Feijóo espera renovar la mayoría absoluta y Urkullu obtener la presidencia con una holgada victoria

Los candidatos piden una participación masiva ante el temor a la abstención en medio de la incertidumbre por los brotes

Los partidos políticos han pedido en el último día de campaña una participación masiva en las elecciones vascas y gallegas de este domingo, en la que la incertidumbre por los brotes y el miedo a votar por el coronavirus marca los comicios en el que unos y otros temen la abstención. Porque en lo que es el futuro resultado, la victoria del PP de Alberto Núñez Feijóo​ parece clara en Galicia, probablemente con mayoría, mientras que la del PNV en el País Vasco, con Iñigo Urkullu a la cabeza, parece más que un hecho y será con una holgada diferencia de votos, aunque en su caso todo parece indicar que tendrá que pactar, probablemente repitiendo Gobierno con el PSE.

Feijóo ha despedido la campaña, en su penúltima parada de la jornada, en A Coruña, con una llamada a los gallegos para que acudan a las urnas en un escenario marcado por el brote de A Mariña lucense y después de que varios partidos hayan propuesto suspender las elecciones en la zona. "¡Pido que en Galicia también gane la democracia sobre los que asustan a la gente!", ha proclamado.

Por su parte, Urkullu ha realizado en esa misma línea un llamamiento unánime a la participación a las urnas porque el 12-J "está en juego el futuro de Euskadi". "No tengo miedo, no tenemos miedo porque votar es seguro. Lo ha vuelto a confirmar la Junta Electoral", ha asegurado Urkullu en su último discurso de la contienda electoral.

La realidad es que el resto de candidatos, tanto en Galicia como en el País Vasco, también han pedido el voto, pero no de forma tan insistente como los dos que más se juegan, al saber que su victoria será clara ahora ante un futuro incierto.

Y es que, los brotes de coronavirus en España siguen en aumento, lo que ha provocado que se disparen los positivos, sobre todo por los focos de Lleida, hasta alcanzar los 333 en las últimas 24 horas, a las puertas de un fin de semana marcado por las elecciones en Galicia y País Vasco, donde los contagiados no podrán ir a votar.

Los ciudadanos que acudan a votar este domingo en las dos comunidades deberán ir con la mascarilla puesta y solo quitársela en caso de que se les requiera para comprobar su identidad, y deberán mostrar su DNI pero no entregarlo para evitar posibles contagios de coronavirus.

Ejercer el derecho al voto con garantías pasan en ambas comunidades por guardar distancia de seguridad, el uso de mascarilla, el lavado frecuente de manos, la limpieza y desinfección de superficies y lugares concurridos y en evitar aglomeraciones.

Los dos gobiernos regionales han indicado que no podrán ir a votar los ciudadanos contagiados y que no hayan superado la infección.

En el caso de Galicia, los contagiados deberán quedarse en casa y sus contactos sí podrán acudir al colegio, depositar la papeleta y acto seguido regresar a sus domicilios para seguir con la cuarentena.

De igual modo, el gobierno vasco ha recalcado este viernes que los ciudadanos con la infección activa no podrán votar el domingo y que los contactos estrechos con PCR negativa y que están en aislamiento preventivo lo deberán hacer con medidas de "extrema" seguridad, preferentemente con el voto preparado de casa y en las horas de menos afluencia.

En el País Vasco, quienes estén pendientes de conocer el resultado de una PCR deberán esperar a recibir la comunicación de Salud, si es negativo podrán votar y si es positivo no podrán ejercer el sufragio.

Las fechas, en pleno julio, también preocupan a los candidatos, ya que se cree que mucha gente que está ya de vacaciones, fuera de sus hogares, no ejercerá su derecho al voto. Eso, unido a los brotes y el miedo a votar pueden marcar una importante abstención.

Galicia

Los principales candidatos a la presidencia de la Xunta han apurado la campaña, hasta última hora, para tratar de recabar los últimos votos que les permitan poder cumplir con sus aspiraciones. La de Feijóo es alcanzar la cuarta absoluta y, la de sus rivales, sumar para una mayoría alternativa.

En las elecciones autonómicas de 2016, el PP obtuvo 41 escaños, por los 14 del partido instrumental En Marea, que con Luis Villares, un juez que ya está fuera de la política, aventajó entonces al PSdeG de Xoaquín Fernández Leiceaga, que cosechó las mismas actas pero con menos apoyo, 19,07% frente a un 17,88%. El BNG de Ana Pontón se había tenido que conformar con seis puestos.

