El independentismo vuelve a 'pinchar' el 1-O y mira a la sentencia para llamar a la 'desobediencia masiva'

Sin ánimo de prejuzgar la respuesta del independentismo a la sentencia del juicio del ‘procés’, el ensayo general que se ha celebrado en el segundo aniversario del 1-O ha sido tan tranquilo como una romería. Hace solo un año, el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalanas (SEPC) sacó a la calle a centenares de jóvenes que se manifestaron por la mañana. Por la tarde, hubo cargas de los Mossos para evitar el asalto al Parlament. Entre los asaltantes, había elementos de los CDR que respondieron así a la invitación formulada ese mismo día por Quim Torra: "Gracias por apretar, hacéis bien en apretar"... Este martes no ha habido apenas incidentes. En la manifestación de Barcelona han participado 18.000 personas -50.000 según los organizadores- frente a las 180.000 del año pasado.

La marcha de Barcelona, organizada por la ANC, ha comenzado a las 19 horas en la plaza de Catalunya y ha subido por el Passeig de Gràcia en dirección a la sede de la Comisión Europea en la capital catalana, donde ha parado unos minutos. La cabecera ha llevado una pancarta con el lema 'Lo hicimos y ganamos' junto a una urna del referéndum. Artur Junqueras, padre de Oriol Junqueras, exvicepresidente de la Generalitat ahora encarcelado, ha leído una carta de su hijo en línea con el lema de la marcha y con ese ‘lo volveremos a hacer’ con el que tanto ha amenazado el presidente de la Generalitat. “Vendrán más 1-O, no tengáis ninguna duda. Tendremos que estar preparados”, decía Junqueras en el mensaje.

Quien más ha aprovechado la efeméride para tratar de recuperar protagonismo ha sido, no obstante, Carles Puigdemont, que ha encabezado una concentración ante la sede del Parlamento Europeo en Bruselas y ha hablado en Catalunya Ràdio donde, en un alarde de conocimiento del constitucionalismo español, se ha atrevido a replicar a Pedro Sánchez que no puede aplicar el 155 en Cataluña estando el Gobierno en funciones. "Mi opinión personal es que probablemente pueda activarlo, no lo sé. Pero lo que sé es que no puede hacerlo con el Senado disuelto. El 155 lo debe aprobar el Senado y está disuelto porque se han convocado elecciones", ha dicho. Lo que no tiene en cuenta Puigdemont es que, una vez disueltas las Cortes, hay un órgano que asume todas sus funciones, la Diputación Permanente, plenamente capacitada para ejercer las competencias que corresponden tanto al Congreso como al Senado durante la legislatura.

Por lo demás, la normalidad ha sido la tónica general de la jornada. El independentismo mira sobre todo a la sentencia del juicio del ‘procés’ con la esperanza de que las previsibles condenas insuflen aire a su movimiento. Durante la mañana se han celebrado varios actos pero el principal ha sido uno en el que partidos y entidades independentistas han llamado a responder a una eventual sentencia condenatoria del Tribunal Supremo en el caso del 'procés' "de manera masiva desde la lucha no violenta y la desobediencia civil". JxCat, ERC, la CUP, la ANC y Òmnium Cultural han presentado en una rueda de prensa conjunta en los jardines de la Sedeta el marco de las movilizaciones que preparan si la sentencia del Supremo es condenatoria, dando por seguro que lo será. Un matiz significativo es que los portavoces que han intervenido se han referido a una 'desobediencia civil', pero no han hecho mención alguna a una posible 'desobediencia institucional'.

"Cualquier sentencia que sea condenatoria la consideraremos injusta", señala el manifiesto que han leído, en el que se afirma que en otoño de 2017 -el 20 de septiembre y el 1 de octubre- se ejercieron "derechos fundamentales" como el de manifestación, autodeterminación o participación política, "y el ejercicio de estos derechos en ningún caso puede ser considerado delito en una democracia". "La represión ni comienza ni acaba con este juicio. Se trata de una causa general contra todo un movimiento político y democrático con el único objetivo de pararlo e intentar destruirlo ahora que cada día es más masivo y mayoritario", prosigue el texto. Señala asimismo que la respuesta que se dé "anticipará la voluntad de volver a ejercer todos los derechos que son vulnerados" y pide movilizaciones "plurales y transversales" porque "la respuesta a una sentencia injusta nos interpela a todos y todas".

