Se cumplen 30 años de la muerte de ‘La Pasionaria’, símbolo del comunismo español

La histórica dirigente vivió exiliada en la Unión Soviética tras la Guerra Civil y no regresó a España hasta 1977

Este martes hace treinta años que murió en Madrid Dolores Ibárruri, la Pasionaria, histórica dirigente del Partido Comunista de España (PCE) que vivió exiliada en la Unión Soviética tras la Guerra Civil y no regresó a su país hasta 1977, tras la reinstauración de las libertades, donde falleció a los 93 años.

Nacida en Gallarta (Vizcaya) en 1895, procedía de una familia de mineros, y su entrada en el PCE en 1920 marcó una vida siempre ligada a la lucha comunista, como dirigente del partido, diputada durante la II República, y después como exiliada, tras haber abandonado España en 1939, poco antes del final de la Guerra Civil.

Se le atribuye la difusión del “No pasarán”, lema que simbolizó la resistencia del Madrid republicano al asedio de las tropas nacionales durante la Guerra Civil, y durante la Transición su figura se reivindicó por su compromiso en la lucha antifranquista y su defensa de la clase obrera y de las mujeres.

Debió el sobrenombre de la Pasionaria al seudónimo que utilizaba para firmar artículos en la prensa entre 1917, cuando se afilió al PSOE, y 1919, una etapa en la que se acrecentó su compromiso político mientras alternaba sus labores de ama de casa en Somorrostro con otros trabajos.

Su trayectoria a lo largo de una década de lucha política, dificultades económicas y problemas familiares, le llevó a ser designada integrante del Comité Central del PCE en 1930, para conseguir el acta de diputada en las Cortes Constituyentes de la II República, lo que le obligó a trasladarse a Madrid.

Detenida en varias ocasiones, en 1933 fundó la organización de mujeres antifranquistas junto a Irene Falcón a su regreso de su primer viaje a la Unión Soviética; entró en el Comité Ejecutivo del PCE y después de la Revolución de Asturias de 1934 fue de nuevo encarcelada durante diez meses.

Elegida diputada por el Frente Popular en 1936, sus intervenciones públicas no solo forjaron su leyenda de luchadora incansable y comprometida por sus intensos discursos ante las Cortes, sino también por sus arengas a los soldados en el frente.

Se exilió poco antes de la rendición de Madrid, primero a Francia, hasta finales de 1939, y luego a Moscú, donde vivían sus hijos Amaya y Rubén.

Desde la capital soviética siguió vinculada a la política y en 1942, tras las muerte de José Díaz, fue elegida secretaria general del PCE, cargo que desempeñó hasta 1959, cuando le relevó Santiago Carrillo en el congreso que el partido celebró en Praga.

Vivió 38 años en Moscú, siempre pendiente de lo que ocurría en España, un tiempo en el que viajó por Europa y recibió varias condecoraciones de las autoridades soviéticas.

Tras el fin de la dictadura franquista y la legalización del PCE regresó a España el 13 de mayo de 1977.

Logró un escaño por este partido en las elecciones constituyentes y su imagen dentro del hemiciclo del Congreso, del brazo del poeta Rafael Alberti, también diputado comunista, se convirtió en uno de los iconos de la Transición.

Tras la muerte de su marido Julián Ruiz y de algunos problemas de salud se apartó de la política, aunque prosiguió como presidenta del PCE.

En 1985 un multitudinario acto congregó a 20.000 personas que le homenajearon con motivo de su 90 cumpleaños en el Palacio de los Deportes de Madrid; falleció tres años después, el 12 de noviembre de 1989 y fue enterrada en el cementerio civil de La Almudena, al lado del fundador del PSOE, Pablo Iglesias.