La explotación sexual: así funciona la esclavitud del siglo XXI

Engañadas, desarraigadas y explotadas sexualmente. Esta es la estrategia trazada por las organizaciones de trata para mercadear con mujeres y niñas extranjeras, venidas a España para terminar en prostíbulos tras ser previamente neutralizadas física y psicológicamente. Las esclavas del siglo XXI.

Según los datos del Informe Global sobre Trata de Personas de 2018 de la ONU, la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, laboral o mendicidad afectó a casi 24.000 personas en 2016. De todos los tipos, la explotación sexual sigue siendo el delito más frecuente, donde el 94% de las víctimas son mujeres y niñas.

España, conocida como el "prostíbulo de Europa", según Mora, es el primer país de Europa en demanda de prostitución y el tercero del mundo, de acuerdo con los datos de la ONU.

Mayoritariamente nigerianas, donde las redes de trata de seres humanos gozan de la infraestructura y la penetración suficiente en la sociedad para llegar a estas mujeres, protagonistas de las últimas operaciones policiales y de las principales sentencias de los tribunales españoles que castigan a estas organizaciones.

Como recientemente ha hecho el Tribunal Supremo, que a través de una resolución en la que condena a cinco miembros de una trama a entre 13 y 39 años de prisión, ha ido más allá al advertir de que "no hace falta irse a lejanos países para observar la esclavitud del siglo XXI de cerca, simplemente adentrarse en lugares tan cercanos, a lo largo de los márgenes de nuestras carreteras". Son los clubes de alterne, término de un proceso cuya génesis arranca en hogares sin recursos a cientos de kilómetros de España.

Y ahora el Supremo se hace eco en su sentencia de la arquitectura de las redes para delinquir con estas mujeres. Tres fases delimitadas cada una con una finalidad concreta que avanzan hacia el objetivo final, anular y someter a la víctima a su voluntad.

Fase de captación o reclutamiento

Se busca ofrecer a personas desvalidas de las barriadas más pobres unas mejores condiciones de vida. El mecanismo es el engaño, que se traduce en ofertas de trabajo legítimo, ya sea en el servicio doméstico, fábricas o tiendas, o incluso como modelos.

Un colaborador de la red actúa como catalizador de un futuro vertebrado en torno a una falsa promesa y que a menudo no hace llegar directamente a la mujer, sino a sus padres, que, sin saberlo, dan el primer paso para condenar a sus hijas a una vida monstruosa.

Se tramita la documentación (pasaportes) pero enseguida ésta es custodiada por la red para dificultar la fuga de las víctimas, decididas a irse tras ser no solo engañadas sino también coaccionadas. Si no viajan, irán a por sus familias.

Puede durar meses e incluso un año, con etapas a pie. Un tiempo esencial para el éxito de la trata ya que ahora el objetivo pasa por lograr un desarraigo suficiente que corte los vínculos afectivos que tiene ella con su lugar de origen. Hay que amputar todo contacto con sus redes sociales de apoyo (familia, amistades, vecinos) y aislar a la víctima.

Cuando se llega al destino final la víctima es despojada, con mucha frecuencia, de sus documentos de identidad y viaje, así como de otras pertenencias que la relacionen con su identidad y con sus lazos familiares y afectivos. Se busca anonimizar a la mujer, para asegurarse un control que abra la puerta a la tercera fase.

Fase de explotación

La organización muestra a la víctima la cruda realidad y le informa que está endeudada por el viaje (entre 30.000 y 60.000 euros) y que debe devolver esa cantidad a sus explotadores ejerciendo la prostitución.

Una "madame" se ocupa de vigilar todos sus movimientos. Incomunicadas y sometidas, en el caso de las nigerianas se practican rituales de vudú por el que se comprometen a no denunciar a la organización y a pagar la deuda contraída.

El miedo y la angustia psicológica han hecho su aparición, de manera que la madame ya está segura de trasladar a la víctima a los prostíbulos, polígonos, parques y carreteras. Ya es rehén y esclava de la organización, pero no está oculta. Como dice el Supremo, solo basta mirar a los márgenes de nuestras carreteras.

Las señales que alertan de un posible caso de trata

Te ofrecen un empleo sin aclararte las condiciones, te quitan los documentos para meterlos en "un lugar seguro", te obligan a dormir y trabajar en el mismo sitio o te impiden hablar con tu familia... Son algunas de las señales que avisan de un posible caso de explotación laboral.

La Guardia Civil y la asociación A21 han aprovechado el Día Mundial contra la Trata que se celebra hoy para lanzar una campaña de sensibilización contra una práctica de la que no se libra ningún país del mundo, tampoco España, ha recalcado en rueda de prensa el capitán del Grupo de Delitos contra Personas Vicente Calvo.

En lo que va de año, el instituto armado ha realizado 952 inspecciones en lugares susceptibles de producirse explotación laboral, ha informado de sus derechos a un total de 5.056 personas y se han llevado a cabo 20 investigaciones. Como resultado, ha liberado a 68 víctimas y ha detenido a 38 autores.

Desde 2010, ha realizado 13.678 actuaciones contra la explotación laboral, ha informado de sus derechos a 87.588 personas y ha detenido a otras 2.096 en 625 investigaciones; en total, ha liberado en este tiempo a 2.916 víctimas. Una de ellas es un ciudadano portugués que fue vendido para trabajar en una campaña de recolección agrícola.

"Parece mentira que en España, en el siglo XXI, hayamos encontrado una víctima que había sido vendida en Portugal", ha censurado en declaraciones a los medios el capitán, que ha señalado que "las ventas de personas no suelen ser habituales", sino que la tónica es que "las traigan de su entorno, las trasladen, las alojen y las exploten".

Las víctimas, como este ciudadano portugués del que no ha dado más datos, suelen "asumir sus circunstancias" y no son "conscientes de sus derechos", de ahí la campaña que la Guardia Civil ha presentado con A21 para dárselos a conocer.

Así, han recopilado en el documento "Passport to indicators of trafficking" once señales de que pueden alertar de la existencia de un caso de trata, que van desde recibir ofertas de empleo sin explicar las condiciones y de hacerse cargo del viaje y del alojamiento, a quitar los documentos bajo la promesa de meterlos en "un lugar seguro" o tener propuestas laborales de un desconocido.

También ser obligado a dormir y trabajar en el mismo sitio o a hacer un trabajo que no se desea hacer, que se les impida comunicarse con otras personas, sufrir malos tratos físicos o verbales, no tener acceso a descansos o que se retenga parte de dinero o directamente no se cobre.

En formato pasaporte y redactado en nueve idiomas, el folleto se distribuirá en "puntos calientes" como puertos, aeropuertos, zonas de explotación agrícola o clubes de alterne.

Y estará dirigido a víctimas y a ciudadanos en general porque, en palabras de la presidenta de A21 en España, Loida Muñoz, "hay mucha falta de información y es un crimen muy difícil de entender: nos cuesta empatizar con la víctima porque desconocemos la historia que hay detrás".

Desde esta organización, que cuenta con 14 oficinas en 12 países y lleva 16 meses en España, atienden en su inmensa mayoría casos de víctimas extranjeras, aunque también han conocido otros de "personas captadas en España y llevadas a otro país".

"Es una minoría porque no somos país de origen, pero entendemos que es mejor prevenir e informar porqué nadie está exento, y con las redes sociales se hace mucho más fácil captar victimas en nuestro país", ha concluido.