Reunión PSOE-UP

PSOE y Podemos se colocan al borde de la ruptura y abocan al país a nuevas elecciones el 10-N

Las expectativas no eran buenas, ni muchísimo menos, pero aún cabía la esperanza de que siguieran intentándolo hasta el último minuto para evitar lo que nadie quiere, aparentemente al menos: unas nuevas elecciones en noviembre. Sin embargo, tras una reunión de casi cuatro horas, PSOE y Podemos se han colocado al borde de la ruptura. Eso significa que inexorablemente habrá que volver a colocar las urnas con la enorme incertidumbre sobre si eso clarificará el panorama político y sobre si habrá un vuelco de la intención de voto que favorezca a la derecha frente a la izquierda que se ha demostrado incapaz de tejer un acuerdo para la gobernabilidad.

De momento, la negativa de los socialistas a hacer alguna concesión a Podemos que se aproxime mínimamente a la oferta que le presentaron en julio indica que los datos que manejan en Moncloa favorecen sus pretensiones. Habrá que ver si eso se mantiene inalterado hasta noviembre, que será cuando los ciudadanos tengan la última palabra.

La postura del PSOE ha sido resumida por el secretario de Acción de Gobierno de Podemos y líder del equipo negociador de su partido, Pablo Echenique, quien ha señalado que los socialistas “no se mueven” de su intención de que haya un gobierno de partido único en el que solo haya ministros socialistas. Es más, ha apuntado que sus interlocutores han amenazado con dar por terminadas las reuniones si los morados no aceptan esta premisa. “Si no aceptamos un gobierno conformado por el PSOE, se levantan de la mesa de negociación”, ha explicado Echenique y ha advertido de que es un error abocar al país a una repetición electoral, aunque en la formación morada sospechan que esa fue siempre la intención de los socialistas. “Esperamos que rectifiquen y que acepten” la entrada de Unidas Podemos en un Gobierno de coalición, ha dicho, para añadir que nadie se explica por qué lo que era posible en julio, ahora en septiembre no lo es.

El dirigente de Podemos se ha referido así a la petición que su formación ha formulado en las últimas horas para que se retomara la oferta de julio, cuando Sánchez estaba dispuesto a cederle una vicepresidencia y tres ministerios: Sanidad, Vivienda e Igualdad. A los morados les pareció insuficiente y tumbaron la investidura del líder socialista -era la segunda vez que lo hacían en solo tres años- lo que para el PSOE fue motivo suficiente para declarar caducada la oferta, retirarla de la mesa de la negociación y cerrar a cal y canto el Consejo de Ministros a personas procedentes de las filas de Pablo Iglesias.

El PSOE, que sigue mostrándose menos catastrofista cuando habla de sus previsiones sobre el desenlace de este proceso pero extremadamente duro cuando valora la actitud de sus supuestos ‘socios preferentes’, dice que no quiere dar por rota la negociación ni levantarse de la mesa, pero admite que no ve una salida toda vez que Podemos rechaza el acuerdo programático que ahora propone. Lo ha dicho al término de la reunión la vicesecretaria general y negociadora del PSOE, Adriana Lastra, quien ha culpado a la otra parte de ser la que aboca al país a nuevas elecciones.

Por mucho que Lastra haya reiterado por enésima vez que los socialistas están dispuestos a seguir negociando, no parece que eso vaya a servir de algo. De hecho, este martes las perspectivas ya eran francamente negativas. Antes de entrar en la reunión, Echenique ha insistido en la exigencia de una coalición porque “es lo que han querido los inscritos”, como si eso pudiera ser un argumento de peso para convencer al PSOE. Sí es probable que los morados, con tal de reactivar la oferta socialista de julio,  hubieran renunciado a las políticas activas de Empleo que Pablo Iglesias reclamó ‘in extremis’, en pleno debate de investidura y a punto de celebrarse la votación en la que él tumbó la candidatura de Sánchez.

Se ha hablado de que dentro de Podemos hay sectores proclives a facilitar ahora esa investidura, aunque el Consejo de Ministros sea terreno vedado para ellos, ante el riesgo de que la formación pierda apoyos en la repetición electoral y se desencadene una crisis que acabe llevándose por delante a la actual dirección. Iglesias, sin embargo, no da muestras de estar preocupado por los augurios más desfavorables. Antes de que comenzara la reunión de este martes, ha acusado al PSOE de haberse instalado en “el inmovilismo y la unilateralidad” y ha advertido de que un Gobierno sin podemos sería “inestable e inviable”. Esta vez, el líder podemita no ha recurrido al insulto ni a palabras gruesas como “humillación” pero después, mientras se celebraba el encuentro en el Congreso, ha evidenciado su total desdén hacia la negociación con este tuit:

Es decir, Iglesias estaba más preocupado por el partido de Argentina contra Serbia en el Mundial de Baloncesto de China que por la evolución de las conversaciones para sacar al país del bloqueo político. Del lenguaje y la terminología que suele utilizar Iglesias ha hablado a primera hora de la mañana la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que ha calificado de “imperativo” el tono del líder de Podemos y ha citado como prueba de la falta de confianza entre las dos partes su vaticinio de que los socialistas “rectificarán”.

La vicepresidenta ha señalado por otra parte que habrá reunión entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias si los equipos negociadores “avanzan” hacia un acuerdo para que los líderes den el “empujón final”. Pero no ha dado por hecho el encuentro que, tal y como están las cosas, es poco probable. “No hay confianza entre nosotros”, ha insistido la número dos del Ejecutivo en funciones al ser preguntada por la posibilidad de la coalición, y ha señalado que no se puede comparar el pacto al que hay que llegar para investir al presidente con los alcanzados en comunidades y ayuntamientos, porque el Gobierno de España tiene “grandes atribuciones que conforman el resto de la política”.

En cualquier caso, la vicepresidenta del Gobierno ha desmentido a quienes piensan que Sánchez ha hecho todo lo posible para asegurarse unas nuevas elecciones. Tras acusar de “inflexible” a Podemos, ha insistido en que los socialistas no quieren comicios porque ya los ganaron en abril. Ella, ha dicho, piensa “pelear hasta el final” para conseguir que la semana que viene, antes de que acabe el plazo legal, Pedro Sánchez pueda ser investido.

Pelea hay pero no tanto por lograr un acuerdo más o menos beneficioso para los intereses de cada una de las dos formaciones de izquierdas como por el “relato” que culpe del fracaso a la parte contraria y exima de responsabilidad a quien lo enuncie. Estamos pues calentando motores para las elecciones del 10 de noviembre. Al tratarse de una repetición, la campaña oficial será más breve de lo habitual y solo dispondrá de una semana. Pero la verdad es que dura ya más de cuatro meses. Prácticamente desde la noche electoral del 28-A.

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