Don Fernando y la ‘pasta’ del Rey emérito

Ahora que el emérito ha vuelto a la andadas me acuerdo de don Fernando, don Fernando García, funcionario de la Tesorería de la Seguridad Social en Gijón. Aunque en honor a la verdad habría que decir que el Rey emérito siempre ha estado en las andadas, que no le hacía falta volver porque realmente nunca se apartó del camino. Que lo que ahora estamos sabiendo –algo, migajas posiblemente– es lo que estuvo haciendo mientras era Jefe del Estado.

Y aunque no deja de ser sorprendente lo productiva que ha sido esta pandemia en cuanto al conocimiento de informaciones relacionadas con las muy dudosas actividades financieras del emérito –los 100 millones de dólares de Arabia Saudí a mediados de marzo y el 1,9 millones de Bahréin estos días–, no deja de ser igualmente cierto que la rápida reacción de su hijo, el rey Felipe VI, tras la primera información, parece indicar que el dinero debe ser contante, sonante y bastante turbio y que todo esto sólo ha servido para confirmar algo que el actual Jefe del Estado ya debía llevar mucho tiempo sospechando.

Justo cuando entraba en vigor en España el Estado de Alarma a causa de esta maldita pandemia, Tribune de Genéve, entre otros medios, publicaba que “el 8 de agosto de 2008, cuando España se hundía en la crisis financiera, el entonces soberano recibió una donación suntuosa y secreta: 100 millones de dólares”. La donación, añadía el rotativo suizo, le llegó del entonces rey de Arabia Saudí Abdallah bin Abdulaziz, fallecido en 2015, a través de su Ministro de Finanzas. Según lo investigado, dicha cantidad habría sido depositada en una cuenta abierta en el banco privado Mirabaud, a nombre de la Fundación Lucum, una entidad panameña de la que el todavía Rey emérito es beneficiario.

El pasado 15 de marzo, horas después de salir a la luz los 100 millones de dólares y de que los  españoles empezáramos nuestro confinamiento, el rey Felipe VI emitía un comunicado en el dejaba entrever que cortaba todo lazo con su padre. Le quitaba la asignación que tenía fijada en los Presupuestos de la Casa Real, y tanto él como su mujer y sus dos hijas se borraban de cualquier herencia dudosa en la que pudieran aparecer como beneficiarios a la muerte del emérito. O lo que es igual: el actual Jefe del Estado –que ha recibido una monarquía seriamente dañada de su antecesor– no quería saber nada de ese dinero de origen turbio que ganó su padre haciendo horas extras cuando los españoles pensábamos que era Jefe del Estado a jornada completa…

Y ahora es cuando vuelvo a recordar a don Fernando García, porque también a mediados de marzo, pocos días después de la refriega en Zarzuela, este buen hombre, al que no tengo el gusto, subió un vídeo a las redes sociales en el que decía que lo de aplaudir a las 20 horas estaba muy bien pero que “había que comprometerse un poco más allá sobre todo pensando en el panorama económico, social y laboral que tendremos por delante cuando este virus cabroncete sea derrotado”. Y a continuación anunciaba que él iba a donar sus dos pagas extras de 2020, “apenas unos 3000 euros mal contados” para ayudar a los más necesitados, a la vez que invitaba a otros muchos a sumarse a la iniciativa.

Entre estos muchos estaban todos los que imaginarse puedan. Desde los grandes empresarios de este país hasta todos aquellos funcionarios y jubilados que pudieran permitírselo, pasando por los deportistas de élite “que ya han pagado su hipoteca”, artistas “cuya clientela  somos todos” y “comunicadores de referencia”, y continuar con concejales, parlamentarios, secretarios de Estado, directores generales, alcaldes y ministros: “No podemos quedarnos mirando unos a otros esperando que sea el vecino el que de el primer paso”, decía don Fernando en el vídeo.

Y finalizaba con la ‘pasta’ del emérito, con esos 100 millones de dólares que recibió en 2008 y que acababan de hacerse realidad: “Coge esa pasta y métela en Hacienda”, le insiste don Fernando y le recuerda que ya en abril de 2012 pidió perdón tras la cacería en Botsuana con Corinna y dijo entonces que nunca más: “Dijiste que te equivocaste, que lo sentías mucho y que no volvería a ocurrir, y ha ocurrido una vez más; puedes aliviarlo, estás al final, no salgas por la puerta de atrás, pónselo fácil a la Historia, nunca más tendrás otra ocasión como esta, mete en Hacienda el dinero. ¿Si ni tu hijo lo quiere para qué lo quieres tu?”.

Este 1 de mayo don Fernando habrá recordado, con más motivo si cabe, eso de ‘coge la pasta y métela en Hacienda’. El citado día se tuvo conocimiento de una nueva hazaña del ínclito: fuentes jurídicas procedentes de Suiza informaban de que el 7 de abril de 2010 el  emérito entregó 1.895.250 dólares en efectivo al gestor de su cuenta suiza en la banca Maribaud –la de los 100 millones– para que se lo ingresara en la misma. Según le contó el citado gestor, Arturo Fasana, al fiscal jefe del cantón de Ginebra en octubre de 2018, era una donación del rey de Bahréin a su colega español, cuando éste todavía ocupaba la Jefatura del Estado. El abogado y gestor financiero –que está siendo investigado por blanqueo de capitales– dijo también que el monarca le llevó personalmente este dinero a su domicilio particular en Ginebra en una maleta. Cuando el fiscal le preguntó a Fasana el por qué de dicha donación, éste respondió que el ahora emérito “era una persona muy apreciada en los países del Golfo”.

Y a partir de aquí todo el circo de múltiples pistas –en el que no se descarta algún triple salto más– que ha ido acompañado en los últimos tiempos al que fuera Jefe de Estado desde 1975 hasta 2014: Corinna, comisiones, AVE, negocios, negocietes, cacerías, amoríos, Suiza, más comisiones, más empresas españolas, mucho mundo árabe, más paraísos fiscales, más Corinna… Un circo que en estos tiempos de confinamiento y amargura, de muerte y desdicha, no hace reír a nadie: no son horas para payasos sin gracia.

En los últimos segundos de su mensaje, don Fernando García, el buen funcionario de la Tesorería de la Seguridad Social en Gijón que va a donar los ‘3.000 euros mal contados’ de sus dos ‘extras’ de este año, señala, tras pedirle una vez más al emérito que coja su dinero y lo deposite en el erario, que “no se trata de sermonear, ni de medir a nadie, ni de poner en evidencia, ni de juzgar; quien pueda y quiera…”. Pues eso.