Una cumbre independentista con Torra y Puigdemont, origen del ‘Tsunami Democràtic’

La primera vez que se oyó hablar de ‘Tsunami Democrátic’ fue el pasado mes de febrero, en el juicio a los líderes del ‘procés’ y en boca del presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, durante su declaración ante el tribunal. Su origen se sitúa, en cambio, en una cumbre en Ginebra el pasado mes de septiembre a la que acudieron el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el actual president Quim Torra, la que fuera número dos de ERC, Marta Rovira, y la exdiputada de la CUP Anna Gabriel, entre otros líderes independentistas.

Se trata de una plataforma de movilización independentista, que se estrenó el lunes tras la publicación de la sentencia del ‘procés’ colapsando el aeropuerto de El Prat. A raíz de esa acción, el Ministerio del Interior ha abierto una investigación para saber quién está detrás puesto que carece de rostros visibles. La plataforma se ha promovido a través de un canal de Telegram y Twitter y su aparición, entre llamamientos constantes a la movilización “pacífica”, busca eclipsar el protagonismo que han tenido en los últimos meses los Comités de Defensa de la República (CDR), que con su estructura anarquizante y reacia a supeditarse a estrategias institucionales ha incomodado al independentismo oficial, por el temor a que sus acciones agrieten el relato de la no violencia.

Fue el 2 de septiembre, el mismo día de la cumbre de Ginebra, cuando apareció una nueva cuenta en Twitter, Tsunami Democràtic, que llamaba a “recuperar la iniciativa” y a usar la “desobediencia civil” y la “no violencia” para responder a la sentencia del procés. Al instante, dirigentes de todas las formaciones y entidades independentistas se hicieron eco del perfil, dándole notoriedad. En los días siguientes, impulsaron varias acciones para darse a conocer: centenares de sus activistas colgaron carteles por toda Cataluña, ocuparon varias oficinas de entidades bancarias que a su entender “financian la represión” y crearon un caldo de cultivo para posicionarse como un actor a tener en cuenta en los próximos meses.

El secretismo con el que trabaja emula la forma al llamado “Estado Mayor” del procés, que, bajo la batura de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras y con la colaboración de dirigentes independentistas y perfiles externos de máxima confianza, organizó el referéndum unilateral del 1-O. “Terminaremos sabiendo quién está detrás de estos movimientos del Tsunami Democràtic”, ha asegurado el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. Interior ya investiga este movimiento.

Carece de portavoces o dirigentes visibles, un rasgo que comparten con los CDR, aunque a diferencia de estos grupos no funcionan como una suma de núcleos con capacidad de acción descentralizada, sino a partir de una matriz que elabora estrategias y dosifica sus mensajes. No quieren tener líderes identificables que puedan acabar pagando las protestas en la calle con un proceso judicial como el que ha costado una condena de nueve años de prisión y nueve de inhabilitación al exlíder de la ANC Jordi Sànchez y al presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, por un delito de sedición por la “contribución necesaria” de sus entidades en el procés.

Objetivo: promover la desobediencia civil

El Tsunami Democràtic resume sus reivindicaciones en “derechos, libertad y autodeterminación”. Su idea es promover, de forma intermitente, acciones de “desobediencia civil” desde una perspectiva “no violenta”. En su página web disponen de un manual con “directrices de la no violencia” que, avisan, deben ser aceptadas por todos los participantes en las movilizaciones de la plataforma. Entre otras cosas, piden no “maltratar” al oponente como si fuera un “enemigo”, no usar la violencia bajo ningún concepto, ni siquiera si alguien se siente atacado, y reconocer que “nadie tiene toda la razón”. Como referentes, señalan a movimientos como el de las sufragistas, huelgas obreras como la de ‘la Canadenca’, la “marcha de la sal” de Gandhi en la India o las campañas de resistencia civil para luchar contra la segregación racial en Estados Unidos.

En los primeros pasos, Twitter y Telegram han sido sus principales vías de comunicación con la ciudadanía. Entre estas dos redes sociales, suman más de 400.000 seguidores. Para coordinar las próximas movilizaciones han lanzado una aplicación móvil singular: no se puede encontrar en las centrales de descarga de aplicaciones usuales y, para acceder a su contenido, hace falta escanear un código QR “de confianza”. Al usar este sistema, el Tsunami quiere esquivar posibles vetos en las ‘app store’ comunes, así como dificultar la clausura de la aplicación por parte de las autoridades.

A nivel interno, a la hora de planificar las acciones, funcionan como un motor en el que cada pieza sabe cuál es su cometido y se coordina con las demás, trabajando en compartimentos estancos y tratando de proteger al máximo la identidad de sus componentes, incluso entre ellos. Al celo con el que tratan sus comunicaciones se suma una estudiada puesta en escena: en sus primeras acciones los activistas usaron máscaras y las instrucciones para responder a la sentencia se dieron de forma escalonada, para evitar que los cuerpos de seguridad frustraran sus planes. Además, al no avanzar las convocatorias, refuerzan el factor sorpresa y el mensaje de que pueden aparecer en cualquier momento en cualquier parte.

Diferencias con los CDR que al final no son tantas

La iniciativa de Tsunami Democràtic ‘compite’ estos días con los CDR por capitalizar las protestas contra la sentencia del procés. Sus impulsores pretenden dar a las movilizaciones un tono más contundente que las manifestaciones de la ANC y Òmnium Cultural, pero evitando imágenes de violencia y los choques que a menudo han protagonizado los CDR con los cuerpos policiales.

Los choques, sin embargo, volvieron a reproducirse el lunes en el aeropuerto, aunque sobre las 21.45 horas el Tsunami dio por desconvocada la movilización y emplazó a sus seguidores a replegarse y guardarse para futuras acciones, después de que los agentes se hubiesen visto desbordados en diversos momentos. No habían pasado ni veinticuatro horas cuando las principales ciudades catalanas se convirtieron en escenario de una auténtica batalla campal con hogueras, barricadas, destrucción del mobiliario urbano y violentos choques con mossos y policías.

En un primer momento dirigentes de los partidos independentistas compartieron el perfil de Tsunami y, el lunes, dirigentes de JxCat y ERC, además de la CUP, se sumaron a las apelaciones a la movilización en el aeropuerto -en busca de un “efecto Hong Kong”-, unas protestas que ha avalado el presidente de la Generalitat, Quim Torra, pese a los choques entre Mossos d’Esquadra y manifestantes.

La portavoz del Govern, Meritxell Budó, destacó un día después que “hubo miles de personas en el aeropuerto que protestaron, alteraron el funcionamiento normal de una infraestructura importantísima y estratégica de país, pero lo hicieron cívica y pacíficamente” y solo hubo, dijo, “conflictos minoritarios”. Horas después del caos que se adueñó de Cataluña el martes por la noche, ningún miembro del Ejecutivo catalán había condenado la violencia.