Termina la campaña marcada por Cataluña y la subida de Vox sin que se atisbe el fin del bloqueo

El domingo se celebrarán las segundas elecciones generales en un año y las cuartas desde finales de 2015, entre el hartazgo generalizado y el escepticismo. Todo indica que tampoco esta vez será fácil romper el bloqueo porque la ‘foto finish’ puede ser muy parecida a la del 28-A frustrando las expectativas que se habían creado todos los partidos. Todos salvo Vox que, si nos fiamos de las encuestas, es la única formación que tiene claramente algo que ganar en esta nueva cita con las urnas. Todos los demás, incluidas las formaciones que subirán un poco, podrían quedarse lejos del umbral que se habían fijado como meta, lo que compromete el futuro de algunos líderes.

Ese es el caso de Ciudadanos, partido para el que estas elecciones son especialmente decisivas. No hay ni una sola encuesta de las que se han publicado sobre el 10-N que no augure un desplome sin paliativos de los naranjas. Tanto es así, que, tras haber alcanzado los 57 escaños el 28-A, ahora se consideraría un buen resultado llegar a los 32, el mismo dato con el que el partido tocó suelo desde su salto a la política nacional en las generales de 2016, cuando cayó ocho escaños respecto a la cifra que cosechó en 2015 (40). La encuesta preelectoral del CIS le daba entre 27 y 35 diputados y si lo que se confirma es la parte baja de la horquilla, Albert Rivera tendrá problemas para continuar manejando el timón y llevándolo del centro a la derecha y de la derecha al centro, que es probablemente lo que ha conducido a Cs a esta situación.

“No me mueve ni el apego a un sillón ni un cargo, sino este país”, ha respondido Rivera cada vez que se le ha preguntado sobre su posible sucesión. El líder de Cs, que estuvo desaparecido todo el verano, ha encarado con ganas la campaña y se ha mostrado inasequible al desaliento pese a las malas noticias que le ha reportado la demoscopia. “Vamos a jugar el partido hasta el último minuto porque yo confío en la remontada”, ha declarado este viernes en un pabellón deportivo tras disputar un partido de fútbol sala. Después, en una entrevista en La Sexta, ha asegurado: “No estamos en caída libre. Estamos recuperándonos, cada vez más indecisos han vuelto a acercarse a Ciudadanos”. Además ha insistido en sus condiciones para un eventual apoyo a Sánchez: debe romper en Navarra con Geroa Bai y en la Diputación de Barcelona con JxCat. Sobre su futuro personal, ha vuelto a dar a entender que no se agarra al sillón pero tampoco se ha comprometido a dar un paso al lado en el caso de que coseche un mal resultado electoral.

Lo cierto es que tras las deserciones que se produjeron en verano, cuando el líder naranja disputaba al PP el cetro de la derecha abandonando el espacio de centro liberal que atrajo en su día a algunos de sus principales fichajes, no parece que vaya a tener demasiada contestación interna.

Quien sí podría encontrarla es el líder del PP, Pablo Casado, que tenía grandes esperanzas de alcanzar la cifra mítica de los 100 escaños (actualmente tiene 66) pero que a medida que ha avanzado la campaña ha visto cómo Vox iba comiéndole el terreno. El CIS le daba una horquilla de entre 74 y 81 diputados y el ‘tracking’ de ‘El Periòdic d’Andorra’, que se difunde hasta el último día mientras que en territorio español está prohibida la publicación de sondeos desde el lunes 4 de noviembre, le daba este jueves entre 84 y 88. No es un buen resultado para un líder que lleva más de quince meses al frente de la formación y que no ha podido demostrar todavía que es el adecuado para recuperar el tirón electoral que tuvo en 2011 con Mariano Rajoy. Casado, que también ha protagonizado algunos bandazos –de cara al 28-A llevó al PP al terreno de la derecha más extrema en un permanente duelo con Vox y ahora había optado por moderar el mensaje para recuperar el voto del centro- sí puede toparse con una disidencia en sus propias filas que intente desplazarle.

