La oposición abronca a Sánchez por la repetición electoral y él arremete contra Casado, Rivera e Iglesias

Desde que se empezó a intuir que iba a ser imposible cerrar un acuerdo que permitiera investir a Pedro Sánchez, se ha dado por hecho que el líder socialista era el primer interesado en ir de nuevo a elecciones para mejorar resultados y liquidar a su rival por la izquierda, Podemos. Eso le decían las encuestas realizadas -y es importante subrayarlo- antes del rotundo fracaso de la negociación para la investidura y de que las cuartas elecciones en cuatro años fueran una realidad insoslayable. Ahora, sin embargo, parece que las expectativas no están tan claras y que el enfado ciudadano por la incompetencia de los políticos pueden alterarlas de forma sustancial, sobre todo porque es previsible que se dispare la abstención. El vértigo electoral empieza a apoderarse de los partidos, incluido el socialista.

La prueba de que es así es la abundancia de alusiones a que puede haber más de una sorpresa durante el último pleno de la legislatura, que ha girado en torno a un control al Gobierno especialmente bronco. El líder del PP, Pablo Casado, ha avisado de que “las elecciones las carga el diablo”. En la misma línea, la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, le ha dicho a la vicepresidenta Carmen Calvo: “Les va a ir muchísimo peor de lo que sus ‘Redondos’ les susurran”, en alusión a Iván Redondo, asesor y principal gurú del líder del PSOE. Y la portavoz de Cs, Inés Arrimadas, les ha recordado a los socialistas el fiasco que se llevó Susana Díaz cuando perdió ante Pedro Sánchez unas primarias en las que todo el mundo la daba como ganadora.

Todo esto se ha escuchado en una sesión que ha sido una sucesión de micromítines electorales. Cada líder o portavoz parlamentario ha aprovechado su pregunta al Gobierno para comprimir el suyo en los cinco minutos que como máximo le permite el reglamento. Casado ha dedicado el suyo a denunciar la “incapacidad más fatua” y la “inacción más solemne” del jefe del Ejecutivo en funciones para poder llegar a acuerdos y sacar adelante su investidura. En su réplica, el secretario general del PSOE le ha afeado su falta de sentido de Estado por no permitir su investidura y ha vuelto a pedir una mayoría “más rotunda” para el PSOE el 10 de noviembre de forma que se evite un nuevo bloqueo político. Ese fue también el mensaje que lanzó la noche del martes cuando compareció desde Moncloa una vez que la Casa del Rey confirmó que Felipe VI no iba a proponer candidato a la investidura tras constatar que no había ninguno que contara con los apoyos suficientes.

“Espero que los españoles den una mayoría más rotunda al PSOE para que ustedes no tengan capacidad de bloquear nuevamente un gobierno que es lo que necesita España”, ha sido el mensaje de Sánchez que seguramente volveremos a escuchar reiteradamente hasta dos días antes de las elecciones. Sánchez ha lamentado que cuando el PP está en la oposición “no reconoce legitimidad al PSOE para gobernar”. Pero no solo ha arremetido contra Casado, al que ha reprochado su “falta de sentido de Estado”, sino que ha repartido culpas entre los líderes de los principales partidos por la nueva convocatoria electoral. En concreto, ha censurado la “irresponsabilidad” del presidente de Cs, Albert Rivera, y el “dogmatismo” del líder de Podemos, Pablo Iglesias quien, por cierto, estaba ausente del hemiciclo y no ha podido escuchar en personas las críticas del presidente. Iglesias se ha incorporado más tarde al pleno.

Casado le ha dicho a Sánchez que “para este viaje no hacían falta tantas alforjas” porque lleva queriendo ir a las urnas “desde el principio”. A su juicio, “quien no es capaz de gestionar su investidura difícilmente puede gestionar una nación como España”. “España le viene grande”, ha llegado a espetarle. Por eso ha preguntado al presidente con qué autoridad va a pedir el voto cuando en estos meses solo ha logrado el apoyo de un diputado más (el del Partido Regionalista Cántabro) para su investidura. Y cómo puede decir que quiere tener la confianza de los españoles “después de haber rechazado dos acuerdos de investidura, las dos opciones que tenía a la derecha y a la izquierda”. Casado ha acusado también a Sánchez de haber “traicionado a todos” y demostrar que “no es de fiar”. Y ya metido en harina de campaña, se ha ofrecido como alternativa y ha reprochado al líder socialista que se haya dedicado a preparar las próximas elecciones desde La Moncloa, el CIS y RTVE durante los últimos meses y que esté a punto de viajar a Nueva York mientras se apura el plazo legal para la convocatoria automática de los nuevos comicios. Ese plazo concluye oficialmente el lunes 23 de septiembre.

