no tienen ninguna prisa por aprobar el fondo de recuperación en la cumbre del próximo 17 y 18 en Bruselas; no habrá dinero "gratis", sino préstamos que devolver, y cualquier paquete de ayudas irá con la exigencia de reformas nacionales.

Según fuentes del Ejecutivo, Sánchez acude a ver a Rutte con un mensaje claro: que el fondo no es un instrumento de solidaridad del norte hacia el sur, sino una herramienta para que toda la UE salga rápido de la fortísima crisis económica provocada por la pandemia.

El Gobierno español se niega a ver la discusión en términos estrictamente contables y subraya que lo que está en juego es el mercado interior de la UE, es decir, una recuperación que no sea asimétrica, la estabilidad de la Unión Europea incluso de cara a los mercados y, en último término, su peso como actor geopolítico.

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, lleva semanas tratando de transmitir que los países del norte, si bien reciben menos ayudas directas de la UE, se benefician mucho más del mercado interior.

El 60 por ciento de las exportaciones suecas van al mercado europeo, el 6 por ciento del PIB de Países Bajos procede del puerto de Rotterdam, que abastece al mercado interior europeo; Alemania vende el 60 por ciento de su producción automovilística en la UE y así una "lista muy larga", decía este miércoles en un desayuno informativo de Europa Press.

Pese a que el Gobierno no quiere hasta ahora hablar de concesiones el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ya ha presentado una propuesta que obligaría a ceder posiciones a todos. La propuesta incluye cambios sobre la condicionalidad de las ayuda, de manera que los programas nacionales de reformas tendrían que aprobarse por una mayoría cualificada de los Gobiernos.

Reformas internas como condición

Verdun subraya que Sánchez y Costa, como ya hicieron el presidente italiano, Giuseppe Conte, el pasado viernes y Macron a finales de junio, vienen a "aclarar por qué este fondo es tan importante, que Rutte entienda su argumento y perspectiva, y ver así si hay posibilidades de encontrar un término medio entre las posiciones de todos" los países europeos.

Antes de iniciar el fin de semana, el propio Rutte subrayó a la prensa que "en lo que respecta a Países Bajos, es imprescindible que se concreten las reformas" que harán los países que accedan al fondo de reconstrucción porque, lamentó, "ya hemos escuchado promesas sobre reformas económicas antes" que estos países no llevaron a cabo, en su opinión.

Para el liberal, "es muy importante" que se trabaje en las finanzas nacionales del sur y aseguró que los intentos de los líderes europeos de persuadirlo para que ceda no le suponen una "presión" para llegar a un acuerdo a finales de esta semana porque este primer ministro no está "hecho de plastilina, y puede lidiar" con Macron, Conte, Sánchez y Costa.

Rutte lidera un grupo formado además por Dinamarca, Austria y Suecia, también llamados los cuatro frugales, tacaños o austeros, aunque ellos se consideran los "sensatos", porque dicen que de eso va su reticencia a otorgar "donaciones" a los países más afectados por la COVID-19.

Aunque Rutte insiste en que esto no es "Holanda contra el resto" y que la UE está en pleno "debate", los "sensatos" exigen condiciones muy estrictas y reformas fiscales radicales a cambio de ayudas europeas para reconstruir las economías nacionales, en especial las de España e Italia.

Además de la posición siempre austera que defiende el grupo que lidera Holanda, la situación de la política interna y el contexto holandés en el que se están llevando a cabo estas negociaciones europeas determina la negativa de Rutte y su ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra, a ceder en sus condiciones para este fondo europeo.

Cuando los liberales de Rutte negociaron una coalición de gobierno en 2017 con los progresistas (D66), los democristianos (CDA) y Unión Cristiana (CU), acordaron no dar pasos hacia lo que llaman una "unión de transferencias", término que usan para calificar la "redistribución de riqueza" dentro de la Unión.

Rechazan los paquetes de rescate y la participación del Banco Central Europeo (BCE) en las crisis dentro de la UE.

"Dar luz verde a este fondo supone violar los términos del acuerdo interno entre los partidos en el Gobierno, que es la base política de la coalición. Y queda menos de un año para las elecciones generales: incumplir el acuerdo supone que los ciudadanos votarán contra este Gobierno por no haber cumplido con lo prometido", añade la analista.

A esos comicios generales, previstos para marzo de 2021, también concurrirán varios partidos euroescépticos que lograron un importante porcentaje de votos en diferentes elecciones locales celebradas recientemente con un discurso antieuropeo.

Un acuerdo de este tipo puede transferir votos desde las urnas de los liberales a las del ultraderechista Foro por la Democracia (FvD), liderado por Thierry Baudet, e incluso a las del Partido por la Libertad (PVV), de Geert Wilders, una amenaza por la que muchos partidos holandeses han mostrado su preocupación desde comienzos de este debate europeo.

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