Aulas Balia: Un hogar después de clase

Las Aulas Balia, a la salida del cole, ofrecen una alternativa a las tardes frente al televisor y sin compañía de algunos niños que viven en grandes ciudades y cuyos padres tienen que trabajar. Entramos en una de ellas, en el distrito de la Latina en Madrid, que actualmente cuenta con una ayuda a proyectos sociales de la Fundación Mutua Madrileña.

Hay colegios en el distrito de la Latina en Madrid que guardan un secreto oculto a los ojos de la mayor parte de los alumnos y profesores. Justo en una esquina, rodeado de verde, hay unas aulas que no se emplean para las clases ordinarias. Al salir de clase se convierten en un rincón especial para unos escogidos: son las Aulas Balia, un lugar pensado para que los niños y niñas en una situación más desfavorecida reciban un refuerzo escolar por las tardes en lugar de estar solos en casa. Pero es un lugar que aporta mucho más: pertenencia, adquisición de hábitos saludables, enseñanza de valores, actividades culturales y de ocio saludable y una red de apoyo entre padres. Una escuela de vida en horario extraescolar para que estos niños consigan alcanzar la mejor versión de sí mismos.

La Fundación Balia puso en marcha programas para combatir la pobreza infantil a través de la educación, a principios de los años 2000, coincidiendo con el incremento en la llegada de extranjeros a España en busca de una nueva vida. Emigrantes y algunas familias españolas empezaron a mal vivir en ciudades como Madrid y aparecen “los niños de la llave”, menores sin recursos que pasaban las tardes solos y a los que la Fundación Balia intenta dar solución.

Aulas Balia ofrecen una alternativa a las tardes frente al televisor y sin compañía de su familia. Cuentan con un proyecto pedagógico propio que persigue el éxito escolar, promueve la educación en valores y fomenta la inteligencia emocional, para aquellos menores que tienen menos oportunidades.

Balia abrió sus puertas en el distrito de Tetuán con sólo 30 menores. Hoy en día Fundación Balia atiende a más de 6.100 personas al año, entre niños, jóvenes y sus familias en Madrid, Guadalajara y Sevilla.

Dos aulas en Madrid

Gracias a una de sus Ayudas a Proyectos Sociales, la Fundación Mutua Madrileña apoya dos de las Aulas Balia en colegios de Madrid. A una de ellas acuden niños de 4º a 6º de primaria después de sus clases. Entre la salida del cole y las 7 de la tarde meriendan de forma saludable, practican hábitos de higiene, resuelven las dudas de los deberes, adquieren técnicas de estudio, resuelven acertijos juegan y mucho más.

Cada día tienen una actividad diferente: lunes, asamblea; martes, robótica; miércoles, huerto… los niños tienen entre 9 y hasta 13 años, con niveles académicos dispares. Para que no se frustren, Julia Fernández, la educadora, les propone ejercicios de lógica: “Que permiten que cada uno pueda reaccionar en función de su nivel académico”.

“Intentamos proponer actividades que unifiquen los conocimientos académicos del grupo, lo llamamos el refuerzo Balia”, ahonda. “En matemáticas, por ejemplo, lo llevamos a algo más práctico como un acertijo, donde se trabaja el cálculo, la lógica, la resolución de problemas. Esto nos permite trabajar indirectamente situaciones de su vida cotidiana como la mediación, la resolución de conflictos… Al final los valores se pueden abordar desde diferentes ámbitos”, explica. Aunque algunos niños quieren tirar la toalla cuando se les plantea el reto, pensando que no van a ser capaces, cuando lo consiguen, la enseñanza es doble porque “les motiva, mejora su autoestima y les da seguridad”, continua Julia.

Uno de los niños que acude esta aula llegó hace unos meses de su país y le costaba relacionarse con los demás. “Empezó a tener conflictos de identidad, de personalidad. Tenía desfase curricular, de adaptación a horarios, comida, vestuario…”, explica Julia. El Aula Balia se ha convertido en un bálsamo donde ha aprendido a hablar para resolver sus problemas, donde ha encontrado la amistad de otros niños con los que luego puede juntarse en el patio y donde su madre se ha implicado y ha creado una red en el nuevo país. “Cuando ellos sienten que las familias están, el cambio es increíble”, explica la educadora.

“Las actividades que implican a los padres son muy importantes porque les ayuda a crear una red de apoyo entre las familias y porque para los niños es fundamental pasar tiempo de calidad con ellos”. Así, se organizan fiestas de padres e hijos de fin de trimestre con gimkanas donde la diversión tiene un por qué: “trabajamos la cooperación, el debate, los valores…”

El paso por las Aulas Balia marca a estos niños de por vida: “El retorno es muy alto. Por ejemplo, uno de los chicos, ahora ya joven, está deseando cumplir la edad para venir de voluntario. Y ya tenemos uno que ha vuelto como monitor de baloncesto. Somos una gran familia”.

¿El secreto? Julia lo tiene claro: “Somos un factor de protección donde los niños y niñas encuentran su sitio. Balia les ofrece oportunidades y experiencias de vida a la que, de otra manera, no tendrían acceso. Ellos mismos se dan cuenta de que les gusta contar con un lugar que les refuerza, motiva y saca lo mejor de cada uno. El objetivo que sean felices y que tengan las herramientas para que su futuro sea mejor”.

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