En esta nueva contienda solamente repiten dos cabezas de cartel, Núñez Feijóo, por el PP, y Ana Pontón, por el BNG. El resto, se estrenan. Ciudadanos, con la periodista Beatriz Pino, aguarda su hueco en el Parlamento de Galicia, al igual que Vox, que no presenta aspirante al Gobierno porque, por ahora, solamente ansía acceder a la Cámara.

Todos estos políticos han hablado, pero este domingo serán las urnas las que lo hagan. Los gallegos y los vascos son los primeros comicios que se celebran tras la pandemia más grave de tiempos recientes y que no ha cesado.

Feijóo podría lograr cuatro mayorías absolutas consecutivas e igualar con ello el récord de su antecesor, Manuel Fraga, que falleció el 15 de enero de 2012.

Que Galicia tiene “mucho que ganar” y que necesita un gobierno que la defienda, y que sabe lo que es gestionar “con vacas flacas”, son dos de los mensajes más repetidos por el líder de los populares gallegos, al que se le pregunta frecuentemente si cumplirá los cuatro años de mandato en caso de que el 12J la ciudadanía renueve la confianza en él.

Sus respuestas van todas en la misma dirección, que no tiene más compromiso que defender Galicia, que es lo que siempre ha elegido y, parafraseando a la poetisa Rosalía de Castro, que es la tierra en la que él se crió. “Estoy aquí. Me examino el domingo”, ha sido una de las últimas observaciones al respecto del dirigente popular, padre de un niño que lleva su mismo nombre.

La alternativa gallega

El secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero, padre de dos hijos, no ha querido despegarse demasiado de la rueda ganadora del PSOE de Pedro Sánchez y ha exhibido sintonía y colaboración con el Gobierno central y con la dirección federal del partido, que le ha correspondido con un considerable despliegue de ministros y altos cargos.

En el cierre iba a estar arropado, si todo hubiese salido según lo previsto, por el propio líder nacional de su partido, pero un problema con el avión que debía llevarlo a Vigo ha impedido que así fuese.

Cuando se convocaron las elecciones de abril, posteriormente suspendidas por la pandemia, todo parecía encajar en el plan de Caballero para asaltar la Xunta. Convencido de sus posibilidades, se atrevía a vaticinar que la representación de los populares en el Parlamento gallego podría quedar reducida a 33 escaños.

Así se lo decían los datos internos, pero el brutal impacto del coronavirus en la sociedad y en la economía le ha obligado a modular su discurso e incluir un nuevo mensaje: la crisis que se avecina hace más necesario que nunca un gobierno progresista en Galicia que colabore de forma leal con Madrid y tome las medidas de avance que esta autonomía necesita.

Desde Ferraz y desde O Pino han intentado convertir estas elecciones gallegas, además de en una disputa por el control de la Xunta, en un plebiscito en el que los ciudadanos deben aprobar la gestión de la emergencia sanitaria realizada por parte del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Y ello cuando la nueva normalidad está todavía a prueba y amenazada por rebrotes como el de A Mariña.

En estas elecciones autonómicas tan solo recuncan dos candidatos con respecto a las anteriores: Alberto Núñez Feijóo y la líder del BNG, Ana Pontón, que encara el doble reto de acabar con la mayoría absoluta del PPdeG y liderar su alternativa.

Las expectativas del BNG poco tienen que ver con las de hace cuatro años, cuando celebraron seis escaños como una gran victoria; Ana Pontón (Sarria, 1977) es la gran responsable de que entonces no fuesen menos, así como de que ahora la formación nacionalista pueda aspirar de forma realista a liderar la oposición… o quizás un Gobierno. Algunas encuestas apuntan a un 'sorpasso' del BNG sobre el PSOE; otros sondeos, no.

Militante del BNG de toda la vida -empezó su andadura en Galiza Nova con 16 años-, Pontón, madre de la pequeña Icía, asumió el liderazgo de la formación nacionalista en sus horas más bajas, cuando la Alternativa Galega de Esquerda (AGE) del histórico dirigente nacionalista Xosé Manuel Beiras primero y En Marea después le arrebataron su tradicional espacio dentro de la izquierda.

La jornada electoral supone una reválida para el liderazgo de Antón Gómez Reino, asentado en Podemos Galicia tras su victoria interna sobre Carolina Bescansa en 2018 pero contestado internamente como referente autonómico del autodenominado ‘rupturismo gallego’.