Casado viaja de la extrema derecha al centro y vuelta a empezar

Por si acaso, en los últimos días ha elevado el tono para no dejar todo el terreno a disposición de Vox. Por una parte, ha descartado una abstención para favorecer el Gobierno socialista: “Somos lo opuesto a Sánchez, somos la alternativa, los que vamos a ganar y a echarle de la Moncloa”. Además, ha cargado contra Vox por su posición a favor de suprimir el Estado Autonómico o sus críticas a la Unión Europea, lo que a su juicio es una “irresponsabilidad total”. Y todo esto después de que la víspera del debate electoral acusara a Sánchez de hacer coincidir la campaña electoral con la violenta respuesta a la sentencia del procés y le responsabilizara de lo que pueda pasar el domingo, si hay nuevos disturbios durante la jornada de votación.

Precisamente, uno de los motivos por los que el PP podría quedarse lejos de su objetivo es que Cataluña se haya vuelto a situar en el centro del debate político tras la sentencia del ‘procés’ y un estallido de violencia como no se había visto hasta ahora en las calles de Barcelona y otras localidades catalanas. El trabajo de campo del CIS se hizo antes de esa sentencia por lo que la macroencuesta no midió su efecto en los votantes. Y mucho menos tuvo en cuenta el impacto de unos disturbios que aún tardarían en producirse. La cuestión es que las imágenes de quema de contenedores, destrucción del mobiliario urbano, fogatas en las esquinas de las principales vías y enfrentamientos propios de una guerrilla urbana con la Policía y los Mossos son un caldo de cultivo idóneo para que los electores echen en falta la ‘mano dura’ para acabar con las fantasías independentistas en la Comunidad y con las provocaciones que ponen en jaque al resto del Estado. Y eso es justo lo que estaría alimentando el granero de Vox, la ultraderecha que de buena gana declararía el estado de excepción y enviaría al Ejército con tanques y todo su arsenal.

El CIS no era excesivamente benévolo con el partido de Santiago Abascal, al que daba entre 14 y 21 escaños -ahora tiene 24- pero otras encuestas le dan más de 50 -entre 53 y 58 le otorga la de ‘El Periòdic ‘- lo que convertiría a Vox en la tercera fuerza política, algo impensable hace tan solo un mes. Vox, además, salió indemne del debate electoral del lunes pasado que convirtió en un anuncio publicitario al introducir sus mensajes básicos que, por cargados que estuvieran de inexactitudes y falsedades, no fueron replicados por ninguno de los otros líderes presentes en el plató de la Academia de Televisión.

En las postrimerías de la campaña, Vox ha marcado un gol a los otros dos partidos de la derecha consiguiendo que secundaran su proposición no de ley para ilegalizar a los partidos independentistas en la Asamblea de Madrid. En la práctica, la iniciativa no tiene mucho recorrido. Pero su trascendencia reside en que se trata de una toma de postura de la cámara autonómica que, encima, da argumentos a los secesionistas para que hablen de ‘cacería política’ cuando el Gobierno central impugna ante el Tribunal Constitucional las resoluciones de su Parlament. Lo más irónico es que Cs parece no haberse enterado de lo que votó el jueves y ahora dice que solo es partidario de ilegalizar a aquellos partidos que cometan delitos, apoyando y fomentando la violencia.

Sánchez sale bien del debate pero tropieza con la Fiscalía

Tampoco a Pedro Sánchez, el líder socialista, le fue mal el debate, en el que consiguió mantenerse al margen de las trifulcas entre el PP y Cs. El efecto positivo de la cita televisiva se quebró con el ‘patinazo’ sobre la Fiscalía y el control que aseguró tener sobre el Ministerio Público para traer a Carles Puigdemont a España, lo que de paso podría perjudicar las gestiones que lleva a cabo la Justicia con ese fin. Sánchez lo dejó caer en el debate sin entrar en más detalles pero lo empeoró cuando en una entrevista a primera hora del miércoles habló expresamente de la dependencia de la Fiscalía respecto al Gobierno. Los fiscales pusieron el grito en el cielo saliendo en defensa de su autonomía y un día después, el jueves, el presidente tuvo que disculparse y rectificar en otra entrevista. Pero la oposición ya había aferrado el tema y lo había convertido en artillería pesada contra el candidato del PSOE.

