Las consultas del Rey activarán el martes el calendario para unas elecciones cargadas de incertidumbres

El rey iniciará este lunes la ronda de consultas con los representantes de los partidos que puede desembocar en la convocatoria de nuevas elecciones generales para el día 10 de noviembre si certifica que es imposible la investidura de un presidente de Gobierno. Y esa parece ahora mismo la opción más probable. Para que la investidura sea factible es indispensable que PSOE y Unidas Podemos alcancen un acuerdo que desde la semana pasada es muy improbable. Sobre todo porque los respectivos líderes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, han dado por rota la negociación y han renunciado a seguir intentándolo.

Llegar a este desenlace no ha sido cosa fácil y el futuro que plantea tampoco lo es, sobre todo porque está cargado de incertidumbres y una sola certeza: que después de unas nuevas elecciones el panorama seguirá tan fraccionado como ahora y habrá que volver al punto de partida para tejer algún acuerdo que permita por fin formar Gobierno. Para alcanzar la actual coyuntura Sánchez e Iglesias han necesitado cinco meses durante los que han mantenido un pulso que iniciaron la misma noche del 28-A, cuando se celebraron las anteriores elecciones generales. Los ciudadanos han asistido a unas cuantas reuniones bilaterales en la cumbre, entre los dos líderes, y a otras tantas entre los equipos negociadores del PSOE y Podemos, y han podido constatar cómo en todo esos encuentros se obviaban las cuestiones de fondo para llegar a un acuerdo programático y se primaban los  movimientos tácticos para sorprender y tomar posiciones de ventaja frente a la otra parte. Y eso es lo que podría penalizar a la izquierda en unos nuevos comicios, pese a que las encuestas dan por ahora una victoria rotunda a los socialistas. La cuestión es que los sondeos que ya se han publicado no recogen el impacto del último gran fiasco, el que se produjo hace apenas unos días, y el que va a producirse cuando las elecciones hayan sido oficialmente convocadas. Ambos factores les restan bastante fiabilidad.

El fracaso definitivo de la negociación tiene fecha, el 10 de septiembre, cuando una nueva reunión entre los equipos dirigidos por la vicepresidenta Carmen Calvo y el dirigente de Podemos Pablo Echenique terminó con las posturas más alejadas que nunca. Pero la escenificación de la ruptura se produjo un día después, cuando en un Pleno del Congreso convocado para que el presidente en funciones explicara las últimas cumbres europeas Sánchez e Iglesias se dedicaron a culparse mutuamente de la repetición electoral que ya se presentaba como inevitable.

Con todo, en la lucha por el ‘relato’ que han emprendido socialistas y podemitas para convencer al electorales de que no son responsables de forzar una nueva votación haciendo recaer en el ciudadano un trabajo que no han sido capaces de culminar con éxito, desde Podemos se lanzó a finales de semana una nueva alternativa: ensayar un Gobierno de coalición ‘en pruebas’, en el que los ministros morados pudieran ser expulsados tras la aprobación de los Presupuestos si Sánchez estuviera insatisfecho con su aportación. El Ejecutivo ha tildado esta propuesta de “absurda y vacía de contenido” y ha pedido a Podemos que asuma la realidad, y es que no existe la mínima confianza para poner en marcha un Gobierno de coalición estable.

Ese ha sido el problema de fondo desde el principio. Unidas Podemos ha basado su campaña para el 28-A y su argumentación posterior para exigir un Gobierno de coalición en que “el PSOE no es de fiar”, porque una vez que ha alcanzado el poder no cumple lo que había prometido. De hecho, Iglesias ha señalado en repetidas ocasiones que si bien “el papel” que ambos líderes firmaron para el acuerdo de Presupuestos de 2019 “decía cosas muy bonitas”, al final Pedro Sánchez no cumplió con lo pactado y dejó de desarrollar hasta el 80 por ciento de las medidas acordadas.

La alergia del PSOE a los ministros / gendarmes de UP

Esa labor de vigilancia que Iglesias atribuye a sus ministros en una hipotética coalición es justo lo que provoca sarpullidos en el socialismo, que la interpreta como la pretensión de formar un ‘Gobierno dentro del Gobierno’, sin la más mínima unidad ni en la acción política ni en los mensajes para transmitirla. Pese a todo, antes de la investidura fallida de julio, el PSOE ofreció al partido morado una vicepresidencia y tres carteras ministeriales una vez que Iglesias cumplió una de las condiciones que había esgrimido Sánchez para aceptar la coalición: que él diera un paso al lado y cediera su silla del Consejo de Ministros a otro dirigente de su formación. A Iglesias la oferta le pareció insuficiente y eso le ha cerrado las puertas de la Moncloa, al menos por ahora.

