EN TROMBA

Marlaska mintió

El ministro Fernando Grande-Marlaska mintió. El que fuera juez de la Audiencia Nacional no dijo la verdad, a sabiendas, cuando fue preguntado sobre los motivos del cese del coronel Diego Pérez de los Cobos al frente de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. El todavía ministro dijo el 29 de mayo en el Senado que su salida se debía a una reestructuración ya planificada de antemano y negó que estuviera relacionada con el rechazo del coronel a entregar el informe realizado por sus agentes, en funciones de Policía Judicial, en relación con el 8-M.

Dijo Marlaska, por dos veces y con esa prepotencia que le caracteriza, que ni él mismo, ni nadie del Ministerio, ni nadie de la Guardia Civil le pidió el famoso informe ni tan siquiera que se enterara de su contenido e insistió en que el cese de Pérez de los Cobos estuvo motivado, dijo textualmente, por una “redefinición de equipos”. Sin embargo, el 24 de mayo, cinco días antes de que el todavía ministro mintiera en el Senado, María Gámez, directora general de la Guardia Civil, había notificado por escrito el cese a Pérez de los Cobos “por pérdida de confianza de esta Dirección General y del Equipo de Dirección del Ministerio del Interior por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil en el marco operativo y de Policía Judicial con fines de conocimiento”.

Según el citado documento, que ha sido publicado este martes en exclusiva por El Confidencial, María Gámez deja patente que el cese está motivado no por una “redefinición de equipos” sino porque el coronel Diego Pérez de los Cobos ha perdido la confianza suya y del “Equipo de Dirección del Ministerio del Interior” por no informar de las investigaciones y actuaciones de la “Policía Judicial con fines de conocimiento”. Pocas veces un ‘oficio’, que por principio suele ser aséptico, enrevesado e ininteligible, ha sido tan rotundamente  claro. Y pocas veces la lectura de un oficio retrata tan claramente a los personajes de este dislate.

Este documento deja al descubierto las mentiras del ministro del Interior. Mentira número 1: Marlaska habló en sede parlamentaria de una “redefinición de equipos” y María Gámez firmó el “cese” por “pérdida de confianza” suya, del ministro y del equipo de Interior. Mentira número 2: Marlaska dijo en el Senado que ni él mismo, ni nadie del Ministerio, ni nadie de la Guardia Civil le pidió al coronel información alguna; pero el cese de Pérez De los Cobos refleja claramente que fue fulminado por “no informar” a Interior del desarrollo de “investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil en el marco operativo y de Policía Judicial”.  Está claro que si es castigado “por no informar” se sobreentiende que alguien le había preguntado antes y que el coronel se habría negado a informar.

Negro sobre blanco queda el motivo por el que Marlaska fulminó a Pérez de los Cobos. El texto del cese –no me extrañaría que el que redactó semejante maravilla quisiera que se supiera toda la verdad– podía haber sido mucho más ambiguo, generalista o haber hablado exclusivamente de ‘pérdida de confianza’ y punto. Pero no: María Gámez o quién fuera se vino arriba y puso por escrito toda la verdad de lo sucedido: que era expulsado del paraíso por no entregar el informe realizado por dos agentes de la Guardia Civil sobre la actuación del delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, al haber permitido la marcha del 8-M en la capital.

El informe lo había solicitado la titular del Juzgado 51 de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, y había exigido expresamente a los citados agentes que lo realizaron que le debían informar única y exclusivamente a ella de todas las pesquisas y nunca, bajo ninguna circunstancia, a sus jefes. El artículo 126 de la Constitución señala: “La Policía Judicial depende de los Jueces, de los Tribunales y del Ministerio Fiscal en sus funciones de averiguación del delito y descubrimiento y aseguramiento del delincuente en los términos que la ley establezca”. O lo que es igual: que los agentes, ya sean Policía Nacional o Guardia Civil, están trabajando como Policía Judicial y dependen única y exclusivamente de los jueces, los tribunales y la Fiscalía.

Es evidente que Grande-Marlaska pretendía cambiar toda la cúpula de la Guardia Civil, y con ella a Pérez de los Cobos porque así lo quería ERC desde el referéndum independentista del 1-0, pero también lo es que no lo quería hacer ni ahora ni de estas maneras. Algunos compañeros del ex juez afirman que todo es obra de un calentón: “Él no puede concebir que un guardia civil se niegue a cumplir una orden suya, tenga el rango que tenga; no le entra en la cabeza. Él sabe que lo que ha hecho es una barbaridad y que sus compañeros de carrera lo tienen ya señalado. Lo sabe pero ya no puede volver atrás porque el ridículo sería espantoso para alguien que tiene tan buen concepto de sí mismo como lo tiene Fernando Grande-Marlaska”.

No es la primera vez que el actual ministro del Interior tira de la “pérdida de confianza”  para tomar decisiones políticas. En agosto de 2018, poco después de su llegada al ministerio, fulmino a Manuel Sánchez Corbí, coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO). Aunque es verdad que algunos superiores de Corbí recelaban de su excesivo protagonismo, la auténtica motivación del cese fue servirle su ‘cabeza’ en bandeja al PNV, partido que siempre vende muy caro sus apoyos de todo tipo, especialmente cuando resulta imprescindible su apoyo.

Los nombres de Diego Pérez de los Cobos y de Carmen Rodríguez-Medel, el coronel cesado y la magistrada del ‘caso 8-M’, han sido marcados en rojo por todos aquellos que sólo ven teorías de la conspiración en cualquier crítica contra la acción del Ejecutivo o de algunos de sus miembros. Se olvidan sus detractores que el coronel de la Guardia Civil estuvo trabajando con Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando éste fue responsable de Interior desde 2006 hasta 2011; que el socialista se lo llevó al Ministerio nada más aterrizar y que estuvieron juntos hasta el último día. Y se olvidan también que Rodríguez-Medel acabó con Cristina Cifuentes y que estuvo muy cerca de acabar también con Pablo Casado.

Claro que también puede pasar que todo sea culpa, única y exclusiva, de la jefa de la Guardia Civil. Qué redactara el citado ‘oficio’ a escondidas y sin consultarlo con su jefe, que todo lo que pone en él sea cosa suya y de su delirante imaginación ya que el ministro sería incapaz de saltarse la Constitución o de forzar a otros a que lo hicieran o de jugar a su antojo a eso tan sagrado que es, o al menos lo era, la separación de poderes…

Algo tiene que pasar y si no pasa, que es lo más probable, es que realmente estamos mucho peor de lo que nos imaginamos.