Los dientes de los australopithecus no se dañaban pese a comer alimentos duros

Los alimentos de plantas duras, como la cáscara de las nueces o las semillas, podrían haber constituido una parte más importante de la dieta de los primeros antepasados humanos de lo que se cree actualmente, según un nuevo estudio experimental de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos). Sin embargo, ni siquiera comer estos productos tan consistentes dañaba el esmalte de sus dientes.

Los científicos suelen analizar el daño microscópico en los dientes para hipotetizar sobre la dieta de un animal a lo largo de su vida. Esta nueva investigación, que utiliza experimentos que observan las interacciones microscópicas entre las partículas de alimentos y el esmalte, demuestra que incluso los tejidos vegetales más duros apenas desgastaron los dientes de los primates.

“Encontramos que los tejidos vegetales duros apenas influyen en las texturas de microdesgaste de los dientes. Tradicionalmente, se cree que comer alimentos duros daña los dientes al producir fosas microscópicas. Pero si los dientes no muestran fosas y cicatrices elaboradas, esto no necesariamente descarta el consumo de alimentos duros”, explica Adam van Casteren, el líder del estudio, que se ha publicado en la revista ‘Scientific Reports’.

Los humanos se diferenciaron de los simios no humanos hace unos siete millones de años en África. El nuevo estudio aborda un debate continuo sobre lo que comían algunos de los primeros ancestros humanos, los australopithecus. Estas especies de homínidos tenían dientes y mandíbulas muy grandes, y probablemente enormes músculos para masticar.

“Todos estos atributos morfológicos parecen indicar que tenían la capacidad de producir mucha fuerza de mordedura y, por lo tanto, probablemente se alimentaban con una dieta de alimentos duros o voluminosos como nueces, semillas o patatas. Pero la mayoría de los dientes fósiles de los australopithecus no muestran el tipo de desgaste microscópico que se esperaría en ese escenario”, apunta el investigador.

Experimentos anteriores habían mostrado cómo la arenilla, literalmente trozos de roca de cuarzo, produce arañazos profundos en las superficies planas de los dientes, usando un dispositivo que imitaba las interacciones microscópicas de las partículas en los dientes. Pero había pocos o ningún dato experimental sobre lo que le sucede al esmalte de los dientes cuando entra en contacto con el material vegetal leñoso real.

Para este estudio, los investigadores adjuntaron diminutos trozos de cáscaras de semillas a una sonda que arrastraron a través del esmalte de un diente molar de orangután de Borneo. Hicieron 16 ‘diapositivas’ que representaban los contactos entre el esmalte y tres diferentes cáscaras de semillas de plantas que forman parte de las dietas modernas de los primates. Los investigadores arrastraron las semillas contra el esmalte a fuerzas comparables a cualquier acción masticatoria.

Los fragmentos de las semillas no hicieron grandes agujeros, rasguños o fracturas en el esmalte, según los investigadores. Había unos pocos surcos poco profundos, pero no vieron nada que indicara que los tejidos duros de las plantas pudieran contribuir de manera significativa al microdesgaste dental. Sin embargo, los fragmentos de semillas en sí mostraron signos de degradación al ser frotados contra el esmalte.