El hecho de que frustrara la investidura del líder socialista por segunda vez desde que tiene grupo parlamentario en el Congreso fue interpretado por los socialistas como la prueba de que Iglesias aspira a sentar a los suyos en el Consejo de Ministros con la intención de dar lugar a “dos gobiernos en uno”. Ante el temor de que un Ejecutivo de ese tipo le obligase a adelantar las elecciones en el corto plazo, con el PSOE y su  líder él más debilitados y el país posiblemente en una situación más delicada tras concretarse el Brexit y con síntomas de desaceleración económica mundial a las puertas, la cúpula del partido considera que es mejor ir a elecciones ahora que dentro de seis meses o un año.

En medio, el presidente en funciones ha presentado un programa de gobierno con 370 medidas que los partidos de la oposición han criticado sin excepciones por su aire electoral. Los morados, además, han echado en falta medidas como la derogación de la Reforma Laboral o más severidad a la hora de ‘pinchar’ la burbuja del precio de los alquileres. Lo cierto es que si después de las elecciones que previsiblemente se celebrarán el 10 de noviembre no se cambia el enfoque de la negociación y se centra en el programa en lugar de girar en torno a los sillones, el 11-N estaremos igual que ahora con algunos obstáculos más como, por ejemplo, que habrá “caducado” la oferta de Pablo Iglesias de retirarse de la primera línea y volverá a querer estar en el Gobierno. Así lo afirmó él mismo en La Sexta el pasado viernes.

Por lo que se refiere a las próximas semanas, habrá que estar muy atentos a lo que vaticine la demoscopia una vez que las elecciones hayan sido convocadas. Si se confirmara la caía de los nuevos partidos que reflejan las más recientes, cabría la posibilidad de explorar lo que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo viene reclamando hace días y que este mismo domingo ha vuelto a pedir desde las páginas del diario ABC: “Si el candidato fuera un hombre de Estado, lo lógico es que llamara al presidente del PP y le ofreciera no cosas extrañas, sino lo que Rajoy le ofreció a Pedro Sánchez, o coalición o pacto de legislatura. Esto llenaría de confianza a los españoles”.

Es decir, Feijóo apuesta por una gran coalición PSOE-PP que ahora mismo parece imposible pero a la que se podría dar una oportunidad tras el 10-N, si socialistas y populares crecen y Cs y Podemos pierden apoyos. Sin sentir en el cogote el aliento de Albert Rivera disputándole el liderazgo de la derecha, quizá Casado sí podría plantearse esa opción. Y Sánchez también, una vez que el PSOE no tenga que rivalizar con la formación de Iglesias para decidir quién representa mejor los intereses de la izquierda.

Ocho líderes políticos pasarán por la Zarzuela en dos días

Así las cosas, la palabra la tiene a partir de este lunes el Rey, que abre la nueva ronda de consultas en la que serán ocho los dirigentes políticos a los que recibirá en el Palacio de la Zarzuela. Al igual que en la anterior del 5 y 6 de junio, tanto ERC como EH Bildu han rechazado mantener el encuentro con el rey. El orden de las reuniones se fija de menor a mayor representación parlamentaria, por lo que el primero en desplazarse a Zarzuela será José María Mazón, el diputado del Partido Regionalista de Cantabria, la formación política del presidente de esta comunidad, Miguel Ángel Revilla. Este partido fue el único al margen del PSOE que dio su apoyo a Sánchez como presidente en la fallida sesión de investidura celebrada en el Congreso el pasado mes de julio.

Tras Mazón, Felipe VI recibirá a lo largo de ese primer día de reuniones a Joan Baldoví (Compromís), Juantxo López de Uralde (Equo), Javier Esparza (UPN), Ana Oramas (Coalición Canaria), Yolanda Díaz (Galicia en Común), Alberto Garzón (IU) y Aitor Esteban (PNV) Ya el martes será el turno, por este orden, para Laura Borràs (Junts per Catalunya), Jaume Asens (En Comú Podem), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos), Pablo Casado (PP) y Pedro Sánchez (PSOE). Esta última cita será a las 18:00 horas, y tras ella el rey se reunirá con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, para comunicarle su decisión de proponer un candidato a la investidura si ve posible que pueda salir adelante, o convocar automáticamente el 23 de septiembre unas elecciones que se celebrarían el 10 de noviembre.

Será la séptima ronda de consultas de investidura que protagonizará Felipe VI en sus poco más de cinco años de reinado, una cifra elevada que contrasta con las diez que tuvo que convocar su padre, el rey Juan Carlos, a lo largo de sus casi 39 años en los que ejerció como jefe del Estado. Es el artículo 99 de la Constitución el que determina que es el rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos presentes en el Congreso y a través del presidente de esta cámara, quien propondrá un candidato a la presidencia del Gobierno.

Ese artículo es el que fija también que, si transcurrido el plazo de dos meses a partir de la primera votación de investidura ningún candidato ha conseguido la confianza del Congreso, el rey disolverá las Cortes y convocará nuevas elecciones con el refrendo del presidente de la Cámara Baja. Un plazo que, en este caso y tras la primera votación fallida de investidura a Sánchez el 23 de julio, se cumple el lunes 23 de septiembre.

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