Con la misma dureza ha respondido Sánchez a Casado, a quien ha recordado que el PSOE llegó al Gobierno tras siete años de Ejecutivos del PP con “recortes e injusticia social” y viendo a los dirigentes de ese partido “pasear por el Supremo” por sus casos de corrupción. El 28 de abril, ha dicho, los españoles votaron de forma clara por un Gobierno progresista “que no dependiera de los independentistas” y lo mismo hicieron el 26 de mayo. Ha lamentado que los demás, incluido el PP, no hayan asumido “su responsabilidad ni el resultado electoral”.

Entre abucheos de la bancada popular, el presidente en funciones ha insistido en que ha intentado la investidura como hizo el martes en Moncloa. “Lo hemos intentado por todos los medios pero nos lo han hecho imposible”, aseguró entonces. A Casado, en concreto, le ha echado en cara que no haya permitido un Gobierno en un momento como este con retos como el enfriamiento de la economía, el Brexit o la próxima sentencia del “procés”. Tanto Sánchez como Casado, pero especialmente el presidente, han sido interrumpidos por gritos y abucheos de la bancada contraria, hasta el punto de que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha tenido que llamar al orden para que pudiera continuar la sesión. Al final, cada uno de los protagonistas del duelo preelectoral ha sido jaleado por su grupo con un cerrado aplauso y sus respectivos diputados puestos en pie, subrayando así el carácter mitinero de la sesión.

Mientras esto ocurría en el hemiciclo, en los pasillos los diputados de distinto signo político se repartían en corrillos para explicar a los periodistas por qué la culpa del bloqueo la tienen los demás y no ellos. El líder de Cs, Albert Rivera, que no ha intervenido en la sesión de control, ha improvisado una rueda de prensa en el escritorio de la Cámara para justificar su pirueta del último minuto, la oferta a Sánchez de una abstención a cambio de una serie de condiciones. De paso, ha aprovechado para situarse como el ‘enemigo número uno’ del PSOE, que sería el motivo que subyace en la publicación por el socialista Oscar Puente de una foto suya charlando amigablemente con Iglesias en la cafetería del Congreso, un espacio que tiene un carácter privado que habría vulnerado el alcalde de Valladolid. Los esfuerzos de Rivera por recuperar protagonismo están ligados a un dato de las encuestas especialmente preocupante para el partido naranja. Y es que tanto el CIS como otros sondeos de empresas privadas reflejan que Cs es el partido con menor fidelidad de voto. Se situaría, de hecho, por debajo del 50% de los que le votaron en abril. El resto de los cuatro grandes partidos nacionales supera el 70% de fidelidad. Si esa diferencia de más de veinte puntos se confirmara en próximas encuestas, los naranjas podrían ser los que más se juegan en los comicios de noviembre.

Otro tema que se ha comentado ampliamente en los corrillos es la reforma del artículo 99 de la Constitución que Sánchez planteó en julio para evitar bloqueos como el actual y que este miércoles han retomado la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, y la vicepresidenta en funciones Carmen Calvo. La reforma trataría de garantizar que gobierne la lista más votada si no se llega a un acuerdo para la investidura. Montero ha argumentado que el sistema actual está pensado para el bipartidismo por lo que es claramente ineficaz para la pluralidad de formaciones que en estos momentos pueblan el Parlamento. “El Estado de Derecho”, ha dicho, “no tiene herramientas para evitar bloqueos; en su momento propondremos cambiarlo”. Además, ha lamentado que una formación minoritaria tenga capacidad para imponer el bloqueo e impedir la formación de Gobierno. Son precisamente esas formaciones minoritarias las que han puesto objeciones a una reforma que les privaría de su capacidad de influencia en el destino de la nación. Podemos es una de ellas porque, como dijo Iglesias en su momento, si la reforma sale adelante “el que gane se lo lleva todo”.

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