Los únicos incidentes reseñables de todo el día han corrido a cargo de unos 300 radicales, a primera hora de la mañana, en Girona, la capital del independentismo. Cincuenta de esos manifestantes han cortado el tráfico en la Gran Via Jaume I de la ciudad, ante la Subdelegación del Gobierno. En su recorrido, han volcado algún contenedor y han arrojado un petardo y pintura ante el cuartel de La Benemérita. Pero lo importante es que tanto la red viaria catalana como las líneas de ferrocarril, tanto de Renfe como de Ferrocarrils de la Generalitat y del Metro de Barcelona, han funcionado con absoluta normalidad. Nada de lo ocurrido este martes se corresponde con el tono belicista y amenazante que los CDR empleaban en las redes sociales a primera hora de la mañana: “Nacimos para defender un referéndum. Crecimos para defender una República. Somos los que harán temblar al enemigo. Ganaremos, no tengáis ninguna duda”.

Después, ante el escaso seguimiento de su movilización, han lanzado varios mensajes a través de la misma red social tratando de animar a la participación, tras lamentar "somos cuatro gatos. Necesitamos más gente". “¿Cómo puede ser?”, se preguntaban.

Esa asamblea abierta se ha convertido en realidad en una comida popular al estilo de las que se celebran en las fiestas de cualquier localidad del territorio nacional. En Lleida se han manifestado unos 300 estudiantes y en Tarragona un centenar de miembros del colectivo  ‘Silenci, reveleu-vos’ que se ha reunido delante de los juzgados y luego se han dirigido a la comisarías de la  Policía Nacional y de la Guardia Civil. Los Mossos les han impedido serguir avanzando y eso ha provocado que pidieran la dimisión del actual conceller d'Interior, Miquel Buch, en caso de que "no sea capaz de que los Mossos d'Esquadra no utilicen la violencia para enfrentarse a acciones no violentas".

Lo cierto es que Buch está más que harto de que le pidan la dimisión pero es que, además, este año ni siquiera han llegado a producirse las cargas con las que los Mossos impidieron en 2018 un asalto al Parlament, lo que dio pie a una gran polémica dentro del propio movimiento independentista. Esta vez, las detenciones de un grupo de CDR radicales acusados de tenencia de material explosivo y de planear acciones que el juez no ha dudado en asimilar al terrorismo con daños a un número indeterminado de personas parecen haber desanimado a buena parte de la ciudadanía. Y es que el discurso oficial en Cataluña ha sido exageradamente prudente y hasta ‘comprensivo’ con los detenidos, hasta el punto de conseguir el efecto contrario al pretendido vinculando dos conceptos que los políticos catalanes siempre han mantenido separados: violencia a independentismo.

También hay que tener en cuenta la pérdida de fuelle del movimiento que ya se evidenció en la Diada de este año, cuando la participación en la manifestación del 11-S cayó al mínimo desde 2012. La Guardia Urbana calculó que hubo 600.000 participantes, mientras que el año pasado los cifró en un millón. La división de los partidos independentistas es uno de los motivos que se esgrimen para justificar esa caída. El otro es el desencanto que embarga a la parte secesionista de la población catalana que dos años después comprueba cómo la república independiente que le prometieron sólo existe en un plano virtual.

De lo sucedido en el otoño de 2017 -leyes de desconexión, referéndum ilegal y Declaración Unilateral de Independencia- lo único que ha sobrevivido es la retórica independentista que sigue prácticamente intacta. De hecho, en uno de los actos institucionales que se han celebrado en este 1-O Torra, y su Govern se han comprometido a avanzar "sin excusas" hacia la consecución del objetivo de la "república catalana", enfatizando que van a hacerlo por la vía democrática y pacífica. Torra y el vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, han leído el manifiesto "Compromiso del primero de octubre" en el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat, acompañados del resto de consellers y altos cargos del ejecutivo, en un acto muy breve en el que el 'president' ha expresado el compromiso del ejecutivo catalán con la "radicalidad democrática, el derecho a la autodeterminación, con el diálogo, con la cohesión social y con el respeto escrupuloso de los derechos humanos, civiles y las libertades colectivas".

Para subrayar la solemnidad con la que el independentismo reviste a este día, Torra ha destacado que el 1 de octubre de 2017 será "siempre una jornada fundacional del republicanismo en Cataluña". Y eso es así, según él, porque hace dos años "la sociedad catalana se empoderó y plantó cara a la barbarie", cuando "2,3 millones de ciudadanos fueron a votar y defendieron las urnas", siendo "golpeados" por las fuerzas policiales "enviadas por el Gobierno español". El presidente catalán ha recordado las "graves consecuencias" que sufrieron líderes de la sociedad civil y el anterior Govern de Carles Puigdemont por el 1-O, cuyos miembros se encuentran en la actualidad "en la cárcel y el exilio por cumplir un mandato electoral".

En el marco del sentimentalismo que suele caracterizar a todas la convocatorias del independentismo catalán, uno de los actos más emotivos es el que ha tenido lugar en el macizo de Montserrat, donde la madrugada de este martes iluminaron sus 131 agujas en recuerdo a los 131 presidentes de la Generalitat.

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