El escándalo de Iglesias y Cataluña le complican a Sánchez los PGE y la estabilidad del Gobierno

El vicepresidente critica al juez García-Castellón y llama ‘gentuza y tipejos’ a los medios y periodistas que investigan el caso de Dina Bousselham

Después de las optimistas declaraciones del jueves a su Cadena preferida, La Sexta TV, en las que el Presidente Pedro Sánchez dio por hecho que tiene garantizada la legislatura, el presidente decidió suspender la rueda de prensa del Consejo de Ministros -algo insólito y nunca visto- por miedo a que se convirtiera en avalancha de preguntas sobre el creciente escándalo de Pablo Iglesias relativo a la investigación judicial sobre la desaparición y destrucción de la tarjeta del teléfono móvil de la que fue su compañera en el Parlamento Europeo Dina Bousselham.

Poco después, Sánchez convocó en los jardines de La Moncloa una sesión fotográfica, y sin contenido político ni económico, con los sindicatos y los dirigentes de la patronal para aparentar normalidad en el ‘diálogo social’, pero el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, le estropeó la fiesta al criticar los planes de Sánchez de propiciar una fuerte subida de impuestos.

A la vez, en la ‘Comisión de reconstrucción’ del Congreso de los Diputados, Sánchez tampoco logró un acuerdo con el PP, mientras que sus relaciones con los nacionalistas vascos y catalanes sufrían un descalabro al criticar el PNV la subidas de impuestos y ERC su acercamiento a Cs. Partido al que, por otra parte, descalificó Iglesias poniéndose del lado de ERC.

Con esta situación resulta imposible pensar en que Sánchez consiga unos Presupuestos para 2021 y en consecuencia la estabilidad de la legislatura. Y este espectáculo de fractura política nacional le impide transmitir a Sánchez en la UE la imagen de unidad política en España.

La que había intentado plasmar de cara al Consejo Europeo de los días 17 y 18 próximos donde la UE debería aprobar los Fondos para la recuperación económica europea, tras el duro impacto de la pandemia del Covid-19 en el territorio de la UE y especialmente en España y Portugal.

Pero la noticia del momento que causa furor en el debate político español es el caso de la tarjeta del móvil de la famosa Dina que Iglesias se la devolvió con seis meses de retraso y destrozada. Según Iglesias para ‘proteger’ a Dina por ser una ‘mujer de veintitantos años’ -lo que revela un deje machista y paternal- como el propio Iglesias afirmó en RNE.

Declaraciones en las que Iglesias lanzó alusiones críticas al juez García-Castellón -que investiga los posibles delitos de Iglesias de ‘revelación de secretos y destrucción de material informático’- diciendo del juez: ‘parece que algunos quieren que los responsables de las cloacas se vayan de rositas’, en alusión al comisario Villarejo.

Unas declaraciones en RNE en las que Iglesias ocultó las filtraciones de la Fiscalía (que están siendo investigadas) a su abogada y negó que él hubiera roto la tarjeta en contra de lo que Dina declaró ante el juez. Pero la cosa no quedó ahí en dicha entrevista sino que el vicepresidente del Gobierno, tras descalificar al juez llamó ‘gentuza y tipejos’, a los medios y periodistas que han publicado e investigado los hechos.

Lo que sin duda fue otro argumento más para que Sánchez suspendiera el viernes la rueda de prensa del Consejo de Ministros porque estaba claro que la ministra portavoz, María Jesús Montero, siempre acostumbrada a utilizar ese estrado para atacar al PP, iba a recibir toda una avalancha de preguntas sobre Iglesias, como pasó con motivo de las flagrantes mentiras del ministro Marlaska a propósito del coronel Pérez de los Cobos.

Iglesias se encabrita, está furioso y la Oposición no afloja el cerco y lo cose a preguntas en el Congreso pidiéndole que declare en una Comisión de Investigación. A lo que el vicepresidente, desarbolado, responde diciendo que si esa Comisión avanza también deberá declarar la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría en relación con a la ‘policía patriótica’ de los tiempos de Mariano Rajoy. Amenaza de Iglesias que desvela su debilidad.

