Francia confiscó un millón de mascarillas destinadas a España durante quince días

El material no fue distribuido en su momento porque el Gobierno galo dictó una orden mediante la cual podía requisar material de protección en todo su territorio

Francia se ha visto en el centro de un enfrentamiento diplomático con Suecia tras incautar a principios de marzo un cargamento de 4 millones de mascarillas fabricadas en China por la empresa sueca Mölnlycke, una de las compañías más importantes del sector médico especializado en material desechable. El pedido estaba destinado en parte a España e Italia, los dos países más sacudidos por la pandemia del coronavirus en el mundo con decenas de miles de contagiados.

Según ha revelado esta semana el semanario francés L’Express, Mölnlycke estaba preparada para distribuir desde su sede en Francia en la ciudad de Lyon el cargamento con los cuatro millones de mascarillas que habían llegado en barco a Marsella desde China. Sin embargo, el material no fue distribuido en su momento porque el Gobierno galo dictó una orden mediante la cual podía requisar material de protección en todo el territorio. Así las cosas, las mascarillas estuvieron retenidas hasta quince días en Lyon.

Solo la intervención del Gobierno sueco permitió, dos semanas más tarde, liberar el cargamento y entregar a España e Italia sus pedidos, de un millón de mascarillas cada uno, según L’Express. Después de esto, Mölnlycke ha decidido recibir sus pedidos en Bélgica para evitar “las requisas arbitrarias de Francia”, ha defendido la compañía.

Las tensiones entre países y la competitividad por hacerse con material de protección clave en la lucha contra el coronavirus se ha dejado sentir también en varias regiones de Francia, donde algunos departamentos han denunciado no haber recibido pedidos masivos de mascarillas después de que los estadounidenses se hicieran con ellos pagando más.

“Pagamos en la entrega porque queremos ver las mascarillas mientras que los estadounidenses pagan en efectivo tres o cuatro veces más y sin verlas, lo que es más atractivo para quienes buscan únicamente hacer negocio con el sufrimiento del mundo entero“, denunció la presidenta de la región parisina, Valérie Pécresse.