Una dieta rica en prebióticos ayuda a pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal a mejorar su microbiota

Una dieta mediterránea, rica en prebióticos, con alimentos como la alcachofa, achicoria, cebolla, ajo, espárragos, cereales integrales y semillas, entre otras medidas, ayuda a los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) a mejorar la diversidad de su microbiota intestinal y poder mantenerse estables en su enfermedad, según han asegurado expertos de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

La microbiota intestinal (anteriormente llamada microflora intestinal) es la población de microorganismos que habitan en el intestino. Se sabe que existen alrededor de 10 millones de genes microbianos distintos y desempeñan un papel muy importante en la vida de las personas y en el funcionamiento del organismo, ya que realizan funciones fisiológicas imprescindibles con un impacto directo en la salud de las personas.

Aunque se comparten muchas características, cada ser humano tiene su propia microbiota intestinal sin la cual no se podría vivir, dado que fabrica vitaminas (como la B12 o el el folato), produce moléculas importantes para el organismo (como los fitoestrógenos o los ácidos grasos de cadena corta), defiende contra microorganismos nocivos, influye sobre las calorías ingeridas y ayuda a producir serotonina, entre otras funciones.

“En los casos de EII se produce un trastorno en la microbiota que genera un ecosistema con falta de bacterias beneficiosas (llamadas beneficiosas por su efecto regulador o antiinflamatorio) que probablemente tiene relación con el estilo de vida occidental actual. Los estudios apuntan que, en el proceso de industrialización y desarrollo de nuestra sociedad hemos perdido algunos microorganismos que convivían con el ser humano desde tiempos ancestrales y que tenían efectos beneficiosos en la salud. El estilo de vida es, por lo tanto, un factor relevante, aunque no único, en el desarrollo de dicha enfermedad y en el de otras patologias también con alteraciones en la inmunidad”, ha dicho la experta de la SEPD, Natalia Borruel Sainz.

La EII engloba a la enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, unas patologías que afectan predominantemente al intestino y que se caracterizan porque producen una inflamación intestinal crónica. Los síntomas se presentan en forma de brotes, que se suceden a lo largo de la vida del paciente en intervalos más o menos largos dependiendo de la gravedad y del tratamiento que esté realizando, ya que se trata de una enfermedad crónica.

La manipulación de la microbiota intestinal sería una estrategia que podría ser útil como complemento del tratamiento habitual de la EII. La primera medida sería evitar la toma de antibióticos innecesarios que disminuyan aún más la diversidad de la microbiota, mientras que otras iniciativas pasan por modificar la dieta, o elementos de la misma, para mejorar su contenido en fibra y prebióticos naturales (alcachofa, achicoria, cebolla, ajo y semillas, entre otros) y aumentar la ingesta de alimentos fermentados (probióticos).

“A día de hoy, los resultados científicos apuntan que modificarla microbiota de una manera más global con una alimentación con fibra y prebióticos es la estrategia que puede tener mejores resultados como ayuda en el tratamiento de los pacientes con EII. Esta estrategia podría ser una medida que ayude en el tratamiento de mantenimiento de la EII y desempeñe un papel terapéutico en la prevención de la exacerbación de la misma”, ha apuntado la doctora Borruel.

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