La coalición Galicia en Común-Anova Mareas se formó al filo de una medianoche, a punto de expirar el plazo. El hecho de que algunos socios considerasen que sería mejor alguien más apegado al territorio y con un perfil distinto al de Tone, como se le conoce, casi arruina la gestión. De este candidato, padre de dos niñas, una nacida en Argentina durante el confinamiento y a la que todavía no conoce, se decía que había centrado su carrera política en Madrid, como diputado en el Congreso.

Pese a las reticencias, una llamada entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el histórico referente del nacionalismos gallego, Xosé Manuel Beiras, posibilitó la aquiescencia. La formación morada no figura en el nombre de la fraguada alianza.

Con todo, los resultados electorales serán el termómetro para medir la salud de un pacto que durante la pasada legislatura saltó por los aires en innumerables ocasiones con la consecuente ruptura del grupo de En Marea tras serias desavenencias. Este 12 de julio, paradojas de la vida, los antiguos socios van a batirse en duelo, al estar Galicia en Común por un lado y la Marea Galeguista por otro.

El confinamiento obligado por la situación sanitaria derivada de la COVID-19 sirvió a Francisco Casal Vidal, conocido como Pancho Casal y tres veces abuelo, para animarse y dar el paso, a última hora, de ser el candidato de la Marea Galeguista en las elecciones del 12 de julio.

Si los comicios se hubiesen celebrado en abril, este ingeniero eléctrico y productor cinematográfico no se hubiese presentado pero el enclaustramiento despertó en él el cosquilleo necesario para decidir retomar su vida política, la que creía haber dejado en un segundo plano.

Después de producir películas de la talla de 'Los lunes al sol' y de hacer crítica a través de Twitter en su sofá, lo que espera, de nuevo metido en arena, es contribuir a un gobierno de progreso.

País Vasco

El PNV se presenta como favorito para ganar las elecciones al Parlamento Vasco que se celebran este domingo ya que todas las encuestas auguran que mejorará sus resultados de hace cuatro años y aumentará los actuales 28 escaños que tiene en una cámara de 75 diputados.

Además, si como es previsible reedita su pacto con los socialistas, que también esperan mejorar sus 9 escaños, conseguirán una mayoría absoluta holgada que les permitiría gobernar con estabilidad la legislatura.

Los nacionalistas han ganado en todas las elecciones autonómicas celebradas desde hace cuarenta años, incluso en las de 1986, tras su escisión, en las que se impusieron en número de votos, aunque el PSE-EE le superó en escaños.

Por lo que dicen las encuestas la gestión de la crisis del coronavirus, lo sucedido en el vertedero de Zaldibar, las presuntas filtraciones en las oposiciones al Servicio Vasco de Salud o las denuncias de la oposición por contratos públicos irregulares con una empresa de un destacado miembro del PNV no pasarán factura a este partido, sino que parece que los vascos le respaldarán.

Se da por seguro que nacionalistas y socialistas, que gobiernan las principales instituciones vascas en coalición, repitan la fórmula que han mantenido en el Gobierno Vasco durante cerca de catorce años: la pasada legislatura y entre 1986 y 1998, con un breve paréntesis en este periodo.

PSE-EE Y PP, a olvidar el 2016

El último Parlamento Vasco ha estado formado por los 28 diputados del PNV, 18 de EH Bildu, 11 de Elkarrekin Podemos (Podemos, Ezker Anitza-IU y Equo), los 9 del PSE-EE y los 9 del PP.

Para estas dos últimas formaciones fueron unos comicios para olvidar, porque los socialistas sacaron sus peores resultados de la historia con 126.420 votos y los populares los peores desde 1990, con 107.771 apoyos.

Como novedad, a estas elecciones se presentaron Ciudadanos y Vox, sin que ninguno de ellos lograra representación, que tampoco tienen en la actualidad en ninguna institución vasca.

Los nacionalistas vascos confían en mejorar sus 28 escaños y el 37,60 % de los votos de hace cuatro años, algo que ya habían conseguido en varias de las once elecciones anteriores celebradas. Tocaron techo en solitario en los comicios de 1984, con 32 escaños y hasta 451.178 votos, algo más del 42 % de los sufragios.

El suelo electoral lo sufrieron en 1986, justo tras la escisión en la que nació Eusko Alkartasuna: se quedaron en algo más de 271.000 votos (el 23,7 %) mientras que EA logró 181.000.

