Sémper, el penúltimo dirigente de la generación Ordóñez

Hace casi un cuarto de siglo, en 1996, casi una treintena de jóvenes del PP vasco posaron para una foto junto al árbol de Gernika. Algunos ocuparon importantes cargos en el partido, pero muchos han acabado dejando la política activa, como Borja Sémper, quien ha anunciado su marcha este mismo martes.

Esa fotografía es una imagen emblemática para los populares vascos por dos razones fundamentales, porque aparece Miguel Ángel Blanco, a quien ETA asesinó al año siguiente, y porque reúne a chicos muy jóvenes que se implicaron en la política persuadidos por el ejemplo de Gregorio Ordóñez, el concejal donostiarra a quien la banda terrorista había matado el año anterior.

Todos ellos compartían idénticos fines: la defensa en libertad de un espacio político y unos ideales que la banda terrorista había decidido coartar mediante la amenaza y el asesinato.

Si el magnetismo que ejerció sobre ellos Gregorio Ordóñez les llevó a entrar en política en unos tiempos que no se presentaban nada fáciles para su seguridad, el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco tampoco les hizo tirar la toalla.

Siguieron y se vieron obligados a llevar escolta, jóvenes como Antonio Basagoiti y Arantza Quiroga, que llegaron a presidir el partido en Euskadi y que abandonaron sus cargos por razones bien distintas al miedo a ETA.

El primero renunció en mayo de 2013 porque decidió dar el salto a la empresa privada fuera de España y la segunda en octubre de 2015, convencida de haber “fracasado” en su objetivo de dar un giro en el partido para abandonar su papel de “resistencia” ante ETA y pasar a promover acuerdos por la convivencia incluso con EH Bildu.

Quiroga se había sentido desautorizada por su formación cuando impulsó una propuesta, sobre la que acabó dando marcha atrás, para crear una ponencia en la que por primera vez el PP y EH Bildu podrían compartir un pronunciamiento sobre la deslegitimación del terrorismo.

Eran tiempos todavía de Mariano Rajoy al frente del PP, lejos aún de la batalla por la sucesión en el partido, en la que los populares vascos apoyaron mayoritariamente a Soraya Sáenz de Santamaría.

Con la llegada de Pablo Casado a la Presidencia del Partido Popular se acentúo la distancia entre la dirección nacional y algunos miembros de la formación en Euskadi, entre ellos Borja Sémper, quien más de una vez criticó públicamente algunas decisiones de los nuevos mandatarios populares.

Para entonces también se había ensanchando otra distancia, la que separaba al PP vasco de un electorado que cada vez le daba menos votos. Hacía tiempo ya que se habían desconectado de la primera línea de la política algunos de los que figuran en esa fotografía de 1996, como Juan Carlos Araniguría, que fue secretario general del PP de Gipuzkoa, juntero y concejal en Tolosa; Luis Hermosa y Cristina Ruiz, ambos ediles de Bilbao; Javier Damboriena e Íñigo Manrique, concejales de Irún, y Juan Crespo, que fue vicesecretario de los populares guipuzcoanos. También Ramón Gómez, exedil donostiarra, trabaja ahora en la empresa privada.

La caída del voto ha dejado a los populares sin gran número de ediles en el País Vasco, donde llegó a tener la Alcaldía de Vitoria y la presidencia de la Diputación de Álava, e incluso a ser la primera fuerza en San Sebastián en las elecciones de 1995, que se celebraron cuatro meses después del asesinato de Ordóñez.

En el consistorio de la capital guipuzcoana recuperó apoyos en las pasadas elecciones de 2019, con Sémper como candidato a la Alcaldía, a la que se postuló con una campaña muy personal, con carteles en los que no aparecían las siglas de su partido, lo que remarcó su impronta de verso suelto en el nuevo PP de Pablo Casado.

Tras el abandono de la política del más mediático de los populares vascos, Iñaki Oyarzábal, el presidente del PP de Álava, será el único de esos jóvenes que se reunieron ante la Casa de Juntas de Gernika hace 24 años que continúa en la primera línea de la política.

Oyarzábal, de 53 años, se hallaba entre los mayores de esa hornada de jóvenes, orgullosa heredera del espíritu combativo de Gregorio Ordónez. “Su memoria y ejemplo han sido vitales en el compromiso político de una generación de chicos y chicas que hoy peinamos ya alguna cana”, ha recordado Sémper este lunes en su despedi