Madrid, al borde del hoyo y la espada

El Gobierno levantará el castigo que pende sobre Madrid. El vaso pasará de estar medio vacío a estar medio lleno y la capital y su comunidad dejarán de estar de rodillas contra la pared. Tras dos semanas de penitencia, políticos disfrazados de científicos han levantado el pulgar tras hacer trampas al solitario, las mismas que hicieron estos mismos políticos disfrazados de científicos las pasadas semanas. Siguiendo con la política de máxima opacidad anunciada por el presidente, con criterios heterogéneos y subjetivos para todo el país y que por supuesto no están al alcance de nadie, Madrid ha conseguido, por fin, pasar de la Fase 0,5 –que no existía cuando se regularon las diferentes fases– a la Fase 1.

Como siempre a lo largo de su historia, Madrid sigue durmiendo al borde del hoyo y la espada, como escribió un campesino llamado Miguel Hernández. Ahora, con demasiados cadáveres a sus espaldas, se ha convertido en un gran campo de mascarillas sobre el que dirimen sus cuitas un presidente que parece mirar siempre torcido, y que ha castigado a la capital por impertinente y respondona, y una presidenta atrabiliaria, gritona y virginal que trata de esconder sus apartamentos y sus muertos, los simbólicos y los otros,  enfrentándose a los molinos.

Y en este campo de minas, el inquilino de la Moncloa parece empeñado en decirle a todo el mundo que el mal habita en Madrid y va de la mano del trifachito; y la inquilina de la Puerta del Sol, revestida de Santa María de la Cabeza, manda a sus soldaditos de plomo a que se levanten contra el tirano ‘socialcomunista’. Y así ambos mantienen en alto el espíritu de sus pactos de gobierno y engordan sus egos a costa de los enemigos que atesoran y de un antagonismo que es, en sí mismo, más mortal que el virus que nos acecha sin descanso. Que cansino. Otra vez las dos Españas tratando de rentabilizar en votos esta polarización que nos lleva persiguiendo desde mucho antes de nacer. Leo en Twitter  a un amigo periodista: “Se habla mucho de las dos Españas, pero hay tres: los unos, los otros y los que miran con estupor a ambos lados”.

Los del estupor miramos ahora a Madrid y vemos a los unos y a los otros enfrascados con esto de las fases. O lo que es igual, vemos a políticos disfrazados de científicos repartiendo el paso de una fase a otra. La falta de criterios objetivos hace que todo sea posible o   imposible en función de los intereses creados. Y Pedro Sánchez tiene muchos intereses y pocos diputados. Y todo tiene un precio, y si yo te apoyo para ampliar el Estado de Alarma tu me pasas de Fase ¿no? Y si somos del mismo partido, no nos vamos a pisar la manguera ¿no?

Lo de Madrid no fue tanto una injusticia como un agravio comparativo. Ministerio y Comunidad han mezclado con solvencia argumentos y manipulaciones a partes iguales. Algunos expertos señalan que no estuvo exenta de lógica mantener a Madrid en la Fase O,  pero por unos criterios que no fueron los que argumentó el Gobierno central. Para los expertos, la ubicación de Madrid en el centro de la península, su interrelación con el resto del territorio y ser la principal puerta de entrada del país la convertían en especialmente vulnerable. Incluso podían haber destacado, sin equivocarse, un cierto déficit en la atención primaria y la falta de recursos humanos, como ha denunciado hasta el Colegio de Médicos de Madrid.

Pero el rechazo vino por otras cuestiones. Cuestiones que en otras comunidades no gobernadas por el Partido Popular resultaron secundarias en Madrid fueron determinantes. En el intercambio de misivas entre Sanidad y la Comunidad quedó de manifiesto que la importancia de la densidad de población depende mucho de los intereses del Ejecutivo. Argumentar que los 5419 habitantes por kilómetro cuadrado de Madrid podían favorecer “una elevada tasa de contacto entre personas, con la consiguiente probabilidad de transmisión” suena a chiste en tiempos de pocas bromas cuando comprobamos que Cádiz (9597), Bilbao (8295), Pamplona (7851), A Coruña (6452) y Valencia (5850), con una densidad mayor, ya están en la Fase 1. El agravio comparativo era evidente.

Y volvía a serlo cuando Sanidad hablaba de la Incidencia Acumulada (IA) de la Comunidad de Madrid. Argumentaba el equipo de Illa que la IA de los últimos 14 días  –desde finales de abril hasta el 13 de mayo– era de 39,75 por cada 100.000 habitantes, muy superior a la del conjunto de España. Pero se olvidaba de explicar por qué decidieron pasar a la Fase 1, en la primera tanda, a Navarra, La Rioja y al País Vasco cuando tenían una IA de 64, 63 y 40, respectivamente, muy por encima de la media nacional y de la que tiene Madrid.

Que los datos están para que los políticos disfrazados de científicos jueguen con ellos también es evidente cuando el ministerio hablaba de la IA a lo largo de toda la pandemia. Castigaron a Madrid por duplicar la media nacional pero se olvidan de que La Rioja casi la triplicaba, que País Vasco, Navarra y Castilla-La Mancha, aprobaron con unos datos muy por encima de la media nacional y que incluso se permitió que gran parte de los territorios de Castilla y León y Cataluña pasara a la Fase 1 con datos también estaba muy por encima de la media. El motivo del ‘castigo’ estuvo siempre en el famoso artículo 33.

Madrid les sigue viniendo muy grande a los socialistas. Perdieron el Ayuntamiento hace 31 años y la Comunidad hace 25 y desde entonces siguen caídos en el hoyo y sin espada y su deambular por ambas instituciones ha sido testimonial, salvo cuando el ‘tamayazo’ impidió gobernar a Rafael Simancas. Y si no fueron capaces de reconquistar ni Cibeles ni la Puerta del Sol el pasado año, cuando la corrupción de los populares inundaba todas las esquinas de Madrid y sus alrededores, el problema radica en que los ciudadanos no se fían de la calle Ferraz.

A Pedro Sánchez, que fue concejal en la capital con Trinidad Jiménez, no le importa demasiado que se le note su desdén hacia Madrid. Su liga es otra y si no le ha importado pactar primero y traicionar después, en apenas 24 horas, a PNV, Ciudadanos y Bildu, menos le va a importar lo que piense una comunidad que no le tiene como hijo predilecto. Si hasta Casado le ganó en la capital en las pasadas generales.

Simancas lanzaba un tuit este miércoles en el que preguntaba: “¿De verdad hay responsables públicos capaces de poner en riesgo la salud y la vida de nuestras familias por puro cálculo partidista?”. ¡Qué susto! Por un segundo, sólo por un segundo, y visto lo visto con la ‘compra venta’ de las fases de la desescalada pensé que se refería a su jefe.