Y Sánchez encantado y el declive catalán

Pero todo esto a Sánchez no le viene mal porque, lejos de quitarle el sueño, el escándalo de Iglesias y su ataque a los periodistas -Pablo Echenique se lió a palos con Vicente Vallés, de Antena 3 TV- al presidente le conviene para  bajarle los humos al vicepresidente en el Consejo de Ministros y pedirle que sea menos exigente con Cs.

Pero el jefe de Podemos no se va a amilanar y amenaza con disfrazarse de Sansón para derribar, si hiciera falta, el gobierno de coalición en el caso de que Sánchez no lo ampare y la retire apoyos.

Y buena prueba de todo esto radica en que Iglesias ha vuelto a cargar en contra de Cs -partido que también le pide a Podemos explicaciones por el caso Dina- y le exige a Sánchez que busque el pacto de los PGE con ERC y se olvide del partido de Arrimadas.

Sin embargo la relación de La Moncloa con ERC en particular y con el resto del gobierno catalán no es buena en este momento porque no hay fecha para la Mesa de Diálogo, que Sánchez prometió en julio para después de las elecciones gallegas y vascas del día 12, o puede incluso que para después del Consejo Europeo del día 18. Cita en la que España espera que se aprueben los fondos de recuperación económica de la UE.

Además la Mesa de Diálogo no se reunirá al máximo nivel, es decir, no irán ni Sánchez ni Torra, y tampoco se espera que en ella se acuerden cuestiones de importancia, como la ‘consulta’ catalana para la autodeterminación o los indultos a los golpistas condenados, que están accediendo al ‘tercer grado’ ante el silencio de la fiscalía y del Tribunal Supremo.

A Sánchez le viene todo bien, que Iglesias tenga problemas y Puigdemont ande a palos desde Waterloo con sus compañeros del PDeCAT, partido que el prófugo quiere disolver para meterlo en JxCAT y que se resiste a dicha operación.

Lo que, sumado a la muy reciente fundación del nuevo Partido Nacionalista de Cataluña (PNC) que lidera Marta Pascal en una línea moderada catalanista, hace que los herederos de la antigua CiU, de los Pujol y Durán i Lleida, se hayan escindido en cinco partidos: PDeCAT, JXCAT, PNC, Units y Crida.

Y si todos ellos de presentan a las elecciones catalanas del otoño está claro que en el bando soberanista ganará ERC. Sobre todo si para entonces Sánchez ha concedido el indulto a Junqueras para que sea candidato y poder así enfrentarse a su ahora enemigo Puigdemont que sí se piensa presentar aunque luego no recogerá el acta de diputado.

Las luchas entre los partidos soberanistas, las condenas de la Justicia y las crisis económica y sanitaria (ayer Torra confinó a más de 200.000 personas en Lérida) está liquidando el proceso independentista catalán y dejando a Puigdemont cada vez más solo y aislado. Y más aún si Sánchez empieza a conceder indultos a los golpistas condenados porque las medidas de gracia quedarán excluidas para los prófugos de la Justicia como Puigdemont.

Pero incluso el desbarajuste del soberanismo catalán le impide a Sánchez vislumbrar un pacto con ERC antes de las elecciones catalanas que nadie sabe cuándo serán y que incluso se podrían adelantar a septiembre a tres de que el 17 de ese mes el Tribunal Supremo inhabilite al presidente Torra.

Son demasiados problemas a la vez y alianzas contradictorias de Sánchez lo que le impide presumir de PGE, de legislatura garantizada y de estabilidad. El presidente Sánchez sigue bailando en la cuerda floja y a día de hoy nada tiene garantizado para continuar un año más en el poder. Y, además, teme los rebrotes de la crisis sanitaria y el estallido en el otoño del cierre de cientos de empresas y de una avalancha de paro en toda España. Y en ese caso -que le pregunté Sánchez a Zapatero- será el Gobierno el que pagará el precio de la indignación nacional. ‘Piove, por otra Governo’ dicen en Italia, pues en España será igual.

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