Si nos ceñimos a los datos demoscópicos, Sánchez también podría sufrir un pinchazo. Solo el CIS, con esa limitación de haber sido elaborado antes de la sentencia del 1-O, le dio un resultado espectacular: entre 133 y 150 escaños. ‘El Periòdic’ le da menos de los 123 que tiene ahora, entre 115 y 120. Este resultado también sería un notable fracaso del líder socialista, a quien se le atribuye haber forzado la repetición electoral por unas expectativas desmedidas de mejorar su representación parlamentaria alimentadas por su gurú, Iván Redondo, y por el jefe del CIS, José Félix Tezanos.

En cualquier caso, el PSOE salvaría más o menos los muebles, cosa que no puede afirmarse de Unidas Podemos. El 28-A se quedó en 42 diputados, es decir, perdió 29 de los 71 que obtuvo en 2016. Ahora, el CIS no le da más de 45 y ‘El Periòdic’ le adjudica una horquilla de entre 34 y 38.

El riesgo es que el PSOE siga necesitando para formar Gobierno el apoyo de los independentistas, además del de Podemos, lo que no parece que vaya a producirse a menos que Sánchez renunciara a principios básicos de su política hacia Cataluña: referéndum, indultos para los presos y hasta amnistía. Como ninguna de estas exigencias tiene visos de prosperar, solo si los socialistas suman con el partido de Iglesias un número potente de escaños se podría materializar el acuerdo y aun así seguiría siendo indispensable la abstención de algunos de los otros grupos mayoritarios de la Cámara, el PP o Cs dependiendo de la magnitud del desplome.

Iglesias habla de ‘sapos’: ¿Es él uno de ellos?

De momento, Pablo Iglesias ha dejado claro que sigue queriendo la coalición con una presencia de su partido proporcional al resultado electoral y que él quiere estar en ese eventual Consejo de Ministros porque, si no, no se presentaría a las elecciones. Lo ha repetido este viernes tras admitir que probablemente tenga que “tragarse algunos sapos”. No ha querido entrar en detalles, pero lo lógico es pensar que si las negociaciones vuelven a encallar se ofrezca él mismo como sacrificio ‘in extremis’ por el bien del país.

Pedro Sánchez, por su parte, ha recordado que él nunca rechazó de plano la coalición y que, de hecho, llegó a ofrecérsela a Iglesias en forma de una vicepresidencia y tres ministerios sociales. Ha considerado que si él fuera Pablo Iglesias y hubiera votado cuatro veces en cuatro años en contra de formar un gobierno “tendría bastantes remordimientos y no pegaría ojo”. Y ha asumido este compromiso, suponiendo que efectivamente sea el ganador de las elecciones: “A partir del 10 de noviembre, en 48 horas, propondré a todas las fuerzas políticas nacionales y democráticas, es decir, excluyo a la ultraderecha, un acuerdo de desbloqueo y gobernabilidad”. Tanto en la SER como en TVE ha incluido en los contactos a las fuerzas de corte regionalista y nacionalista dispuestas a contribuir a la gobernabilidad y ha excluido de este grupo a los independentistas catalanes, que “no están en esa posición constructiva”.

En definitiva, el panorama se presenta tan complejo y la negociación tan enrevesada como la de mayo, julio y julio de este año. Claro que esta vez no cabe el recurso a una tercera convocatoria electoral que, de producirse, es probable que pasara al libro Guinness de los récords por su índice de abstención.

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