La coalición entre ambas formaciones les otorgó algo más de 604.000 votos, casi el 43 % en 2001, cuando PSE-EE y PP, con Nicolás Redondo Terreros y Jaime Mayor Oreja, plantearon una campaña conjunta que, como reacción, movilizó a buena parte del nacionalismo, aunque la izquierda abertzale sacó el peor resultado de su historia tras la ruptura del alto el fuego de ETA.

EH Bildu, a consolidar su segunda posición

Se prevé que EH Bildu se consolide como segunda fuerza política, un puesto que ha ocupado en las dos últimas legislaturas.

Las distintas marcas de la izquierda abertzale, Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, el Partido Comunista de las Tierras Vascas y EH Bildu, se han presentado a todas las elecciones vascas excepto a las del 2009 tras su ilegalización por la Ley de Partidos.

Los mejores resultados los lograron en 2012, con 277.923 votos y un 25 %, tras el cese definitivo de la actividad terrorista de ETA en octubre del año anterior y con su regreso a la contienda electoral tras superar su ilegalización. El peor, en 2001, con el 10 %, después de que ETA rompiera el alto el fuego que mantuvo catorce meses desde la firma del Pacto de Estella.

La coalición de Podemos y Ezker Anitza-IU tratará de aprovechar el tirón de la presencia de la formación morada en el Gobierno español y así poder mantenerse como la tercera fuerza que alcanzó en 2016, primera vez que concurrieron a unos comicios al Parlamento Vasco, donde irrumpieron con 11 escaños, aunque las encuestas prevén que ese puesto se lo arrebate el PSE.

Habrá que ver si la crisis vivida en el seno de Podemos Euskadi con elección de Miren Gorrotxategi como candidata a lehendakari, la dimisión de la dirección autonómica del partido y la salida de Equo de la coalición les pasa factura mañana.

Aunque son comicios muy diferentes en Euskadi a la hora de comparar datos, en las elecciones generales del 10-N del año pasado la coalición logró 25.000 apoyos más de los que tuvo a la Cámara de Vitoria en 2016.

EL PSE-EE, ¿tercera fuerza?

Los socialistas vascos, que parten de su suelo electoral con algo más de 126.000 votos y un 12 %, esperan mejorar su posición en el Parlamento Vasco y convertirse en tercera fuerza aprovechando el tirón del Gobierno de Pedro Sánchez y, sobre todo, rentabilizar su coalición con el PNV en el Ejecutivo autonómico, las diputaciones forales y los ayuntamientos de las tres capitales.

Sus mejores resultados los obtuvieron en 2009, en las elecciones a las que no se pudo presentar la izquierda abertzale, cuando lograron 318.112 votos, el 30,7 %, y que, gracias a un acuerdo con el PP, aupó a Patxi López como lehendakari.

También tuvo oportunidad de ocupar Ajuria Enea el socialista Txiki Benegas tras los comicios de 1986, cuando consiguieron dos escaños más que el PNV, que fue el que ganó los comicios en votos, pero las exigencias de EA frustraron un posible tripartito con Euskadiko Ezkerra.

La suma o no de PP y Cs...y Vox

El espacio tradicional de centroderecha constitucionalista en Euskadi volverá a concurrir junto estas elecciones después del acuerdo alcanzado por el PP y Ciudadanos, coalición a la que las encuestas no les dan buenas expectativas.

Los populares esperan recuperarse de las horas bajas en las que se encuentran en el País Vasco, donde ininterrumpidamente van perdiendo apoyos en unas autonómicas desde hace 19 años, aunque la situación interna vivida tras la destitución de Alfonso Alonso como candidato y su posterior dimisión como presidente del partido, podría lastrar sus expectativas electorales.

Fue en las elecciones de 2001 cuando tocaron techo electoral en Euskadi. Sus casi 327.000 votos, el 23 % de los sufragios, colocaron al PP como segunda fuerza en el Parlamento de Vitoria.

Su suelo, 2016, cuando se vieron perjudicados por la participación de Ciudadanos en los tres territorios, que se quedó con 21.477 votos, pero sin escaños.

La formación de extrema derecha liderada por el alavés Santiago Abascal no figura en las encuestas con escaño en el Parlamento Vasco, pero el último Sociómetro del Gobierno Vasco le daba el 2,5 % de los votos en Álava. La ley electoral sitúa en el 3 % el mínimo para poder conseguir escaño por cada una de las tres circunscripciones, por lo que aunque parece improbable, Amaya Martínez podría salir elegida. Hace cuatro años se presentó solo por Álava y consiguió 771 votos, tan solo el 0,07 %.